martes, 7 de octubre de 2014

¡Hay que leer!

A veces, el fomento de la lectura transita por caminos inescrutables.

Como este brillante mensaje que da la bienvenida a una de las librerías Low Cost Re-Read.

En concreto en Re-Read Gran Vía, en Barcelona.

Y es que hay que leer más.



Gente que quiere un romance como el de Romeo y Julieta
 sin saber que fue un romance de 3 días y 6 muertos.

¡HAY QUE LEER!

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Lo ví en el twitter de Alicia R. de Paz.

viernes, 3 de octubre de 2014

El periodismo SMERSH: Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda

Tras el caso watergate, todos los medios de comunicación han denominado a los escándalos posteriores con el sufijo -gate.  Y es que fue sin duda el momento cumbre del periodismo del s. XX.

Pero pasados unos años, el público ya se había cansado de tanta política en los medios, así que los "cerebros" de las redacciones decidieron modificar su estrategia y comenzaron a incluir entre sus contenidos aquellos que interesaban más a sus lectores.

Así nació lo que Howard Simons denominó SMERSH: Science, Medicine, Education, Religion  and all that SHit

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El caso watergate es seguramente el hito más relevante del periodismo del siglo XX, hasta el punto de que a todo escándalo posterior se le ha puesto el sufijo -gate para denominarlo. Y no hay medio que no busque de una forma u otra su propio watergate, aun a costa de perder la obligada deontología periodística.

Eran los tiempos en los que se creía firmemente en que la verdadera temperatura del periodismo la proporcionaba la política.

Katharine Graham, Carl Bernstein, Bob Woodward, Howard Simons y Benjamin Bradlee
 Graham,  Bernstein,  Woodward,  Simons y Bradlee
Ben Bradlee era el director del Washington Post en aquellos años; y lo siguió siendo hasta 1991. Y fueron él y la editora Katharine Graham, los que facilitaron la labor de Bob Woodward y Carl Bernstein, labor que, como todo el mundo sabe, acabó provocando la dimisión del Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Los estadounidenses, muy dados a glorificar a sus héroes a través del cine, elevaron a la categoría de mito a los protagonistas de aquellos hechos en Todos los hombres del presidente.

Pero pasados unos años del watergate, el público comienza a agotarse: la magnitud de los escándalos destapados palidecen bajo la alargada sombra de las consecuencias del watergate, las ventas de la prensa escrita bajan y el prestigio de los medios y de los reporteros no consigue remontar en los índices de popularidad.

Así que los medios, Washinton Post incluido, inician un proceso de brainstorming para conseguir dar la vuelta a la situación. La conclusión fue que había que hablar menos de politica y más de noticias de "sociedad", más próximas a las inquietudes y necesidades de los lectores.

De esta forma fueron naciendo suplementos de todo tipo que abordaban ese "otro tipo de noticias" ajenas a la política y más cercanas a los consumidores.

Howard Simons, editor del Post e invertor del término, los denominó, en el argot interno, SMERSH:
Science, Medicine, Education, Religion and all that SHit
En román paladino, Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda.

Se trató de una especie de concesión, de un sacrificio que había que hacer un día a la semana para poder dedicarse los otros seis a lo verdaderamente "importante".

Y a día de hoy todos los medios siguen haciendo un enorme esfuerzo en consolidar y aumentar este tipo de contenidos entre su oferta informativa, con mayor o menor acierto.

Ben Bradlee; "la vida de un periodista"
Ben Bradlee tuvo a bien escribir sus memorias. Y en ellas contó muchas de las peripecias del diario, del proceso watergate y de otros entresijos de su vida como periodista. Una de estas intimidades es la que sirve de excusa para este apunte.

Pero sobre todo, supone una reflexión en primera persona sobre el Periodismo, su independencia, su diginidad y, de paso, sobre su consolidación (y necesidad) como "cuarto poder", término que, para quien todavía no se haya enterado, hace referencia, por oposición, a la separación de poderes públicos en tres, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, que quedaron acuñados en la Ilustración y que son la base de todo sistema democrático.

