jueves, 13 de noviembre de 2014

Historia de una escalera: la del Segundo Escalón del Everest

El llamado Segundo Escalón es un paso rocoso situado a unos 8600 metros en la ruta Nordeste de ascenso al Everest.
Fue superado oficialmente por primera vez por una expedición China en 1960, ya que existen dudas más que razonables sobre si Irvine y Mallory lo consiguieron en 1924.
Aquella expedición de 1960 también levantó sospechas, así que los chinos volvieron en 1975. Y para demostrar su éxito dejaron en la cima un Trípode; y en el Segundo Escalón, una escalera de alumnio.

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El Monte Everest fue oficialmente escalado por primera vez en 1953. El sherpa Tenzing y el neozelandés Hillary hollaron la cima el 29 de mayo, ascendiendo por la ruta del collado Sur, a la que se accede desde Nepal.

Sin embargo, existe cierta controversia respecto a si Irvine y Mallory podieron conseguirlo en 1924, ascendiendo por la ruta Norte, accesible solo desde el Tíbet. No regresaron para contarlo (el cuerpo de Mallory fue encontrado en 1999) pero uno de los miembros de la expedición, Noel Odell, explicó posteriormente al diario The Times lo que había podido observar desde su posición:
"Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces, toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envuelta en nubes".
(Sacado del libro "Tierra de aventura", de Sebastián Álvaro y Javier Ortega. Temas de hoy. Madrid 1998).
Aspecto del Segundo Escalón del Everest
Aspecto del Segundo Escalón. Unos 40 metros de desnivel
Ese "gran escalón rocoso" al que hace referencia lo identificó como el Segundo Escalón.

¿Pero era realmente el Segundo Escalón?
De ser así, es problable que llegaran a la cima y murieran en el descenso. Pero como las condiciones de observación eran malas, la teoría más aceptada es que podría tratarse en realidad del Primer Escalón y por tanto, su ascensión, fallida.

Reinhold Messner, entre otros, sostiene que era imposible vencer las dificultades técnicas de ese paso de la escalada con los medios de 1924:
"…siempre sospeché: nunca alcanzaron la cumbre. El Everest sólo podía escalarse entonces por su cara norte a través del pasillo Norton, en el que había fracasado cuatro días antes Edward Norton. Mallory no tomó esa ruta, la única que le habría llevado efectivamente hasta arriba, sino que escogió otra y llegaron al segundo escalón, a 240 metros de la cumbre. Imposible pasar por allí, al menos hasta 1975, cuando se fijaron en ese lugar unas escaleras de aluminio".
Esa escalera de aluminio que menciona Messner es precisamente el objeto de este apunte.

El Segundo escalón pasa por ser uno de los puntos más complicados de toda la ascensión, como bien saben todos los que han pasado por allí; no solo por su dificultad técnica sino por su extrema altitud, pues se encuentra por encima de los 8600 metros (esa es la altura de la segunda montaña más alta de la tierra, el K-2).

Wang Fu-Chou y Chu Yin-Hua. Los primeros en escalar el Segundo Escalón del Everest
Wang Fu-Chou y Chu Yin-Hua. Photo: Salkeld Collection
De esa enorme dificultad pueden dar fe los alpinistas Wang Fu-Chou y Chu Yin-Hua.

Ellos fueron los miembros de la expedicion china de 1960 que llegaron a la cumbre y a los que
 "les costó 3 horas superar los últimos 10 pies (unos 3 metros) del Segundo Escalón".
Lo cierto es que la hazaña fue puesta en duda porque muchos de los aspectos descritos en el informe del ascenso parecían poco probables, cuando no muy extraños: escalar de noche, ausencia de documentos gráficos concluyentes, escasa tradición alpinística, lenguaje propagandistico del régimen comunista…

Everest: Escalera china en último tramo del Segundo Escalón
Aspecto del último tramo del Segundo Escalón, con la escalera china
Tuvo que ser Chris Bonington, reconocido alpinista británico, el que diera credibilidad a aquella ascensión de 1960 cuando se entrevistó con el jefe de expedición y vio los pies sin dedos de Chu Yin-Hua.

