jueves, 26 de marzo de 2015

Aún dicen que los traductores son caros

Si crees que el trabajo de un traductor cualificado se puede sustituir por el de cualquier aficionadillo; o decides utilizar software automático online; o, directamente, decides prescindir de sus servicios porque te parecen caros o innecesarios…

Si has contestado que sí a alguna de estas frases prueba a ver estos resultados… ambos reales.

• El sencillo, a la par que ecológico, mensaje
Please
Turn off showers when you are done
Thank you

Se transforma en un delirante
Por favor
vuelta lejos chaparrones cuando usted es hecho.
Gracias.
Al menos han acertado con dos palabras; y han tenido el detalle de poner el punto al final de la frase.


• Y el tradicional postre catalán mel i mató, a base de queso fresco y miel, transforma uno de sus beneficiosos ingredientes en arma homicida…


La próxima vez que oigan a alquien quejarse de lo caros que son los traductores profesionales, quieran regatear sus tarifas o crean que pueden prescindir de sus servicios, acuerdense de estos carteles.

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P.D.:
Joaquín Sorolla pintó en 1894 una de sus obras más notables: Aún dicen que el pescado es caro, que retrata una escena de una novela de Blasco Ibáñez en la que un pescador muere en la faena. Su tía se lamenta:
"¡Que viniesen allí todas las zorras que regateaban al comprar en la pescadería! ¿Aún les parecía caro el pescado?…"
Aún dicen que el pescado es caro. Joaquín Sorolla

jueves, 19 de marzo de 2015

Castígame mi madre, y yo trómpogelas

Paradójicamente, Don Quijote reprende a Sancho por el abuso de refranes… con el uso de refranes. Y, en concreto, utiliza dos veces la fórmula Castígame mi madre, y yo trómpogelas.
Y utiliza la sentencia para expresar que alguien hace inmediatamente lo contrario de lo que se le aconseja.
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El Quijote de la Mancha tiene en total unas 388.000 palabras; de las cuales casi 23.000 son diferentes; y casi 12.000 están utilizadas una única vez. Y las palabras más utilizadas, si exceptuamos preposiciones, pronombres, artículos, conjunciones, etc…, como podréis suponer, son "Quijote" y "Sancho".

Este dato da idea de la riqueza de vocabulacio de Cervantes, sobre todo si tenemos en cuenta que un hablante medio de su propio idioma no usa habitualmente más de 2000 palabras distintas y que para comunicarnos en el ámbito familiar no usamos más de 300.

Uno de los principales argumentos que esgrimen aquellos que califican al Quijote como "difícil de leer" es que usa un lenguaje, estructuras sintácticas y referencias semánticas un tanto alejados de la realidad actual del idioma. Lógico: la obra fue escrita hace más de 400 años.

Don Quijote aconseja a Sancho
A pesar de ello, opino que es un libro perfectamente legible con nuestros estándares modernos, simplemente haciendo un pequeño esfuerzo de comprensión e interpretación aunque es cierto que todo él está poblado de estructuras, expresiones o palabras que se pueden calificar de arcaicas u obsoletas.

El personaje de Sancho, como fiel reflejo de un cierto perfil social, puebla su discurso de refranes y frases hechas. Y Don Quijote, espejo del caballero, le censura esta actitud en varias ocasiones por ello.
En el capítulo 43 de la segunda parte del Quijote encontramos este pasaje:
—También, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que, puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias.
—Eso Dios lo puede remediar —respondió Sancho—, porque sé más refranes que un libro, y viénenseme tantos juntos a la boca cuando hablo, que riñen por salir unos con otros, pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo tendré cuenta de aquí adelante de decir los que convengan a la gravedad de mi cargo, que en casa llena, presto se guisa la cena, y quien destaja, no baraja, y a buen salvo está el que repica, y el dar y el tener, seso ha menester.  
—¡Eso sí, Sancho! —dijo don Quijote—. ¡Encaja, ensarta, enhila refranes, que nadie te va a la mano! ¡Castígame mi madre, y yo trómpogelas! Estoyte diciendo que escuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Úbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a propósito; pero cargar ensartar refranes a troche moche hace la plática desmayada y baja.