Las memorias de Bradlee deberían servir de referencia a periodistas y políticos para distinguir lo público de lo privado, aquello que es, y lo que no es, noticia. En este debate todavía nos encontramos, y seguramente seguiremos en los próximos años. Pero no está de más acudir a los referentes acreditados sobre la materia.

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Bibliografía:

• Ben Bradlee; la vida de un periodista. El País/Aguilar. Madrid (1996).
• La vida de un periodista. Artículo de José Luis Gallero para ABC.
Big Ben.

jueves, 25 de septiembre de 2014

El infierno está plagado de adverbios (terminados en -mente)

"Los adverbios (terminados en -mente) son como el diente de león. Uno en el césped tiene gracia, queda bonito, pero, como no lo arranques, al día siguiente encontrarás cinco, al otro cincuenta... y a partir de ahí, amigos míos, tendréis el césped «completamente», «avasalladoramente» cubierto de diente de león. Entonces los veréis como lo que son: malas hierbas, pero entonces, ¡ay!, entonces será demasiado tarde".

"Los adverbios de modo terminados en -mente son un vicio empobrecedor…  me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales".

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El otro día que encontré con un interesante apunte titulado "5 fascinantes curiosidades sobre escritores que debes conocer".

La curiosidad que más me llamó la atención fue la que describe "La guerra contra los adverbios" que tenía declarada Stephen King, y que da título a este apunte.

Decía el autor en La piedra de Sísifo, Isaac Belmar:
"En esta guerra a un lado del frente están los adverbios, al otro un héroe solitario o quizá no, Stephen King. El famoso escritor se suele proponer escribir 2.000 palabras cada día y hacerlo sin adverbios.
   «El camino hacia el infierno está plagado de adverbios y lo gritaré desde los tejados».

King le dice vehementemente a todo el que escucha que los adverbios son, probablemente, el mayor enemigo de la escritura".

Stephen King. Mientras escribo
Así que, en vista de tan categórica afirmación, he decidido explorar un poco el tema.

El propio Stephen King ha tenido a bien, costumbre no muy extendida entre los escritores, dejar escrito un libro sobre su quehacer creativo.  
Mientras escribo contiene en su prólogo una admirable declaración de intenciones:
He escrito un libro corto porque a la mayoría de los libros sobre la escritura les sobra paja y tonterías. Los narradores no tenemos una idea muy clara de lo que hacemos. Cuando es bueno no suelen saber por qué y cuando es malo, tampoco. He supuesto que a menos páginas, menos paja. 
Cualquier aspirante a escritor debería leer The Elements of Style, de William Strunk Jr. y E. B. White. La regla número 13 del capítulo Fundamentos de la redacción dice: Omitir palabras innecesarias. Voy a intentarlo.
Y uno de los consejos que da es: desconfía del adverbio.

Y se explica:
Recordarás, por las clases de lengua, que el adverbio es una palabra que modifica un verbo, adjetivo u otro adverbio. Son las que acaban en -mente.
Ocurre con los adverbios como con la voz pasiva, que parecen hechos a la medida del escritor tímido.
Mediante los adverbios, lo habitual es que el escritor nos diga que tiene miedo de no expresarse con claridad y de no transmitir el argumento o imagen que tenía en la cabeza.
El autor de El Resplandor dice que debemos evitar a toda costa expresiones como “dijo lastimosamente”, “exclamó valientemente”, “dijo despectivamente”, etc. 
Si tenemos que expresar cómo está hablando el personaje, es porque estamos haciendo una pobre descripción o que el diálogo no es lo suficientemente claro.

Y pone un ejemplo muy clarificador, por las dudas:
Examinemos la frase «cerró firmemente la puerta». 