Este alpinista fue el primero en escalar el "Segundo Escalón", y para hacerlo se quitó botas y calcetines.

Y solo pudo lograrlo, después de tres intentos, gracias a un "paso de hombros", o sea, subiéndose a las espaldas de un compañero.

A día de hoy, esa escalada de 1960 ya está aceptada como la primera ascensión al Everest por su cara Noreste, la misma que intentaron Irvine y Mallory.

Los chinos no debieron quedar muy satisfechos con la polémica y volvieron en 1975, esta vez sí, dispuestos a demostrar al mundo su supremacía:
- poner a la primera mujer en la cima de la montaña más alta de la tierra (objetivo que no consiguieron por dos días, porque se les adelantó una expedición japonesa por la otra vertiente).
- realizar la medición más exacta de la altura del Monte Everest.
- corroborar ante el mundo su poderío alpinístico y otorgar credibilidad a su primera ascensión.

Y esta vez se aseguraron de que no quedara ninguna duda del éxito de su ascensión y dejaron en la cima un trípode que usaron para sus tareas de medición, conocido desde entonces como el Trípode Chino.

Como quiera que tenían la experiencia de hacía 15 años, eran conocedores de las dificultades que presentaba superar el Segundo Escalón.

Conviene recordar que ellos eran los únicos que conocían esa dificultad, pues la vertiente tibetana del Everest estaba cerrada al resto del mundo desde la ocupación china del Tïbet en 1950.

Así que esta vez decidieran equipar ese complejo paso con una escalera de alumnio.

Expedición china de 1975 superando el Segundo Escalón del Everest gracias a la escalera recién instalada
Expedición china de 1975 superando el Segundo Escalón gracias a la escalera recién instalada

El paso del Segundo Escalón se convierte en un cuello de botella por la masificación que ha sufrido la montaña en los últimos años. Especialmente delicada es la labor de aquellos que suben sin oxígeno, y que ven peligrosamente ralentizado su avance y su descenso, al tener que esperar turno a una altitud que se sobrepasa la temible "zona de la muerte".

Así es más o menos el paso por ese punto:




Los primeros alpinistas occidentales en escalar el Segundo Escalón fueron  Óscar Cadiac, Toni Sors y Carles Vallés el 28 de agosto de 1985. Eso les permitió ser los primeros alpinistas occidentales en coronar el Everest por la cara norte. Y el propio Oscar Cadiach fue el primer alpinista es sobreparar esa dificultad en estilo libre y sin oxígeno:
"Tras las expediciones al Everest del 82 (Corredor Horbein) y del 83 (arista norte) vi claro que la dificultad a superar era el Segundo Escalón, pero con tenacidad y logrando un buen horario se podía conseguir. De hecho, la mayoría de expediciones que fueron entre el 80 y el 85, fracasaron al pie del Segundo Escalón, porque llegaban tarde a ese punto".
Y Cadiach tiene su opinión sobre ese paso y sobre la posibilidad de que Irvine y Mallory pudieran superarlo en 1924:
"…en mi opinión, con un buen día sí es posible llegar arriba con ese equipo (de 1924).
Yo creo que Mallory era muy capaz de llegar a la cumbre, aunque en la época no se tuviera superado el grado de escalada que tiene ese tramo, una fisura de V+. Posiblemente, al ser un año muy seco, pasó por otro punto o aprovechó alguna repisa, porque Mallory era un excelente trazador de rutas y fue quien diseñó la primera línea por la cara norte. Y de superar el Segundo Escalón, desde luego que hubiera hecho la cumbre".
Everest: Escalera del Segubdo Escalón 1975, trasladada al Mount Qomolangma Museum
Escalera de 1975 en el Mount Qomolangma Museum

Otras escaleras, más largas y modernas han sido instaladas en el escalón.

Pero la histórica escalera instalada por la expedición China de 1975 estuvo allí hasta 2008, año en el que fue retirada y llevada al Mount Qomolangma Museum, en el Tíbet.