Y un poco más adelante, en el capítulo 67 de la segunda parte, esta otra escena:
— (…) Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato. Pero, ¡guarda!, que es de buen parecer, y hay pastores más maliciosos que simples, y no querría que fuese por lana y volviese trasquilada; y tan bienXXX suelen andar los amores y los no buenos deseos por los campos como por las ciudades y por las pastorales chozas como por los reales palacios, y quitada la causa, se quita el pecado, y ojos que no veen, corazón que no quiebra, y más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.

—No más refranes, Sancho —dijo don Quijote—, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo de refranes, y que te vayas a la mano en decirlos, pero paréceme que es predicar en desierto, y castígame mi madre, y yo trómpogelas.

Paradójicamente, Don Quijote reprende a Sancho por el abuso de refranes… con el uso de refranes. Y, en concreto, utiliza dos veces la fórmula Castígame mi madre, y yo trómpogelas.
Y utiliza la sentencia para expresar que alguien hace inmediatamente lo contrario de lo que se le aconseja; literalmente:
"¡Me riñe mi madre, y yo me burlo de ella!"; "me riñe mi madre, y no me importa nada";
El origen de la expresión es filológicamente complejo e incierto. Parece estar relacionado con el francés tromper (‘engañar’) y se trata del presente de trompar seguido de gela, que es una contracción arcaica resultado de la fusión de los pronombres ge ‘se’ (<illi) y la (<illam).

Así que veamos el significado de Trompar. La versión actual de la RAE dice: anticuado "Engañar, burlar". Pero ya en la primera edición del diccionario de la Academia, de 1739, "se marca como vocablo antiguo y en desuso que significa engañar a alguno".

Seguramente ya en tiempos de Cervantes era una expresión anticuada. Aunque no me negarán que es mucho más edificante que las adaptaciones coloquiales modernas:
"Me la suda/pela"; "que si quieres arroz, Catalina"; "me la trae floja"; "me importa un comino/bledo"; "a mí plín"; …

Pero Sancho, erre que erre, sigue a pie juntillas el aforismo de Ovidio: "video meliora proboque, sed deteriora sequor".

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Bibliografía:
• Las palabras del Quijote. Artículo de Antonio García Velasco publicado en 2004 en el Cemntro Virtual Cervantes;
Acerca de un refrán del Quijote, del blog "La Agenda de Zalabardo", de Anastasio Álvarez Martín. 20 de febrero de 2012.
En él cita Trómpogelas, atículo del hispanista francés Raymond Foulché-Delbosc, publicado en la Revue Hispanique en 1899.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Don Quijote nunca se "topó" con la Iglesia

Una de las frases más conocidas del Quijote es la que se atribuye al protagonista, en estos términos:
- Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho.
Pues bien; Don Quijote nunca pronunció textualmente esa frase ni le dio el sentido anticlerical o de desafio a la autoridad que se le ha atribuído posteriormente.

Esta falsa cita se ha convertido en una de las frases hechas más populares en español. Hasta el punto de que se aplica por extensión a toda clase de instituciones, empresas o situaciones que ejercen cierto poder o provocan una dificultad u obstáculo al que no es posible, o es difícil, oponerse. 

En el capítulo IX de la segunda parte del Quijote, Donde se cuenta lo que en él se verá,  tiene lugar la siguiente escena. Don Quijote y Sancho entran ya la noche en el Toboso en busca del palacio de Dulcinea:
con la iglesia hemos dado
— …Y advierte, Sancho, o que yo veo poco o que aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea.

— Pues guíe vuestra merced —respondió Sancho—: quizá será así; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de día.

Guió don Quijote, y habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:

— Con la iglesia hemos dado, Sancho.  

— Ya lo veo —respondió Sancho—, y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas, y más habiendo yo dicho a vuestra merced, si mal no me acuerdo, que la casa desta señora ha de estar en una callejuela sin salida.

— ¡Maldito seas de Dios, mentecato! —dijo don Quijote—. ¿Adónde has tú hallado que los alcázares y palacios reales estén edificados en callejuelas sin salida?