Reconozco que no es del todo mala (al menos tiene la ventaja de un verbo en voz activa), pero pregúntate si es imprescindible el «firmemente».
Me dirás que expresa un grado de diferencia entre «cerró la puerta» y «dio un portazo», y no es que vaya a discutírtelo...pero ¿y el contexto? ¿Qué decir de toda la prosa esclarecedora (y hasta emocionante) que precedía a «cerró firmemente la puerta»?
¿No debería informarnos de cómo la cerró? Y, si es verdad que nos informan de ello las frases anteriores, ¿no es superflua la palabra «firmemente»? ¿No es redundante?
Ya oigo a alguien acusándome de pesado. Lo niego. Creo que de adverbios está empedrado el infierno, y estoy dispuesto a vocearlo desde los tejados.
Dicho de otro modo: son como el diente de león. Uno en el césped tiene gracia, queda bonito, pero, como no lo arranques, al día siguiente encontrarás cinco, al otro cincuenta... y a partir de ahí, amigos míos, tendréis el césped «completamente», «avasalladoramente» cubierto de diente de león. Entonces los veréis como lo que son: malas hierbas, pero entonces, ¡ay!, entonces será demasiado tarde.
 Si queréis más ejemplos, en la página 79 (y ss.) del pdf con la obra de King los tenéis.

Pero es que Stephen King no era el único enemigo declarado de los adverbios.


García Márquez también tenía su opinión al respecto. Gabriel García Márquez
En una entrevista para Los Angeles Times, asegura que, para mejorar su escritura, ha eliminado los adverbios terminados en -mente:
– Antes de Crónica de una Muerte Anunciada hay muchos. En Crónica creo que hay sólo uno. En Amor en los tiempos del cólera, no hay ninguno. 
En español, el adverbio -mente es una solución demasidado fácil. Si quieres usar un adverbio terminado en -mente y buscas otra palabra, siempre es mejor. Se ha vuelto tan natural para mí que lo hago sin darme cuenta.

Y en sus memorias, Vivir para contarla, vuelve a la carga:
"Me propuse un cambio de fondo a partir de mi cuento siguiente. La práctica terminó por convencerme de que los adverbios de modo terminados en -mente son un vicio empobrecedor.
Así que empecé a castigarlos donde me salían al paso, y cada vez me convencía más de que aquella obsesión me obligaba a encontrar formas más ricas y expresivas.
Hace mucho tiempo que en mis libros no hay ninguno, salvo en alguna cita textual. No sé, por supuesto, si mis traductores han detectado y contraído también, por razones de su oficio, esa paranoia de estilo".
En otra ocasión, al hablar sobre gramática, apostilló:
…en mis últimos seis libros no he usado un sólo adverbio de modo terminado en mente, porque me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales.

No malinterpreten a King o a García Márquez. El Manual de la Nueva Gramática de la lengua Española (de 2009) no dice que su uso sea incorrecto. Es más, en su apartado 30.7.2b aclara que
Los adverbios de manera orientados al objeto indican el modo en que la acción afecta al complemento de algunos predicados. Así, el adverbio mortalmente en Lo hirieron mortalmente indica una manera de herir, pero informa también de cierto cambio de estado en el que recibió la herida, y no de una situación del que la causó.
Tanto King como Gabo se refieren a cuestiones estilísticas con las que se puede, o no, estar de acuerdo. 
Y, de hecho, muchos son lo autores en castellano que han usado "brillantemente" este tipo de adverbios: desde Alfonso X hasta Fray Luis de León, Moratín, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez

No me resito a citar la primera frase de la primera gran obra en lengua castellana: el Cantar de Mío Cid:
De los sos ojos tan fuertemientre llorando

Pero sigamos con el uso de los adverbios terminados en -mente, pero esta vez en referencia al lenguaje periodístico. Por desgracia, quedan pocos Larra o Blasco Ibáñez entre nuestros periodistas. Y el "nivel" narrativo de este gremio ha conseguido comenzar a excavar cuando parecía imposible caer más bajo.

Decía Darío Gallo, ahora editor jefe del diario Clarín:
No hay periodista que quiera impresionar con su escritura que no le meta adverbio terminado en mente a párrafo que se le cruce
Como por lo general están puestos para exagerar, para maquillar una prosa frágil, se los puede quitar sin que afecten el sentido de la frase. En muchos casos son redundantes. Para demostrar cómo se intenta embaucar con los "mente", basta leer discursos políticos o declaraciones intencionadísimas.

Así que ya saben: huyan, como de la peste, de los adverbios terminados en -mente.