La otra vertiente de la montaña también tiene su paso conflictivo: el escalón Hillary, llamado así en honor al primer alpinista que se enfrento a él, con éxito, situado a casi 8800 metros.

También ese paso se ha visto envuelto en la polémica porque existe una iniciativa de equiparlo también con escaleras para facilitar el tránsito por ese punto.

En "temporada alta", hasta 200 alpinistas pueden intentar la cumbre el mismo día, provocando enormes atascos en el escalón Hillary, ya que por él solo cabe una persona.

Hasta donde sabemos, de momento, allí sigue sin ayuda artificial.

Everest: Escalón Hillary.Atasco en la parte final del ascenso al Everest por la cara Sur
Atasco en la parte final del ascenso al Everest por la cara Sur, escalón Hilllary incluido
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Bibliografía:
¿Por qué hay un trípode en la cima del Everest?
Algún día subiré al monte Everest.
Everest Expedition 2005 top shots.
El Everest: Irvine y Mallory.
"Chinese Ladder" Retires.
Climb to the roof of the world.
El sentimiento de la montaña. Al filo de lo imposible.
• Another Ascent of the World's Highest Peak: Qomolangma. Foreign Languages Press; Beijing1975.
Entrevista a Oscar Cadiach.

martes, 21 de octubre de 2014

No quiero la sangre de ese. Está llena de gerundios

Valle-Inclán y José de Echegaray nunca se llevaron muy bien. Y los pasajes que lo demuestran son numerosos.

Pero a pesar de sus diferencias, Echegaray acudió al hospital, junto a otros literatos, a donar sangre en cierta ocasión en la que Valle-Inclán se encontraba gravemente enfermo y necesitaba una transfusión sanguínea.

Cuando informaron a Valle-Inclán de este extremo, en lugar de agradecer el gesto, se explayó:
 “No quiero la sangre de ese. Está llena de gerundios
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Valle-Inclán y José de Echegaray siempre mantuvieron una manifiesta animadversión.

Seguramente porque se trataba de dos perfiles completamente distintos, si no opuestos, pero el verdadero origen de su enemistad no está claro, más allá de las lindezas que don Ramón María le dedicó a don José en numerosas ocasiones.

Billete de 1000 pesetas dedicado a José Echegaray
Billete de 1000 pesetas dedicado a José Echegaray
Echegaray fue un hombre polifacético: escritor de éxito (hasta el punto de obtener el Premio Nobel de Literatura en 1904; ministro de Hacienda y Fomento; matemático…  Está considerado como el más grande matemático español del siglo XIX. Julio Rey Pastor afirmó 
"Para la matemática española, el siglo XIX comienza en 1865 y comienza con Echegaray".
También fue Valle-Inclán un personaje poliédrico: poeta, dramaturgo, novelista y también político: apoyó la II República Española, tuvo pretenciones de diputado y ostentó diversos cargos institucionales en tiempos de la república.

Tuvo la "suerte" de morir en enero de 1936. De haber seguido cumpliendo años, con seguridad lo habría hecho el exilio, porque no creo que el nuevo régimen surgido del golpe de estado del 18 de julio de ese año hubiese pasado por alto que Valle organizó El Primer Congreso de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios, siendo presidente del Ateneo de Madrid, o que fuese co-fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

Echegaray también tuvo sus inclinaciones republicanas, en tiempos de la I República Española, pero ese fervor republicano ya había desaparecido cuando desempeñó sus últimos cargos institucionales en tiempos de Alfonso XIII.

No es fácil saber los motivos exactos de la enemistad entre Echegary y Valle-Inclán, pero sí sabemos que Valle era bastante, digamos, vehemente.

Valle-Inclán, "el segundo mando de nuestras letras"
Valle-Inclán, "el segundo manco de nuestras letras"
Es bastante conocido el episodio del duelo por el cuál perdió el brazo izquierdo por culpa de un bastonazo propinado por Manuel Bueno y que le provocó un herida que se gangrenó. Con el tiempo se le ha adjudicado el honroso mote de "segundo manco de nuestras letras".
En cierta ocasión, Valle quizo establecer alguna similitud entre él y el "primer manco de nuestras letras", y fue Jacinto Benavente quien le aplacó el entusiasmo mientras estiraba de su manga vacía:

     - Vamos, querido Valle; que lo suyo no fue en Lepanto.

