miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Están los lectores a la altura de lo que leen?

Los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres. Pero hay lectores que tampoco están a la altura del libro que leen; y cuando esto sucede es para mal.

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Nunca he podido enfadarme con alguien mientras lee, aunque esté haciendo dejación de sus funciones, porque el solo acto de abrir un libro y adentrarse en sus páginas y, a poder ser, comprender el mensaje que encierra, merece mi mayor respeto en estos tiempos de lecturas fragmetarias, apresuradas e interesadas.

Tras un libro, sea de la naturaleza que sea, se esconde un diálogo con otra inteligencia. Y la relación ente el lector y el autor es íntima, intransferible, irreal en parte, estimulante siempre.

En general opino que los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres.
Por desgracia, los primeros pueden dar a luz a las segundas, aunque es más extraño que las primeras sean obra de los segundos.
Pero es que todos mostramos una cara distinta en función de si estamos representando al personaje que nos hemos creado para nosotros mismos o de si estamos en la intimidad de los quehaceres cotidianos.

Pero… ¿están los lectores a la altura de lo que leen?

Todo escritor establece una barrera intelectual inicial para seleccionar a sus lectores. El lenguaje, la trama, las referencias veladas, la estructura narrativa, la voz del narrador, los personajes anticlimáticos… nunca son casuales. El autor exige a su lector que sea capaz de sortear esos obstáculos de forma que tenga que incorporar todo su propio bagaje cultural para comprender la obra en toda su extensión.
Y cuánto mayor es éste, mejor es la experiencia lectora.

Eso no quiere decir que sea esta la fórmula del éxito. Al contrario; son legión los leedores que abandonan a las primeras de cambio, incapaces de adentrarse en las procelosas aguas surgidas de la pluma de un vate audaz o de un abstruso escribidor.

Y no es menos cierto que la malla de la red que tiende el autor a veces es tan grosera que permite el paso de ruedas de molino o de camellos en el ojo de la aguja lectora.

Los lectores son soberanos, faltaría más, para hacer los juicios de valor que consideren oportunos respecto de los libros que leen. Gustar o no gustar es subjetivo así que no es posible la unanimidad. Afortunadamente existen los críticos (los buenos críticos, no los egos pagados de sí mismos) que son capaces de desbrozar la maleza y miran el bosque a través de los árboles.
Y sí;  a veces el crítico eleva una obra a los altares o la condena al infierno dantesco, en el sentido literal y literario.
Pero es que lector y crítico no son más que la misma cara de un desdoblamiento de personalidad.

Así como los autores no suelen dejar los destinos de sus obras al capricho del azar, también los lectores deben seleccionar sus lecturas y contrarrestar la aureola de infalibilidad que rodea a los creadores.
De hecho, éstos no existirían sin aquéllos.

Después de haber estado durante un rato "reflexionando fuera del recipiente", en aplicación directa del filtro selectivo que antes les expliqué, pasaré a relatarles el suceso que ha motivado esta disertación.

Acudo a la biblioteca y pido un libro en préstamo. Se trata de un ensayo de un conocido editor y periodista que "indaga sobre la cara más oculta de los creadores, por saber de sus inquietudes, sus ambiciones, angustias y obsesiones".

Independientemente del estilo o de la afinidad con el autor, se trata de un relato en primera persona, basado en experiencias directas y personales sobre toda una vida dedicada a la literatura desde el lado del editor y del crítico.

Pero el libro esconde una desagradable sorpresa: está plagado de anotaciones "de puño y letra" de algún lector anterior; anotaciones cuajadas de juicios de valor, de opiniones personales, de reproches al fondo y a la forma de la narración.

El incotinente anotador ha jugado a ser copista medieval, aplicado en la tarea de expurgar la obra que copia dejando sus opiniones e interpretaciones personales en los márgenes del texto.

Y no contento con todo la anterior, se ha permitido el lujo de tachar algunos párrafos que considera erróneos o con los que, simplemente, no está de acuerdo.

No solo se trata de una felonía hacia un libro público que quedará definitivamente impregnado del tufo del "censor" sino que consigue interrumpir la lectura constantemente con sus observaciones engreídas, petulantes y superficiales.

Desprende este ejercicio "desparasitador" un inevitable efluvio reaccionario, castrador y proselitista; un combate autor-lector que se desarrolla en el cuadrilátero equivocado: allí donde la pataleta queda grabada pero que solo quedará en rabieta anónima y secreta; una voz clamando en el desierto cuyo eco es un absurdo discurso vacuo.

