jueves, 2 de junio de 2016

Libros que nunca fueron escritos

Ya sabemos que Cervantes se anticipó a las modernas estrategias del márketing editorial al anunciar segundas partes de obras que luego no escribió, como hizo con La Galatea; o al autocitarse en sus propias novelas como guiño a sus lectores y señuelo para sus editores, como hizo con El Quijote.

Pero no fue ni el único ni el primero en hacer uso de estas estas prácticas. Y otras obras y autores han sido también objeto de especulación sobre sus verdaderas intenciones, autoría o, simplemente, sobre su autenticidad o incluso su propia existencia.


• Segundo libro de la Poética de Aristóteles. 
Primera página
del Tractatus Coislinianus
La Poética de Aristóteles en su conjunto era una obra que no estaba destinada a ser leída sino a ser oída. Orientada a la enseñanza, se utilizaba como guía para el maestro más que como libro de texto. Seguramente esa es la razón de que el texto permaneciera desaparecido durante siglos y no se conservan códices ni manuscritos de la obra anteriores al siglo X.

La segunda parte en concreto parece que se habría centrado en el estudio de la comedia como medio de conseguir la catarsis. En román paladino, que "a través del placer y la risa se produce la purgación de las emociones". Se trataría del contrapunto necesario de la primera Poética en la que trata sobre la Tragedia:
“La tragedia conmueve las emociones temerosas del alma a través de la compasión y el terror. Y va destinada a crear la justa proporción de temor. La comedia es una imitación de una acción que es absurda e imperfecta, presentada directamente por las personas que actúan; a través del placer y la risa se produce la purgación de las emociones”. 
No existe certeza de que la Segunda parte de la Poética fuera realmente escrita. No existen copias ni más referencias que el Tractatus Coislinianus, manuscrito del siglo X en el que se recoge un resumen de su contenido.

Las especulaciones sobre la obra son diversas: que se quemó en la Biblioteca de Alejandría, que desapareció durante la Edad Media o que no fue obra del propio Aristóteles sino de alguno de los exégetas de su obra.
Como su supuesto autor, Aristóteles, es tradicionalmente reconocido como una autoridad en cuanto escribió, el solo hecho de que hablara de la comedia y de sus efectos benéficos y aleccionadores frente a la tragedia provocaba terror en los más reaccionarios guardianes del dogma cristiano, como quedó magistralmente reflejado en la primera novela de Umberto Eco, El nombre de la Rosa.

Por cierto: el propio Eco hizo automención de su primera novela en su segunda, El péndulo de Foucault, cuando unos de los protagonistas, editor él, menciona que tiene sobre su mesa un "pesado" manuscrito sobre unos crímenes en una abadía medieval.


• También Francisco de Quevedo era aficionado a anunciar segundas partes. Así lo hizo con El buscón, en la última frase:
“determiné de pasarme a Indias y ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”. 
Segunda parte que, como todo el mundo sabe a estas alturas, nunca vio la luz.
Pero tiene otra obra mucho menos conocida, Vida de Marco Bruto, en la que glosa la vida del asesino de César escrita por Plutarco. De ella también anunció una segunda parte en sus últimas cartas:
 “Aquí es hivierno terrible de hielo, y a mí me tiene aún sin aliento para tiritar, inútil para ningún ejercicio del mundo; en todo voy dictando la Segunda parte de la vida de Marco Bruto, y he de procurar que no pierda por segunda”. 11 de diciembre de 1644. 
“Si el tiempo me hubiera dado lugar, y la salud, ya estuviera en buen estado la Segunda parte del Bruto, porque estoy persuadido ha de preferirse al que salió primero”. 19 de diciembre de 1644.
“…a pesar de mi poca salud, doy fin a la Vida de Marco Bruto…”. Enero de 1645. 
“…cuán cerca estuve de acabar antes mi vida que la de Marco Bruto…”. 22 de marzo de 1645. 
Ya no vuelve a hablar del tema. Muere en septiembre de 1645 y se pierde toda noticia del manuscrito a medio hacer.


El Lazarillo visto por Goya.
• El Lazarillo.
De nuevo, una frase final parece indicar que habrá continuación
“De lo que de aquí adelante me sucediere, avisaré a vuestra merced”. 
Aunque bien podría tratarse de una argucia narrativa. Lo cierto es que se ve que, o no avisó, o nada le sucedió, pues no hay constancia de ningun aviso posterior a “a vuestra merced”.