Y en otra ocasión, cuando un tertuliano le preguntó qué significaba la palabra "homofagia" -que acababa de utilizar en una de sus disertaciones-, le espetó:

     - Comer animales de la misma especie. Usted, por ejemplo, comete homofagia cada vez que come besugo.

Pero volvamos a su rivalidad con José Echegaray.

Al parecer, Valle interrumpió el estreno de una obra de Echegaray al grito de:

     - ¡Ese don José tiene la obsesión de la infidelidad conyugal! ¡Todos sus dramas son autobiografía de marido burlado!

Un joven del público se dirigió a él pidiéndole que criticara, si quería, la calidad de la obra, pero que se abstuviera de hacer juicios sobre la vida privada del autor.

     - ¿Y quién es usted para intervenir?

     - El hijo de don José Echegaray

A lo que Valle-Inclán respondió:

     - ¿Está usted seguro, joven?

Tal era la inquina de Valle hacia Echegaray que cuando le enviaba cartas a un amigo que vivía en una calle a la que se le había puesto el nombre del Premio Nobel, nunca escribía "calle de José Echegaray", sino calle del Viejo Idiota.
Y acompañaba las misivas con la leyenda: “Los carteros de Madrid son los mejores de España”.

Y las cartas llegaban, oigan, tal era la popularidad del despectivo alias.

En 1932, Valle-Inclán se presentó al premio Fastenrath, cuyo objetivo era premiar a escritores españoles en lengua castellana. El premio también contaba con la convocatoria para escritores en lengua catalana.

El premio lo convocaba la Real Academia Española, de la que Echegaray era miembro desde 1896, y de la que Valle-Inclán nunca formó parte.
No sabemos si porque no le interesaba (suyas son las palabras: "¡Ir a la Academia, convertirse en limpiadores, fijadores y lustradores del idioma los que, conociéndolo, vamos deliberadamente contra sus cánones y sus leyes… ¡Absurdo!") o si fue precisamente por ese tipo de opiniones por lo que las puertas de la RAE (y sus favores) siempre permanecieron cerradas para él.

Lo cierto es que ese año el premio fue declarado desierto.

Como reacción a este "inusual" fallo, interpretado en clave política y no literaria, se realizó un homenaje público de desagravio, en el que participaron gran parte de los intelectuales y escritores del momento.

Sea como fuere, y a pesar de sus públicas diferencias, Echegaray acudió, junto a otros literatos, al hospital a donar sangre en cierta ocasión en la que Valle-Inclán se encontraba gravemente enfermo y necesitaba una transfusión sanguínea.

Cuando informaron a Valle-Inclán de este extremo, en lugar de agradecer el gesto, se explayó:
 “No quiero la sangre de ese. Está llena de gerundios”

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Bibliografía:
Visita la calle del viejo idiota.
Ana Andreu Baquero; Historias curiosas de la literatura. Ediciones Robinbook, s.l. 2010.

La hematuria de Valle- Inclán.
Gómez de la Serna, Don Ramón María del Valle Inclán. Espasa-Calpe. Madrid. 1969
De las Academias, ¡líbranos Señor!, por Javier Serrano Alonso.
Cátedra Valle-Inclán en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
• Gregorio Doval; Anecdotario universal de cabecera. Ediciones del Prado. Madrid. 2003 

martes, 7 de octubre de 2014

¡Hay que leer!

A veces, el fomento de la lectura transita por caminos inescrutables.

Como este brillante mensaje que da la bienvenida a una de las librerías Low Cost Re-Read.

En concreto en Re-Read Gran Vía, en Barcelona.

Y es que hay que leer más.



Gente que quiere un romance como el de Romeo y Julieta
 sin saber que fue un romance de 3 días y 6 muertos.

¡HAY QUE LEER!