Con la iglesia hemos dado significa literalmente ‘Hemos encontrado el edificio de la iglesia’, el bulto grande que Don Quijote percibe en la oscuridad; de ahí que sea comprensible la confusión con el palacio de Dulcinea.

La propia edición de Quijote de Francisco Rico en el Centro Virtual Cervantes añade una nota aclaratoria en la frase:
‘Hemos tropezado con el edificio de la iglesia’, el mayor del pueblo y, por eso, de fácil confusión con el imaginado alcázar de Dulcinea. Con la variante topado por dado, se ha convertido en frase proverbial para indicar un enfrentamiento con una autoridad a la que puede resultar problemático contradecir".
Y añade una nota complementaria en la que menciona, entre otras cosas, que la crítica decimonónica vio en la frase una manifestación del anticlericalismo de Cervantes.

Y Martín de Riquer, en su Aproximación al Quijote, explica:
… con frecuencia aun vemos escrito: "con la Iglesia hemos topado" (siendo así que Cervantes escribió "dado"). Es posible que en algunos pasajes del Quijote haya intenciones recónditas, e incluso algo anticlericales, pero lo seguro es que aquí no la hay. 
Así que la palabra "iglesia" debe ir en minúscula, como sustantivo genérico que se refiere a un edificio; y no en mayúscula en referencia a la institución y a su omnímodo poder.

Y el participio "dado" describe el hecho físico de "Encontrar a alguien o algo", como define el RAE en la acepción #34 del verbo dar.

Pero la sabiduría popular, que con frecuencia refleja brillantemente el sentir de una sociedad hacia los poderes fácticos, ha hecho de la frase un clásico de la rebeldía frente al poder establecido.

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Bibliografía:
• Imagen: Quijote Banco de Imágenes del Centro de estudios cervantinos
Textos del Quijote del Centro Virtual Cervantes.
Hispanoteca. Foro de consultas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Los 10 vicios más frecuentes del idioma español

Un buen traductor debe saber cómo se escriben correctamente las siglas, cuándo colocar, o no, mayúsculas, cómo elegir entre los distintos tiempos verbales y, también, cómo detectar los vicios del lenguaje, esas incorrecciones que cometemos al escribir o al hablar.

Estos son los 10 vicios más frecuentes del español que hemos ido recopilando en nuestro trabajo diario. 

Este artículo es una colaboración para DesEquiLIBROS de la Agencia de traducción profesional  Okodia.

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I love eñeUno de los tópicos más típicos (y falsos) que se suele decir sobre un traductor es que “uno bueno no necesita diccionario”.

Como te imaginarás, esa afirmación es más falsa que una moneda de 3 euros. Del mismo modo que un buen abogado no tiene por qué saber de memoria todas las leyes de un país, un buen traductor profesional no tiene por qué conocer todos y cada uno de los miles de términos lingüísticos que contiene cada idioma.

Eso sí, un buen traductor debe saber manejar un diccionario casi con los ojos cerrados: cómo se escriben correctamente las siglas, cuándo colocar, o no, mayúsculas, cómo elegir entre los distintos tiempos verbales y, también, cómo detectar los vicios del lenguaje, esas incorrecciones que cometemos al escribir o al hablar.
Una agencia de traducción se convierte, así, en una especie de guardián del buen uso de la lengua para detectar y corregir todas las barbaridades que se leen por ahí, especialmente en esos pequeños textos de 140 caracteres…

En el trabajo diario de nuestra agencia de traducción solemos detectar errores ortográficos, sintácticos y gramaticales de todo tipo. Como nos gusta aprovecharlo todo, hemos ido anotando estos errores y, con el tiempo, hemos construido un documento interno que recopila los vicios más frecuentes en español.

Hoy nos gustaría compartir una parte de ese documento con los lectores de DesEquiLIBROS. ¿Empezamos?
  

Los 10 vicios más frecuentes del español



 • Vicio 1: el famoso “-ao”. 