Y a modo de despedida, déjenme que les recomiende la lectura de bloGicamente: único blog contra los adverbios terminados "en mente" en la redacción periodística y de blogs.

Por desgracia, solo estuvo activo unos meses y está muerto desde 2006, pero solo su título ya merece todos mis respetos.

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Bibliografía:

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Sra. Pardo Bazán: con gusto la RAE le ofrecería un asiento, pero no cabría en él

Al parecer, Juan Valera fue uno de los principales opositores a la candidatura de Emilia Pardo Bazán a la Real Academia de la Lengua. Por aquel entonces ninguna mujer ocupaba sillón alguno en la RAE.

Juan Valera fue, entre otras cosas, diplomático
Como quiera que Doña Emilia no cejaba en su empeño (las malas lenguas señalan que solicitó en varias ocasiones su ingreso), Juan Valera urdió una estrategia para hacerla desistir definitivamente de sus intenciones.

Juan Valera fue, además de uno de los conspicuos representantes de la literatura del s. XIX, político y diplomático y, al parecer, era bastante quisquilloso con todos aquellos que le hacían sombra.

A lo que íbamos: la estratagema.

Juan Valera se puso en contacto con el Secretario de la Academia, D. Manuel Tamayo y Baus (tiene calle en Madrid: funcionario del Ministerio de la Gobernación, Secretario perpetuo de la Real Academia y director de la Biblioteca Nacional), dramaturgo él, de no demasiado éxito, por otra parte.

Y le propuso que invitase a la Academia a la escritora coruñesa, le enseñase los sillones que se utilizaban, muy tradicionales, y le explicase que no se podían cambiar, haciéndole ver que no podría sentarse en ellos por ser su "trasero" de mayor tamaño que el del resto de los señores académicos, añadiendo que habría de encargarle un sillón especial de características diferentes que desentonaría con el conjunto y sopondría una discriminación hacia el resto de los académicos.

Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán
Y terminó haciéndole saber que en verdad la Academia gustosamente le ofreceria un asiento pero que lamentablemente no podría sentarse en él.

La excusa que se dio finalmente para denegar su ingreso fue que los estatutos de la institución lo prohibían y que, por ejemplo, ya se había denegado el sillón con anterioridad a Gertrudis Gómez de Avellaneda, como veremos más adeante.

Lo cierto es que ninguna norma vedaba la entrada de mujeres en la institución; de hecho, en 1784, María Isidra de Guzmán y de la Cerda (María de Guzmán según reza la calle que también tiene en Madrid), llegó a ser admitida como académica honoraria y, aunque pronunció su discurso de agradecimiento, no volvió a acudir más.

Eva Acosta, en Emilia Pardo Bazán: la luz en la batalla, explica cómo en 1886 se había mencionado el nombre de la Pardo Bazán como posible candidata a ingresar en la RAE, "pero quizá algún comentario dicho en petit comité, o las malévolas palabras de uno de sus colegas, dan origen al rumor de que la escritora ansía ser miembro de la Academia".

Manuel Tamayo y Baus
Manuel Tamayo y Baus
Aunque en una carta enviada a Gertrudis Gómez de Avellaneda asegura que nunca ha realizado el menor movimiento que ser admitida. Es más, cuenta cómo ha llegado a sus oídos el chisme de que algún académico la considera excluida de la corporación por carecer de derechos electorales.

En esa misma carta "ironiza con las hipotéticas razones que aducirían los señores académicos para negarle la entrada hasta a la mismísima santa Teresa, a la que dirían:
'Mal podríamos, estando usted delante, recrearnos con ciertos chascarrillos un poco picantes y muy salados que a última hora nos cuenta un académico. En las tertulias de hombres solos no hay nada más fastidiosito que una señora…'".

Otra anécdota cuenta que la propia Pardo Bazán dijo sobre el tema:
"si los señores académicos no quieren verme entre ellos porque dedican las sesiones a contar chistes verdes, cometen un error: yo me los sé buenísimos".