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Lo ví en el twitter de Alicia R. de Paz.

viernes, 3 de octubre de 2014

El periodismo SMERSH: Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda

Tras el caso watergate, todos los medios de comunicación han denominado a los escándalos posteriores con el sufijo -gate.  Y es que fue sin duda el momento cumbre del periodismo del s. XX.

Pero pasados unos años, el público ya se había cansado de tanta política en los medios, así que los "cerebros" de las redacciones decidieron modificar su estrategia y comenzaron a incluir entre sus contenidos aquellos que interesaban más a sus lectores.

Así nació lo que Howard Simons denominó SMERSH: Science, Medicine, Education, Religion  and all that SHit

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El caso watergate es seguramente el hito más relevante del periodismo del siglo XX, hasta el punto de que a todo escándalo posterior se le ha puesto el sufijo -gate para denominarlo. Y no hay medio que no busque de una forma u otra su propio watergate, aun a costa de perder la obligada deontología periodística.

Eran los tiempos en los que se creía firmemente en que la verdadera temperatura del periodismo la proporcionaba la política.

Katharine Graham, Carl Bernstein, Bob Woodward, Howard Simons y Benjamin Bradlee
 Graham,  Bernstein,  Woodward,  Simons y Bradlee
Ben Bradlee era el director del Washington Post en aquellos años; y lo siguió siendo hasta 1991. Y fueron él y la editora Katharine Graham, los que facilitaron la labor de Bob Woodward y Carl Bernstein, labor que, como todo el mundo sabe, acabó provocando la dimisión del Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Los estadounidenses, muy dados a glorificar a sus héroes a través del cine, elevaron a la categoría de mito a los protagonistas de aquellos hechos en Todos los hombres del presidente.

Pero pasados unos años del watergate, el público comienza a agotarse: la magnitud de los escándalos destapados palidecen bajo la alargada sombra de las consecuencias del watergate, las ventas de la prensa escrita bajan y el prestigio de los medios y de los reporteros no consigue remontar en los índices de popularidad.

Así que los medios, Washinton Post incluido, inician un proceso de brainstorming para conseguir dar la vuelta a la situación. La conclusión fue que había que hablar menos de politica y más de noticias de "sociedad", más próximas a las inquietudes y necesidades de los lectores.

De esta forma fueron naciendo suplementos de todo tipo que abordaban ese "otro tipo de noticias" ajenas a la política y más cercanas a los consumidores.

Howard Simons, editor del Post e invertor del término, los denominó, en el argot interno, SMERSH:
Science, Medicine, Education, Religion and all that SHit
En román paladino, Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda.

Se trató de una especie de concesión, de un sacrificio que había que hacer un día a la semana para poder dedicarse los otros seis a lo verdaderamente "importante".

Y a día de hoy todos los medios siguen haciendo un enorme esfuerzo en consolidar y aumentar este tipo de contenidos entre su oferta informativa, con mayor o menor acierto.

Ben Bradlee; "la vida de un periodista"
Ben Bradlee tuvo a bien escribir sus memorias. Y en ellas contó muchas de las peripecias del diario, del proceso watergate y de otros entresijos de su vida como periodista. Una de estas intimidades es la que sirve de excusa para este apunte.

Pero sobre todo, supone una reflexión en primera persona sobre el Periodismo, su independencia, su diginidad y, de paso, sobre su consolidación (y necesidad) como "cuarto poder", término que, para quien todavía no se haya enterado, hace referencia, por oposición, a la separación de poderes públicos en tres, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, que quedaron acuñados en la Ilustración y que son la base de todo sistema democrático.

Las memorias de Bradlee deberían servir de referencia a periodistas y políticos para distinguir lo público de lo privado, aquello que es, y lo que no es, noticia. En este debate todavía nos encontramos, y seguramente seguiremos en los próximos años. Pero no está de más acudir a los referentes acreditados sobre la materia.