Hemos “votao”, nos han “aclamao”, hemos “ganao”…
Esta costumbre de sustituir la maravillosa terminación “-ado” por un simple “-ao” es uno de los vicios más comunes y televisados del castellano y se está extendiendo como la peste gracias a los políticos.
¿Cuántas veces hemos contado (con “-ado”) esa horrorosa y errónea abreviatura en los discursos sobre el Estado de la Nación? Demasiadas.
Luchemos pues por erradicar de nuestras televisiones, radios y vídeos de Internet una pésima costumbre que empobrece radicalmente la imagen pública que proyectamos a nuestros semejantes. 

• Vicio 2: tú me lo “dijistes”. 

Otro vulgarismo que está de moda: añadir una “s” al formar el pretérito indefinido en la segunda forma del singular.
¿Tan difícil es decir “tú dijiste” o “tú aprobaste”?
Parece ser que sí, sobre todo para esas personas influenciadas por los recuerdos de otras formas verbales como “dices” o “decías”.

• Vicio 3: el famoso “currículum”. 

Un vicio que detectamos a diario no solo en las ofertas de empleo, sino también en el encabezamiento de muchos currículos que nuestra agencia traduce a idiomas como el inglés, el francés o el alemán.
Como bien dice la RAE, la palabra “currículum” no se encuentra en su diccionario.
Sí aparecen los otros dos términos que deberíamos utilizar en su lugar: currículo y currículum vitae

• Vicio 4: esos dichosos extranjerismos. 

La globalización de nuestra sociedad tiene muchas ventajas, muchísimas, pero también tiene desventajas, una de ellas la utilización de extranjerismos.
Estos vicios llenan los periódicos, pero son especialmente abundantes en las páginas dedicadas a los deportes. Así que, por mucho que nos duela, en español no es correcto decir que Rafa Nadal es un “number one”

• Vicio 5: la repetida “-bilidad”.

Otro de los vicios más pesaditos que solemos corregir en nuestra agencia de traducción es el abuso del sufijo “-bilidad”.
No existe la “controlabilidad”, aunque sí el control; tampoco es correcto escribir o decir que algo tiene mucha “alcanzabilidad” cuando queremos explicar que es alcanzable.
Tampoco hay que tener mucha habilidad para recordarlo, ¿verdad? 

• Vicio 6: la redundancia del pleonasmo.

Uno de los vicios más generalizados en el idioma español es el uso de pleonasmos, es decir: la utilización de palabras que no son necesarias. ¿Algún ejemplo?
Muchos: subir para arriba, bajar para abajo, miel de abeja, volar por el aire, muy óptimo, me parece a mí, etc.
Casi todos caemos alguna vez en ese error, sobre todo en nuestras conversaciones informales. El problema es que, de tanto decirlo, al final lo escribimos y, ya sabes, lo escrito se lee y las palabras se las lleva el viento (aunque no “volando por el aire”, claro).  

• Vicio 7: un exceso de “c”.

Manejar correctamente un idioma no es tan fácil como parece y menos cuando es tan complejo como el español. Uno de los vicios en los que incurren los estudiantes de nuestra lengua es incorporar más letras “c” de la cuenta quizá porque les suena mejor.
Un par de ejemplos: se escribe y pronuncia “inflación” (no “inflacción") y alguien tendrá “afición” por el golf (no “aficción”).
Habitualmente estos vicios se curan utilizando el programa de corrección de textos de nuestro ordenador; solo hay que acordarse de hacerlo. 

• Vicio 8: confundir churras con merinas. 

Algunos vicios de nuestro idioma no son tan sencillos de detectar a primera vista, pero están ahí. Nuestro error número 8 consiste en utilizar un término creyendo que significa una cosa cuando en realidad significa otra.
Seguro que has oído o leído una frase como esta:
   - María es una persona muy asequible.
¿Dónde está el vicio? En el adjetivo “asequible” que como bien apunta el DRAE significa “Que puede alcanzarse u obtenerse”. 

• Vicio 9: las muletillas. 