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Doña Emilia, efectivamente, tenía méritos más que suficientes para entrar en la Academia: además de una obra extensa e importante, había desempeñado numerosos cargos en la vida política y cultural española: consejera de Instrucción Pública, Presidenta de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid, creadora de la Biblioteca de la Mujer…

Y cuando, efectivamente, presenta su solicitud en 1912, la Academia se enfrentó a un buen problema, pues la Pardo bazán era amiga personal de Antonio Mauda, a la sazón presidente del gobierno, y el propio Alfonso XIII la había nombrado Condesa.

El tema se solucionó echando mano del acuerdo sexista de 1853 por el que se rechazó el ingreso de Gertrudis Gómez de Avellaneda. En ese acuerdo quedó claro que la Academia era cosa de hombres, aunque no todos estuvieran de acuerdo, como Pérez Galdós, aunque este tuviera entonces intereses personales en el tema, pues eran amantes.

Pero Emilia Pardo Bazán estaba convencida de su derecho a entrar en la Academia y "a no ser excluida de una distinción literaria como mujer (no como autor), pues sin falsa modestia te afirmo que soy el crítico más severo y duro de mis propias obras".

No se siente despechada ni tiene intención de hablar mal de la Acedemia, aunque todo el mundo lo pone en solfa; al fin y al cabo, ser académico no implica ser buen escritor.

Y continúa Eva Acosta en Emilia Pardo Bazán: la luz en la batalla:
"Hoy no imaginamos lo inconcebible que resultaba la pretensión de que una mujer entrara en la Real Academia Española. (…) En 1889, cuando las mujeres carecían de todo derecho politico y de casi todos los derechos sociales, para la mayoría la idea supone, sencillamente, un desatino.

No es la primera vez que la coruñesa se enfrenta a los límites que le marcan las convenciones de su época por el mero hecho de ser mujer, aunque cada día le indignan más (…)
En su reivindicación no busca el apoyo de las -pocas- contemporáneas  que comparten sus ideas (…) se distancia de las literatas (de la época); elige una filiación prestigiosa (se declara heredera de Gertrudis Gómez de Avellaneda) antes que que arriesgarse a ser confundida con aquellas a quienes, en el fondo, muy pocos -ni siquiera ella- toman en serio".

Para que se hagan un idea, las críticas que tuvo que sufrir eran del tipo "literata fea con peligro de volverse librepensadora", que le dedicó Marcelino Menéndez Pelayo. Y es que era difícil de digerir que Emilia Pardo bazán fuera la tercera autora más leída de su época, solo detrás de Galdós y Pereda.

La primera mujer en ser admitida como miembro de pleno derecho en la RAE fue Carmen Conde en... ¡1978! Y a día de hoy, la nómina de académicas es sospechosamente exigua, visto el elenco que compone tan docta institución. La lista se limita a seis: Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez, Carme Riera y la recién nombrada Aurora Egido.

Hoy es el aniverario del nacimiento de Doña Emila Pardo Bazán, una de las principales activistas españolas en defensa de los derechos de la mujer.

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"Al fondo a la izquierda", del 22-XII-2010, de Onda Latina.
• Eva Acosta; Emilia Pardo Bazán: la luz en la batalla. Editorial Lumen. Madrid 2007.
• Gregorio Doval; Anecdotario universal de cabecera. Ediciones del Prado. Madrid. 2003.
• Darío Villanueva; Emilia Pardo Bazán. El rechazo de la Real Academia Española.
• Sebastián Moreno; La Academia se divierte. La esfera de los libros. Madrid 2012.
Portal de Escritoras Españolas.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Un político hablando en primera persona

Porque una imagen vale más que mil palabras.

Monago hablando en primera persona
José Antonio Monago en el momento de anunciar una bajada de impuestos

Y es que hay que tener cuidado con los eslóganes que se eligen, y cómo se usan.

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José Antonio Monago en el momento de anunciar una bajada de impuestos para los extremeños.
A día de hoy, José Antonio Monago es Presidente de la Junta de Extremadura y del Partido Popular de Extremadura.

La foto es una captura de pantalla de telediario de TVE-1 de las 15:00 horas del 15 de septiembre de 2014.
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