En fin; que los autores pueden no estar a la altura de su obra pero muchos lectores tampoco lo están. Porque no han entendido nada.

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Edito: Si eres un felón que comente este tipo de tropelías, con gusto escucharemos tus motivos.

viernes, 20 de febrero de 2015

¿Por qué se dice que nos "orientamos" si es el norte el punto de referencia?

Si nos colocamos en una determianda posición respecto a los puntos cardinales se dice que nos orientamos; o si en los mapas utilizamos el norte como punto cardinal de referencia, se dice que lo orientamos.

Pero, en realidad, los mapas no se orientan; no señalan a oriente sino al norte. ¿Por qué, entonces, hablamos de orientación y no de "nortación"?

Pues por "culpa" de San Isidoro de Sevilla y de Beato de Liébana, en la alta Edad Media.

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Todos estamos familiarizados con los mapamundis. Hemos visto muchos, de muchos tipos. Pero todos tienen algo en común: el norte está en la parte superior.

Puede que los países del hemisferio sur no estén muy de acuerdo con esta disposición, pero como entraron en la historia mucho más tarde que los del hemisferio norte, fueron éstos los que decidieron cómo dibujarlos.
 
No hay que olvidar que la Estrella Polar ya se usaba desde la antigüedad para la orientación, tanto marítima como terrestre, y que está situada en el norte de la esfera celeste según se mira; y la brújula, también inventada en el hemisferio norte, señala al norte. Así que no es de extrañar que fuera ese punto cardinal el elegido para presidir los mapas.

Pero esto no siempre ha sido así.

Primer mapamunid conocido.
Tablilla babilónica. Ss. V-VII a.C.
Si echamos un vistazo a la historia de los mapas antiguos veremos que desde el mapamundi más antiguo que se conoce -grabado en una tablilla Babilónica del siglo VI a.C.-, el norte ya aparece representado en la parte superior.

Los griegos también representaban el norte en la parte superior.

Mención especial merece Eratóstenes, en el siglo III a.C., que no solo dedujo que la superficie de la Tierra es curva, sino que midió con mucha exactitud la longtud del meridiano terreste comparando los ángulos que formaban las sombras de sendas estacas clavadas en Siena (actual Assuán, en el trópico y, por la tanto, sin sombra) y en Alejandría, situada en el mismo meridiano, ochocientos kilómetros más al norte. La medición la realizó el mismo día a la misma hora: 22 de junio (solsticio de verano) a la misma hora (mediodía).

Eratóstenes midió las diferencias en los ángulos de inclinación de ambas estacas: unos 7º, o sea más o menos la 50ª parte de una circunferencia, que, como todo el mundo sabe, tiene 360º; y conocía la distancia entre ambas cidades. Así que calculó que la circunferencia terreste debía ser de unos 40.000 km. Un cálculo correcto.

Nadie mejor que Carl Sagan para explicarlo.



Aunque uno de sus seguidores, Posidionio de Rodas, siglo y medio después, se pasó de listo al rehacer los cálculos y redujo en una cuarta parte la medida, situándola en unos 28.000 km. Este error duró más de 15 siglos hasta que Cristóbal Colón, que se fiaba de los datos de Posidonio, emprendió un viaje "en dirección contraria" en busca de las Indias Orientales y se topó con un nuevo continente.

De haber leído a Eratóstenes, otro rumbo habría seguido u otro destino habrían seguido los descubrimientos.

En la Edad Media europea el rigor científico y cartográfico brillaba por su ausencia; es más, los mapas de aquella época no tienen ningún valor como medios de guía, aunque sí como documentos históricos y culturales.

Una de las concepciones cartográficas que se utilizaban en aquella época era la llamada Isidoriana, llamada así por Isidoro de Sevilla, "que describe una tierra plana, tripartita y circular en la que toda la ecumene, la tierra habitable, se ajusta a los tres continentes conocidos".

Como se puede apreciar, este mapamundi no tiene el norte en la parte superior de la hoja, sino el este.
Este tipo de representación es la que servirá de inspiración para los mapamundi de los Beatos.

Los Beatos eran unos códices medievales que reproducían los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, atribuidos a Beato de Liébana.

Uno de esos códices del Beato aparece en la misteriosa biblioteca de cierta abadía medieval italiana en la que tuvieron lugar ciertos luctuosos sucesos y que Fray Guillermo de Barkerville tan audazmente desenmascaró.
Si han leído "El nombre de la rosa" sabrán a qué me refiero.