El Lazarillo tuvo continuaciones. La primera de ellas, inmediata al éxito de la original, es tan delirante que con seguridad no fue escrita por el mismo autor; y la segunda se publicó casi un siglo después.
Y no es de extrañar que no continuara la obra si tenemos en cuenta que fue publicada como anónima por temor a la Inquisición; buenos motivos tenía el autor para permanecer en el anonimato pues la obra fue incluida en el “Índice de libros prohibidos”. Las siguientes ediciones fueron debidamente expurgadas, y tuvo que llegar el siglo XIX para que se publicara en España la versión orginal completa.
Si han seguido la serie de TVE “El ministerio del tiempo”, sabrán que hay un verosímil capítulo dedicado a esta obra.


Sherlock Holmes, escritor. 
El mismísimo Sherlock Holmes dedicaba su tiempo libre entre investigación e investigación a escribir tratados de criminología, basados en sus casos siempre adecuada y brillantemente resueltos.

Esos libros no escritos adornaban su biblioteca sita en, acaso, la dirección más famosa de Londres después del 10 de Downing Street. En Estudio en escarlata, primer relato de Conan Doyle en el que aparece el ínclito investigador, realiza un concienzudo estudio sobre el tabaco. Y es en su siguiente aparición, El signo de los cuatro, donde el propio Holmes menciona su monografía
“…Sobre las diferencias entre las cenizas de los diversos tabacos. En ella cito ciento cuarenta clases de cigarros, cigarrillos y tabacos de pipa, con láminas en color que ilustran las diferencias entre sus cenizas. Es un detalle que surge constantemente en los procesos criminales, y que a veces tiene una importancia suprema como pista”. 
También “pensó seriamente en escibir una monografía acerca de la utilidad de los perros en el trabajo de un detective”, entre otras obras de temas y títulos sugerentes.


• Y para rizar el rizo, les dejo el caso de Honorio Bustos Domecq, que es un narrador que ni siquiera existió. Ese nombre era en realidad una invención a partir de los apellidos de los bisabuelos de… Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, los autores ocultos bajo el pseudónimo.

En el primer libro de este autor “fantasma”, Seis problemas para don Isidro Parodi, una educadora ficticia miembro de la Academia Argentina de Letras realizó una supuesta biografía del escritor; y el prólogo salió de la pluma de otro imaginario personaje que dice ser su amigo.

Borges y Bioy se adentraron magistralmente en el género policiaco a través de Isidro Parodi, un perspicaz recluso que resuelve sus casos desde la cárcel. Publicaron con posterioridad otras obras bajo ese psudónimo pero esta fue la primera, y su éxito provocó que muchos lectores acudieran a las librerías a buscar aquellos libros que se le atribuían en la propia obra: ¡Hablemos con propiedad!, Entre libros y papeles o Astros nuevos: Azorín, Gabriel Miró, Bontempelli, además de otras composiciones poéticas y narrativas.

Genial juego de farsa e ingenio creativo.


•  A su curiosidad dejo el caso de Franz Kafka y la muñeca viajera que escribía cartas a su dueña. Kafka nunca escribió una novela que llevara semejante título o tratara de ese asunto pero sin embargo sí provocó que otros se ocuparan del tema: Jordi Sierra i Fabra lo hizo en Kafka y la muñeca viajera y Paul Auster lo menciona en Brooklin folies.

No creo que El Necromicón merezca una hueco entre estas líneas.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Remedios “infalibles” contra la enfermedad de amor

Una de las prescripciones facultativas habituales contra la enfermedad de amor, y me atrevo a considerar que de las más respetadas a efectos prácticos, era el coito, que había que practicar cuanto se pudiera, preferiblemente con alguien que no fuera la amada.