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Bibliografía:

• Ben Bradlee; la vida de un periodista. El País/Aguilar. Madrid (1996).
• La vida de un periodista. Artículo de José Luis Gallero para ABC.
Big Ben.

jueves, 25 de septiembre de 2014

El infierno está plagado de adverbios (terminados en -mente)

"Los adverbios (terminados en -mente) son como el diente de león. Uno en el césped tiene gracia, queda bonito, pero, como no lo arranques, al día siguiente encontrarás cinco, al otro cincuenta... y a partir de ahí, amigos míos, tendréis el césped «completamente», «avasalladoramente» cubierto de diente de león. Entonces los veréis como lo que son: malas hierbas, pero entonces, ¡ay!, entonces será demasiado tarde".

"Los adverbios de modo terminados en -mente son un vicio empobrecedor…  me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales".

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El otro día que encontré con un interesante apunte titulado "5 fascinantes curiosidades sobre escritores que debes conocer".

La curiosidad que más me llamó la atención fue la que describe "La guerra contra los adverbios" que tenía declarada Stephen King, y que da título a este apunte.

Decía el autor en La piedra de Sísifo, Isaac Belmar:
"En esta guerra a un lado del frente están los adverbios, al otro un héroe solitario o quizá no, Stephen King. El famoso escritor se suele proponer escribir 2.000 palabras cada día y hacerlo sin adverbios.
   «El camino hacia el infierno está plagado de adverbios y lo gritaré desde los tejados».

King le dice vehementemente a todo el que escucha que los adverbios son, probablemente, el mayor enemigo de la escritura".

Stephen King. Mientras escribo
Así que, en vista de tan categórica afirmación, he decidido explorar un poco el tema.

El propio Stephen King ha tenido a bien, costumbre no muy extendida entre los escritores, dejar escrito un libro sobre su quehacer creativo.  
Mientras escribo contiene en su prólogo una admirable declaración de intenciones:
He escrito un libro corto porque a la mayoría de los libros sobre la escritura les sobra paja y tonterías. Los narradores no tenemos una idea muy clara de lo que hacemos. Cuando es bueno no suelen saber por qué y cuando es malo, tampoco. He supuesto que a menos páginas, menos paja. 
Cualquier aspirante a escritor debería leer The Elements of Style, de William Strunk Jr. y E. B. White. La regla número 13 del capítulo Fundamentos de la redacción dice: Omitir palabras innecesarias. Voy a intentarlo.
Y uno de los consejos que da es: desconfía del adverbio.

Y se explica:
Recordarás, por las clases de lengua, que el adverbio es una palabra que modifica un verbo, adjetivo u otro adverbio. Son las que acaban en -mente.
Ocurre con los adverbios como con la voz pasiva, que parecen hechos a la medida del escritor tímido.
Mediante los adverbios, lo habitual es que el escritor nos diga que tiene miedo de no expresarse con claridad y de no transmitir el argumento o imagen que tenía en la cabeza.
El autor de El Resplandor dice que debemos evitar a toda costa expresiones como “dijo lastimosamente”, “exclamó valientemente”, “dijo despectivamente”, etc. 
Si tenemos que expresar cómo está hablando el personaje, es porque estamos haciendo una pobre descripción o que el diálogo no es lo suficientemente claro.

Y pone un ejemplo muy clarificador, por las dudas:
Examinemos la frase «cerró firmemente la puerta». 

Reconozco que no es del todo mala (al menos tiene la ventaja de un verbo en voz activa), pero pregúntate si es imprescindible el «firmemente».
Me dirás que expresa un grado de diferencia entre «cerró la puerta» y «dio un portazo», y no es que vaya a discutírtelo...pero ¿y el contexto? ¿Qué decir de toda la prosa esclarecedora (y hasta emocionante) que precedía a «cerró firmemente la puerta»?
¿No debería informarnos de cómo la cerró? Y, si es verdad que nos informan de ello las frases anteriores, ¿no es superflua la palabra «firmemente»? ¿No es redundante?
Ya oigo a alguien acusándome de pesado. Lo niego. Creo que de adverbios está empedrado el infierno, y estoy dispuesto a vocearlo desde los tejados.
Dicho de otro modo: son como el diente de león. Uno en el césped tiene gracia, queda bonito, pero, como no lo arranques, al día siguiente encontrarás cinco, al otro cincuenta... y a partir de ahí, amigos míos, tendréis el césped «completamente», «avasalladoramente» cubierto de diente de león. Entonces los veréis como lo que son: malas hierbas, pero entonces, ¡ay!, entonces será demasiado tarde.
 Si queréis más ejemplos, en la página 79 (y ss.) del pdf con la obra de King los tenéis.