El éxito de esta obra de Beato de Liébana fue enorme en su época y se hicieron numerosas copias manuscritas, la mayoría de las cuales fueron "iluminadas" con brillantes miniaturas, dibujos e ilustraciones.

Entre estas ilustraciones, algunos de los manuscritos contienen mapas que ilustran el pasaje de la obra:
"en el que se divide el orbe entre los apóstoles adjudicando a cada uno de ellos la parte del mundo que les corresponde evangelizar.
El pasaje dice textualmente: "Haec est ecclesia per universum orbem dilata", (Esta es la iglesia difundida por el orbe universal)".
Códice del Beato de Saint Sever año 1050-1060.
Conservado en la BNF
Todos los mapamundis conservados en las diferentes copias de los Beatos tienen la misma distribución de países y continentes, lo que supone que todos proceden de un mismo original, que no se ha conservado.

En la Alta Edad Media se tenía un conocimiento geográfico muy limitado y muchos de los trabajos clásicos se habían perdido o no gozaban de la suficiente distribución.

Así que en aquella época se pensaba que la tierra era un círculo plano, rodeado de agua, cruzado por los ríos principales que ya mencionó San Isidoro y cubierto por la bóveda celeste.

Y aquí es cuando llegamos a la respuesta a la pregunta del título del apunte.

Según la concepción Isidoriana, los mapas estaban "orientados"; es decir, oriente es el punto cardinal fundamental situado en la parte superior del mapa.

Esta costumbre perduró hasta los siglos XIV y XV a partir de los cuales se abandonó esta proyección cartográfica tan "religiosa" y la ciencia y la observación comenzaron poco a poco, y definitivamente, a abrirse camino.

Y así es cómo ha llegado hasta nuestros días la convención lingüística de que los mapas, en vez de estar nortados, están orientados.
Y todos nosotros nos orientamos aunque para hacerlo no busquemos ni miremos al este sino al norte. 
Y la orientación no significa tener el este como punto de referencia, sino el norte.

Ya les he dicho que en el hemisferio sur no están muy satisfechos con la "orientación" al norte de los mapas y los autralianos han realizado su versión alternativa.

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Para saber más:
Historia de los mapas antiguos, de donde están sacadas las imágenes antiguas.
The Flat Earth Society.

martes, 17 de febrero de 2015

Las vocales también son gente

Pocos aspectos de la gramática son más sencillos en castellano que la formación del plural. Sin embargo, pocos plurales se pronuncian tan mal como los de las vocales.
Las vocales también son gente. No hieras su sensibilidad y usa bien su plural.

las vocales también son gente

El número es una propiedad gramatical característica de los sustantivos, los pronombres, los adjetivos, los determinantes (en el sentido amplio, que abarca los cuantificadores) y los verbos. Se presenta en dos formas: singular y plural.  

El plural aparece marcado generalmente por los morfemas -s o -es.

En roman paladino, y resumiendo mucho, el plural se forma añadiendo -s  a las palabras que terminan en vocal y -es a las que terminan en consonante.

Es verdad que hay bastantes excepciones a estas normas, como las palabras que terminan en -s y no son plurales o palabras que carecen de plural, como nada o alguien.
Y también hay casos en los que la pluralidad la expresa la concordancia o un numeral: llegaron ocho personas; los sustantivos colectivos, como ejército; o aquellos que indican un clases o tipos de seres: el lobo es un animal carnívoro.
Y, cómo no mencionarlos, también están los casos particulares de Pluralia tántum y Singularia tántum, dos casos especiales en la formación del plural.

Si quieren saber todas las reglas generales de formación de plural en español y todas las variantes posibles, les invito a que consulten el Manual de la Nueva Gramática de la Lengua Española, que tuvo a bien publicar la RAE, capítulo 3, o este enlace.

Pero para el caso que nos ocupa, vamos al grano.

Las vocales son sustantivos. Pero no se les aplica la misma norma de formación del plural que a todos los demás y sí las normas ortográficas que rigen para el resto de las palabras, en lo referido a diptongos y hiatos.

Así que a las vocales, a pesar de terminar en vocal, se les añade -es para formar su plural.
Sencillo ¿no?

singular                plural 
a                            aes 
e                            es / también ees, aunque se simplifica la doble -e
                                    (siempre hay una excepción que confirma la regla)

i                             íes 
o                            oes 
u                            úes

¡Ah! Y tuvistes no es el plural de la tercera persona del singular del pretérito perfecto simple del verbo tener.