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Los remedios "infalibles" contra todo tipo de dolencias o los "ingenios" caseros para prevenir males venideros proceden de antiguo. Y no nos referimos a aquellos que incluyen el uso o consumo de productos naturales con probados efectos benéficos, como la corteza de sauce, de donde sale al ácido acetilsalicílico, el eucalipco, la jalea real, el ginseng, las diversas raíces, infusiones, decocciones, lixiviados, inhalaciones… con efectos antipiréticos, analgésicos, estimulantes y/o relajantes…

Ni a las llamadas sustancias estupefacientes tan utilizadas ya en la América precolombina o desde la antigüedad en Asia, Oriente Medio, hasta el mediterráneo. Pero no es este el lugar para extenderse en medicina natural.

Nos referimos a ciertos remedios pseudo-homeopáticos (nótese que al “palabro” no hay por donde agarrarlo), tan extendidos como poco efectivos ya desde hace muchos siglos.

Díganme, si no, cómo se puede calificar al baño en la laguna Estigia que padeció Aquiles cuando su madre, advertida por un oráculo de que su hijo iba a morir joven en Troya, decidió sumergirlo en las aguas para hacerlo inmune a cualquier ataque. Como sabrán, para tan inaudito bautismo (muchos siglos antes de la escena en el río Jordán entre Juan Bautista y Jesucristo), "mamá" Tetis tuvo que sujetarlo por los talones para la inmersión, dejando así un inesperado punto débil que a la postre le costó la vida al héroe homérico.

El bálsamo de Fiera Brás
Ilustración de http://www.juanmartinez.cl/7.html
¿O cómo definir las lamentables "sangrías" que se aplicaban a los enfermos, que más que sanar agravaban el estado del paciente?

¿Y qué me dicen del quijotesco bálsamo de Fiera Bras, que tenía efectos beneficiosos en los caballeros y nocivos en los villanos? El pobre Sancho padeció en carnes propias tan veleidoso comportamiento.

¿O de las argucias del quevediano Dómine Cabra a la hora de preparar la comida?:
Tenía [el dómine] una caja de hierro, toda agujereada como salvadera, abríala y metía un pedazo de tocino en ella, que la llenase, y tornábala a cerrar, y metíala colgando de un cordel en la olla, para que la diese algún zumo por los agujeros, y quedase para otro día el tocino. Parecióle después que, en esto, se gastaba mucho, y dio en solo asomar el tocino a la olla. Dábase la olla por entendida del tocino. 
Pero conviene matizar que no todos esos dudosos remedios eran tan lamentables.

Domine Cabra
Una de las enfermedades mejor documentadas de la literatura es el “mal de amores” o “enfermedad de amor”. Tan habitual fue desde la grecia clásica hasta la edad moderna que figuró en los tratados de medicina hasta el siglo XVIII.

Veamos.

Ya los griegos establecieron que primero fue el Caos, luego el Cosmos y luego el Hombre, que como parte del Cosmos, y de su misma composición, es en realidad un Microcosmos. El Caos estaba compuesto por contrarios: calor, sequedad, humedad y frío. La combinación de estos elementos producía los cuatro elementos del Cosmos: fuego, aire, agua y tierra, que se corresponden, resumiendo mucho, con los cuatro “humores” con los que funcionaba el cuerpo humano, a saber: sangre, flema, bilis y bilis negra.

En el equilibrio de estos humores residía la salud; un desequilibrio controlado era el causante de los diferentes temperamentos: flemático, colérico, sanguíneo y apasionado; y una descompesanción en alguno de ellos producía la enfermedad. ¿Entienden ahora mejor el origen de la expresión estar de “mal humor”?

Si la bilis negra se apodera del cuerpo se produce la enfermedad de la Melancolía. Esto es lo que provoca el Hereos, nombre que surge como mezcla etimológica de Héroe y Eros. Y es que esta enfermedad solo la padecían un determinado tipo de hombres: cortesanos, nobles, reyes, caballeros de alta alcurnia…

DON QUIJOTE PROCLAMANDO AL CIELO SU ENAMORAMIENTO.
Los síntomas más comunes, algunos ya enunciados por Aristóteles, eran: temblores al ser nombrado o en proximidad del ser querido, insomnio, apatía, debilidad, falta de apetito, suspiros llorosos, deseo de escuchar canciones tristes y de estar a oscuras, arritmia, ojos hundidos… Seguramente no son muy distintos de las actuales manifestaciones de un enamoramiento adolescente o pueril.