Pero es que Stephen King no era el único enemigo declarado de los adverbios.


García Márquez también tenía su opinión al respecto. Gabriel García Márquez
En una entrevista para Los Angeles Times, asegura que, para mejorar su escritura, ha eliminado los adverbios terminados en -mente:
– Antes de Crónica de una Muerte Anunciada hay muchos. En Crónica creo que hay sólo uno. En Amor en los tiempos del cólera, no hay ninguno. 
En español, el adverbio -mente es una solución demasidado fácil. Si quieres usar un adverbio terminado en -mente y buscas otra palabra, siempre es mejor. Se ha vuelto tan natural para mí que lo hago sin darme cuenta.

Y en sus memorias, Vivir para contarla, vuelve a la carga:
"Me propuse un cambio de fondo a partir de mi cuento siguiente. La práctica terminó por convencerme de que los adverbios de modo terminados en -mente son un vicio empobrecedor.
Así que empecé a castigarlos donde me salían al paso, y cada vez me convencía más de que aquella obsesión me obligaba a encontrar formas más ricas y expresivas.
Hace mucho tiempo que en mis libros no hay ninguno, salvo en alguna cita textual. No sé, por supuesto, si mis traductores han detectado y contraído también, por razones de su oficio, esa paranoia de estilo".
En otra ocasión, al hablar sobre gramática, apostilló:
…en mis últimos seis libros no he usado un sólo adverbio de modo terminado en mente, porque me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales.

No malinterpreten a King o a García Márquez. El Manual de la Nueva Gramática de la lengua Española (de 2009) no dice que su uso sea incorrecto. Es más, en su apartado 30.7.2b aclara que
Los adverbios de manera orientados al objeto indican el modo en que la acción afecta al complemento de algunos predicados. Así, el adverbio mortalmente en Lo hirieron mortalmente indica una manera de herir, pero informa también de cierto cambio de estado en el que recibió la herida, y no de una situación del que la causó.
Tanto King como Gabo se refieren a cuestiones estilísticas con las que se puede, o no, estar de acuerdo. 
Y, de hecho, muchos son lo autores en castellano que han usado "brillantemente" este tipo de adverbios: desde Alfonso X hasta Fray Luis de León, Moratín, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez

No me resito a citar la primera frase de la primera gran obra en lengua castellana: el Cantar de Mío Cid:
De los sos ojos tan fuertemientre llorando

Pero sigamos con el uso de los adverbios terminados en -mente, pero esta vez en referencia al lenguaje periodístico. Por desgracia, quedan pocos Larra o Blasco Ibáñez entre nuestros periodistas. Y el "nivel" narrativo de este gremio ha conseguido comenzar a excavar cuando parecía imposible caer más bajo.

Decía Darío Gallo, ahora editor jefe del diario Clarín:
No hay periodista que quiera impresionar con su escritura que no le meta adverbio terminado en mente a párrafo que se le cruce
Como por lo general están puestos para exagerar, para maquillar una prosa frágil, se los puede quitar sin que afecten el sentido de la frase. En muchos casos son redundantes. Para demostrar cómo se intenta embaucar con los "mente", basta leer discursos políticos o declaraciones intencionadísimas.

Así que ya saben: huyan, como de la peste, de los adverbios terminados en -mente.

Y a modo de despedida, déjenme que les recomiende la lectura de bloGicamente: único blog contra los adverbios terminados "en mente" en la redacción periodística y de blogs.

Por desgracia, solo estuvo activo unos meses y está muerto desde 2006, pero solo su título ya merece todos mis respetos.

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Bibliografía:
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