Las vocales también son gente. Respétalas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Leyendo en braille con los labios

La imagen retrata a un chico italiano, ciego y mutilado, leyendo braille con sus labios.
Fue tomada hacia 1945 en un convento de Roma que atendía a niños abandonados o huérfanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre esta y la siguiente hay apenas 10 años de distancia. Fueron realizadas por la misma persona y muestran no solo dos realidades diametralmente opuestas sino la evolución personal y profesional de su autor y de la sociedad que retrató.

Niño italiano ciego leyendo braille con los labios. 1945. Foto Slim Aarons

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Slim Aarons fue un fotógrafo estadounidense, conocido por retratar a la alta sociedad y a las celebridades del momento.

Una de sus fotos más famosas es la que recoje a los Reyes de Hollywood, Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper y James Stewart, riendo alegremente durante la cena de año nuevo de 1957 en el Romanoff de Beverly Hills.

Kings of Holliwood: Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper, y James Stewart en el Romanoff's de Beverly HIlls, 1957. Foto de Slim Aarons


Su relación con los famosos de Hollywood del momento fue siempre buena, hasta el punto de que su forma de trabajar y su apartamento sirvieron de inspiración para "La ventana indiscreta" de Hitchcock.

Pero Aarons, antes de vivir del mundo de la farándula, y de ser uno de los pioneros de este tipo de "periodismo", fue fotógrafo de guerra, durante la Segunda Guerra Mundial.

Slim Aarons: from war photographer to celebrity photographer
Y esa época me parece mucho más interesante, aunque es verdaderamente difícil encontrar material gráfico de aquellos tiempo. He encontrado una referencia bibliográfica a un libro al que no he podido acceder de ninguna manera: Slim Aarons: from war photographer to celebrity photographer.

Y las búsquedas de imágenes de aquel periodo de guerra no han dado resultados. Se ve que ese material ha quedado sepultado debajo del papel cuché y las crónicas de sociedad.

No puedo reprocharle ese cambio de orientación profesional, si con ello ahuyentó los fantasmas y los horrores vividos durante la contienda.

Y todo esto para mostrarles un documento que refleja aquellos años y que me parece que vale más que mil palabras; palabras que les ahorraré, por innecesarias.

Niño italiano ciego leyendo braille con los labios. 1945. Foto Slim Aarons

Se trata de un chico italiano, ciego y mutilado, leyendo braille con sus labios.
La imagen fue tomada hacia 1945 en un convento de Roma, que atendía a niños fueron abandonados o huérfanos durante la Segunda Guerra Mundial.
(Foto por Slim Aarons / Getty Images).

De esta imagen, y todo lo que evoca, a las crónicas de la buena vida hay un largo trayecto intelectual y profesional.

Me quedo con la primera época.

martes, 10 de febrero de 2015

Solo dijo: "¡idos todos a la mierda!", y poco después expiró

"Maestro, dínos algo", le requeríamos día tras día, pero él permanecía siempre en silencio.

De pronto, un día se remueve, nos mira y hace gesto de hablar y todos nosotros, embobados, esperando; ya tenemos testamento, pensamos.

Solo dijo: "¡Idos todos a la mierda!", y poco después expiró, dejando a los desconsolados discípulos con un palmo de narices".

Estas fueron las últimas palabras de Ezra Pound, a modo de testamento intelectual. 

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Ezra Pound
Ezra Pound es considerado uno de los más grandes poetas estadounidenses. Y seguramente lo es, aunque, como todos lo poetas, es más conocido que leído.

Pero no solo fue poeta; también fue ensayista y crítico. Y su figura es esencial para comprender uno de los momentos más brillantes de la literatura de los Estados Unidos de norteamérica: "la generación perdida", esa a la que también pertenecieron autores de lectura obligada como John Dos Passos, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck o Scott Fitzgerald.

Muchos de ellos son autores de culto; o sea, esos de los que todo el mundo habla bien pero de los que casi nadie ha abierto una página. La brillantez de esta generación ha sido reconocida por los Premios Nobel, que obtuvieron tres de ellos, en 1949, 1954 y 1962, aunque también hicieron incursiones en el periodismo y el cine, bien como autores de las obras adaptadas, bien como guionistas: Por quién doblan las campanas, Al este del Edén, Las uvas de la ira, El gran Gatsby, El sueño eterno, El largo y cálido verano, El diablo era una mujer, (Amanece que no es poco)… son algunos de los títulos clásicos del cine en los que figuran sus nombres.