Y las soluciones terapéuticas tampoco parecen muy distintas con el discurrir de los siglos: básicamente distraer al enfermo; hacerle beber vino, charlas alegres con los amigos, asistir a comedias, oir música, viajar, hablar mal de las mujeres…

¿A que les resultan familiares estos remedios?

Pero una de las prescripciones facultativas habituales contra la enfermedad de amor, y me atrevo a considerar que de las más respetadas a efectos prácticos, era el coito, que había que practicar cuanto se pudiera, preferiblemente con alguien que no fuera la amada con el propósito de cambiar la voluntad y afectos del enamorado y hacerle olvidar sus devaneos. La mujer, por tanto, o resultaba inalcanzable o pasaba a desempeñar el papel de mero desahogo.

¿Imaginan una receta médica escrita en estos términos: "tener relaciones sexuales con jóvenes especialmente placenteras"?

El "amor cortés" vino a poner un poco de juicio a estas prácticas, al abundar menos en el tema sexual y centrarse más en los aspectos virtuosos de la relación, sobre todo en lo que se refiere a la dama, que de esta manera no quedaba condenada por adúltera ni mancillada en su virginidad. Conviene recordar que amor cortés y matrimonio no se llevaban bien, pues las bodas solían estar arregladas por motivos de conveniencia. Así que el caballero profesaba su verdadero amor a través de la total fidelidad y devoción a una sola mujer y le mostraba absoluta lealtad a través de diversos trabajos y sacrificios.

Los encuentros amorosos raramente terminaban con la consumación sexual y habitualmente eran descritos con doble sentido, de forma que se pudieran interpretar como “platónicos”.

La Celestina. PicassoLas clases dominantes, y la literatura, impusieron el amor cortés como un código de conducta que modifica las reglas del amor, del cortejo y de la visión de la mujer, confiriéndole una condicion más igualitaria frente al habitual trato como mero objeto sexual.

Así, el amor cortes vino a otorgarle a la mujer un papel más respetuoso que ha permanecido casi intacto en los tópicos actuales: la de su hegemonía respecto al varón, al que sitúa en un plano de vasallo frente al señor, y al que convierte mejor persona a base de hacerle cultivar virtudes tan caballerescas como la paciencia, la contención y el dominio de sí mismo y de determinadas habilidades.

Muchos personajes clásicos padecieron estos males: El Amadís de Gaula, Calixto en La Celestina, el mismísimo Don Quijote, el Orlando Furioso; cada uno les puso remedio como buenamente pudo, a menudo con la inestimable intervención de terceras personas o de potentes brebajes y conjuros, como los usados en Tristán e Isolda o por la “puta vieja” Celestina, que apostó por soluciones más mundanas y menos heróicas.

No teman; no les voy a recomendar que lean La Celestina, aunque deberían; seguramente les resulte más edificante Las amistades peligrosas.

La Celestina, de Fernando de Rojas
 

jueves, 14 de enero de 2016

Compañeros de cárcel: Muñoz Seca y Cortés-Cavanillas (uno de los periodistas de Vacaciones en Roma)

Julián Cortés-Cavanillas, de ABC de Madrid, y Julio Moriones, de La Vanguardia de Barcelona, fueron dos de los periodistas reales que se representaron a sí mismos en la escena final de la película Vacaciones en Roma.
Cortés-Cavanillas coincidió en la cárcel con el poeta Pedro Luis de Gálvez y el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, aunque sufrieron destinos diferentes: Cortés-Cavanillas tuvo una exitosa carrera posterior como periodista, coronada, seguramente a su pesar, por su cameo en el cine; de Gálvez y Muñoz Seca fueron fusilados, cada uno por un bando.

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Pedro Muñoz Seca, Julián Cortés-Cavanillas y Pedro Luis de Gálvez
Pedro Muñoz Seca, Julián Cortés-Cavanillas y Pedro Luis de Gálvez

Cartel de Vacaciones en Roma
Les supongo conocedores de la trama de la película "Vacaciones en Roma", dirigida por William Wyler en 1953, con Audrey Hepburn y Gregory Peck en sus papeles principales.

La escena final, una vez superadas todas las peripecias de los protagonistas, presenta a la princesa Anna (Audrey Hepburn), de un enigmático país ni identificado, saludando a los representantes de la prensa acreditados para cubrir su visita a Roma, entre los que se encuentra el periodista Joe Bradley (Gregory Peck), de American News Services, con quien ha compartido el día anterior una anónima y ajetreada visita a la ciudad.

Es bastante conocido que esa escena se desarrolló con periodistas de verdad, corresponsales reales en Roma de sus respectivos medios, que se representaron a sí mismos.

Entre ellos, dos españoles: Julio Moriones, de La Vanguardia de Barcelona, toda una institución en Roma donde fue corresponsal hasta su muerte en 1977. Pamplonés, colaboró también con otros medios como Informaciones, Madrid, la Agencia EFE y Radio Vaticano.

Moriones, de La Vanguardia de Barcelona. Vacaciones en Roma

Y Julián Cortés-Cavanillas, de ABC de Madrid.

Julián Cortés-Cavanillas, de ABC de Madrid. Vacaciones en Roma
Julián Cortés-Cavanillas, de ABC de Madrid. Vacaciones en Roma



Aquí podemos ver a ambos, flanqueando a Gregory Peck y Eddie Albert, que hacía el papel del fotógrafo Irving Radovich, del servicio fotográfico:

Moriones a la izquierda y Cortés-Cavanillas a la derecha de Gregory Peck y Eddie Albert


Más allá de la anécdota, vamos a tirar un poco del hilo de Julián Cortés-Cavanillas.

Además de periodista fue escritor de cierto renombre en su época. Hombre risueño y divertido según sus hagiógrafos, y monárquico declarado, uno de sus mayores éxitos editoriales fue su Caída de Alfonso XIII (1931), en defensa del Rey recién exiliado (que apadrinó su boda unos años más tarde), y que llegó ser un best seller en los años siguientes. Llegó a ser biógrafo de la Casa Real hasta los tiempos de Juan Carlos I.

Ya empezada la Guerra Civil Española, el 5 de agosto de 1936 fue detenido y trasladado a la cárcel de San Antón. Y allí coincidió con un preso ilustre: Pedro Muñoz Seca.

Pedro Muñoz Seca

Ironías del destino, la útima obra de Muñoz Seca, La tonta del rizo (o la chica del rizo) se había estrenado en el Teatro Poliorama de Barcelona el 18 de julio de 1936. El bueno de D. Pedro ya era conocido por sus sátiras contra la República. Pese a que "dos grandes de la escena española: Irene López Heredia y Mariano Asquerino" lo escondieron en una pensión de la Calle Lauria, fue detenido por un grupo de milicianos la tarde del 29 por albergar ideas monárquicas y católicas. De allí a Valencia y luego a Madrid, a la prisión de San Antón, donde coincidió con Cortés-Cavanillas.

Pedro de Luis de Galvez
El poeta Pedro Luis de Gálvez (que fue quien salvó la vida del portero internacional español Ricardo Zamora en los tiempos convulsos del Frente Popular) era quien se encargaba de las sacas de los presos en San Antón. Pedro Luis de Gálvez le decía a los guardianes:
- Cuidádmelo, que a este no lo mata nadie más que yo. ¿Verdad Don Pedro?
- Honradísmo, Gálvez, honradísimo-, contestaba Muñoz Seca.
El 20 de abril de 1940 Pedro Luis de Gálvez fue fusilado en aplicación de la sentencia a muerte a la que fue condenado por "conspiración marxista y otros cargos más entre los que se contaba la muerte de varias decenas de monjas, sin especificar".

En la cárcel, Cortés-Cavanillas y Muñoz Seca compartieron momentos angustiosos, como se desprende del relato que Enrique González Fernández hizo para ABC en el centenario de Julián Cortés-Cavanillas, publicado el 20 de marzo de 2009:
La tarde del 7 de noviembre -tras haber presenciado por la mañana cómo sacaban de la cárcel a unos 160 cautivos- estaban sentados ambos en una angosta camareta, y el autor de La venganza de Don Mendo le dijo:
- «Querido Cortés-Cavanillas, tenga la seguridad de que los pobres que han sacado esta mañana han sido fusilados a estas horas. No nos hagamos ilusiones. Hoy la saca ha sido de militares. Otro día nos sacarán a nosotros para tener el mismo fin».
La noche del 27 de noviembre Muñoz Seca fue sometido a un absurdo interrogatorio; después llamó a Julián para decirle:
- «Nos matan, nos matan»;
a continuación se puso a escribir una carta para su mujer y le pidió a Cortés-Cavanillas que buscara a un sacerdote.
Al día siguiente Muñoz Seca murió fusilado en Paracuellos. "Milagrosamente" (sic) Cortés-Cavanillas se salvó.
Cortés-Cavanillas falleció el 15 de octubre de 1991 después de una exitosa carrera como corresponsal en Roma y quedó retratado para la posteridad con su cameo en Vacaciones en Roma.