En sus labores de crítico y promotor, ayudó en sus respectivas carreras literarias a autores como William Butler Yeats, T.S. Eliot, James Joyce o D. H. Lawrence.

Erza Pound y Allen Gingsberg. Septiembre 1967
Pero Ezra Pound era poeta, así que su obra es poco accesible y prácticamente desconocida. Pero su influencia fue definitiva para la siguiente brillante generación de escritores norteamericanos: la generación beat, a la que pertenecen Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs.

Y, a través de ellos, la influencia de Pound llegó a la siguiente generación de la cultura americana, la de Bob Dylan, Tom Waits, Jim Morrison o Janis Joplin.

En España su huella también es visible en el movimiento de los Novísimos, la antología en la que José María Castellet reunió a los poetas más renovadores de la poesía española de los años 60: Vázquez Montalbán, Pere Gimferrer, Ana María Moix (sí, la hermana de Terenci) o Leopoldo María Panero, por citar solo los, quizá, más conocidos.

Como ven, una figura imprescindible. Pero también polémica.

En cierta ocasión, Yeats le entregó unos poemas para que los enviara a una conocida revista poética americana.
Antes de enviarlos, Pound se permitió el lujo de corregir de su puño y letra algunos de los versos.

Después de aplacado en enfado mayúsculo del poeta irlandés, el propio Yeats reconoció que los cambios habían mejorado el original y dijo de él:
"Ezra tiene una naturaleza áspera y testaruda, y siempre está hiriendo los sentimientos de las personas, pero creo que es un genio".
También era generoso con sus amigos. Hemingway le dedicó unas líneas muy expresivas* y fue Pound quien reunió el dinero que permitió a Joyce terminar el Ulises.

Lo más sonado de su ideología fue su apoyo declarado y entusiasta al fascismo de Mussolini. Y como tal hizo de bocero del Eje en la Segunda Guerra Mundial y el antisemitismo afloró en su obra, aunque al final de sus días opinaba que no era más que un "sanbenito".

Fue detenido en Roma al finalizar la guerra y exhibido públicamente en una jaula como un mono durante varias semanas en un campo de prisioneros en Pisa.
Devuelto a EE.UU. fue juzgado por traición pero fue declarado loco e internado en un sanatorio psiquiátrico: "su celebridad y su legendario desequilibrio lo salvaron: eximido por motivos psiquiátricos (aunque nunca recibió un diagnóstico específico)".

Su peripecia durante aquellos años y el desenlace inusual de su juicio ha dado pábulo a la idea de que, en realidad, era un espía americano infiltrado en las filas fascistas, y que tras sus soflamas antisemitas y fervor nazifascista se ocultaban mensajes cifrados para los aliados.

Tumba de Ezra Pound en Venecia
Volvió a italia en 1958, donde murió en 1972, en Venecia.

Cerca ya de la muerte, vivía en casa de una aristócrata italiana que le tenía acogido.  

Francisco Nieva, dramaturgo y director teatral, Académico de la Lengua, Premio Nacional de la Teatro en dos ocasiones, Premio Nacional de Literatura, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, se encontraba también viviendo en Venecia.

Allí se entera de que Erza Pound, el poeta "más grande de Estados Unidos", se está muriendo.
Nieva se unió a un grupo de discípulos de Pound y todas las tardes iban a visitarlo…
…esperando que nos dijera algo, algunas palabras que nos sirvieran de testamento intelectual. "Maestro, dínos algo", le requeríamos día tras día, pero él permanecía siempre en silencio.
De pronto, un día se remueve, nos mira y hace gesto de hablar y todos nosotros, embobados, esperando; ya tenemos testamento, pensamos.
Solo dijo: "¡Idos todos a la mierda!", y poco después expiró, dejando a los desconsolados discípulos con un palmo de narices".
Así era Ezra Pound: generoso, egocéntrico, hiriente, contradictorio, genial.

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Bibliografía:
Ezra Pound, el traidor era un espía.
Ezra Pound: santo laico, poeta loco. *
Entrevista de Pier Paolo Passolini a Ezra Pound.
• Justo Navarro; El espía. Anagrama.
• Sebastián Moreno; La academia se divierte. La esfera de los libros.
La muerte de Ezrta Pound. (Entevista con Allen Ginsberg).
Historia de un pedestal.
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