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Bibliografía y para saber más:

El amanecer de Audrey Hepburn.
Centenario de Julián Cortés-Cavanillas.
Necrológica de Cortés-Cavanillas en ABC.
• Melero, José Luis; El tenedor de libros. Xordica editorial. Zaragoza 2015
Pedro Muñoz Seca en DesEquiLIBROS.

martes, 12 de enero de 2016

Ramón y Cajal en The big bang theory

Ramón y Cajal es un científico internacionalmente considerado. Una prueba más es su aparición "estelar" en un episodio de la popular comedia científica The big bang theory.

Ramón y Cajal
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La serie The Big Bang Theory es sobradamente conocida. Así que no me extenderé en detalles sobre los personajes, situaciones, diálogos... que harán las delicias de cualquiera, sin necesidad de alinearse con ningún colectivo friki: ciencia auténtica en clave de humor.

Temporada 6, episodio 16, titulado "The Tangible Affection Proof", traducido como  "La prueba tangible de afecto".

El ínclito Sheldon Lee Cooper, físico teórico, quiere hacerle un regalo a Amy Farrah Fowler, neurobióloga. Aunque incialmente Amy es para Sheldon "una chica que es amiga pero no mi novia", termina por aceptar una especie de acuerdo de noviazgo. Así que se ve en la obligación de hacerle un regalo por el día de San Valentín.
Quiere hacerle el mejor regalo posible pero, fiel a sus neuras, decide encargarle a Alex Jensen, estudiante de doctorado en Física y asistente de Sheldon, que se encargue de encontrar el regalo perfecto para Amy.

Alex, que se ha husmeado en el perfil de Facebook de Amy, da a eligir a Sheldon entre tres posiblidades, a saber:

• Una original caja de música en forma de arpa (a Amy le gusta tocar el arpa) que reproduce una de las canciones favoritas de Amy;

The big bang theory. Temporada 6, episodio16. Aparición de Ramón y Cajal

A Sheldon no le parece muy adecuada porque Amy "ya tiene un arpa de verdad, en la que toca cualquier canción".


• Un mapa de Inglaterra que muestra los viajes de los personajes de los Cuentos de Canterbury de Chaucer (Amy es fan de los Cuentos de Canterbury;

The big bang theory. Temporada 6, episodio16. Aparición de Ramón y Cajal

Tampoco este mapa es del agrado de Sheldon: "Amy ya tiene google maps en su teléfono".


• Por suerte, el mejor regalo queda para el final: como Amy es una neorocientífica, Alex ha "estado investigando" (sic) y ha decubierto que Santiago Ramón y Cajal, el padre de la neurociencia, dibujó a mano células cerebrales. Y, casualmente, ha encontrado uno de sus grabados  realizado y firmado por el mismísimo de D. Santiago.

The big bang theory. Temporada 6, episodio16. Aparición de Ramón y Cajal


Este en concreto:

Dibujo de Ramón y Cajal

A Sheldon le parece que esta última opción es la mejor: "esto es realmente impresionante", dice asombrado mientras comtempla el grabado con admiración.

Aquí tenéis la secuencia completa. Tan bien le parece el regalo que acaba sucediendo…



No creo haber "spoileado" nada. Se trata únicamente de un homenaje a D. Santiago, que bien merecido lo tiene.

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Más sobre Ramón y Cajal en el Centro Virtual Cervantes.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Por que en 2016 veáis y aprendáis muchas cosas

"Desde la cumbre del Everest no se puede ver todo el mundo.

La vista sólo le recuerda a uno lo grande que es el mundo y las muchas cosas que quedan por ver y aprender".

Tenzing Norgay, a su hijo Jamling.



Por que en 2016 veáis y aprendáis muchas cosas.

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@DesEquiLIBROS
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