Una incorrección muy molesta que, aunque no lo creas, también encontramos por escrito es la famosa muletilla, ya sabes: esa palabra o frase que utilizamos sin darnos cuenta y que llena de ruido nuestro mensaje.
Las muletillas más famosas últimamente son “o sea”, “mira”, “oye”, “es que”, “¿sabes?”, etc.     

• Vicio 10: el dequeísmo.

En el puesto número 10 de nuestra lista encontramos el famoso dequeísmo, uno de los vicios que más detestan los traductores de nuestra agencia de traducción.
Lee las siguientes frases y marca la que consideres incorrecta:

  - Estoy segura de que fue a casa.

  - Pienso de que está ingresado en el hospital.

Una curiosidad: en los últimos años, quizá por exceso de este vicio, está naciendo uno nuevo que se denomina “adequeísmo”.
Consiste en eliminar la palabra “de” cuando la frase sí la necesita. Un ejemplo: “No te olvides sacar la basura” en lugar de “No te olvides de sacar la basura”.

Como ves, este es un vicio en el que es muy fácil caer, uno de los 10 de la lista de nuestra agencia de traducción que, esperamos, te sea de utilidad en el futuro.

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Puedes seguir el trabajo de Okodia Agencia de traducción en:
@okodia
Página de facebook de Okodia.
Blog de Okodia grupo traductor.

lunes, 2 de marzo de 2015

El bibliotecario impresentable

El oficio de bibliotecario goza de una cierta aureola de prestigio, quizá por la cantidad de brillantes escritores que lo fueron en algún momento de su vida. Tiene algo de vocacional, de amor a los libros, de celo en la defensa de la transmisión de cultura. En muchas ocasiones son la primera y la última, la única, línea de combate frente a la incultura.

Hasta que te encuentras con uno que ejerce de "funcionario", que representa a la perfección todos los tópicos peyorativos del trabajador público, acuñados a fuerza de que son individuos como este los que ejercen esa responsabilidad.

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a la puta calleNo todos los funcionarios son vagos, inoperantes, caraduras y malencarados. Los hay eficaces y comprometidos con su labor de servicio público y atención al ciudadano. Tampoco me gusta usar el prepotente "yo pago tu sueldo" como argumento para exigir un trato correcto o una dedicación profesional.

Conozco muchos funcionarios; de diferentes áreas, de distintos servicios, con responsabilidades diversas y variados rangos. No hay nada de humillante en estar en la parte baja de la pirámide del desempeño ni de extraordinario en estar en la cumbre.

Es más: el servicio a los demás es una de las actividades más dignificadoras del ser humano.

El oficio de bibliotecario goza de una cierta aureola de prestigio, quizá por la cantidad de brillantes escritores que lo fueron en algún momento de su vida. Tiene algo de vocacional, de amor a los libros, de celo en la defensa de la transmisión de cultura. En muchas ocasiones son la primera y la última, la única, línea de combate frente a la incultura.

Hasta que te encuentras con un bibliotecario que ejerce de "funcionario", que representa a la perfección todos los tópicos peyorativos del trabajador público, acuñados a fuerza de que son individuos como este los que ejercen esa responsabilidad.

Biblioteca Pública de Aragón. Lunes, 9:30 de la mañana.

Funcionario al frente del servicio préstamo.
Le entrego un libro para llevarme, con el carnet correspondiente. Ni me mira, ni me habla, ni extiende la mano para cogerlos y realizar la "compleja" gestión: pasar los códigos de barras respectivos por un lector para que quede registrada la operación.

No mueve un músculo de la cara; no responde al buenos días; no esboza una mueca que se aproxime a un saludo; ni sus cuerdas vocales vibran lo más mínimo para emitir un gruñido que parezca una fórmula de comunicación humana.

Únicamente señala con el dedo el mostrador para que deposite allí el libro y el carnet. Entonces sí, me mira desafiante mientras espera mi reacción. Reacción que debería haber sido algún tipo de recriminación por su actitud, pero me limito a depositar el libro en el lugar indicado. Lo coge con pasividad notoria y evidente desgana mientras su segunda mano permanece inmóvil, sobre su regazo.

Por un momento pienso que puede tratarse de algún tipo de minusvalía, en cuyo caso no tengo nada que objetar.

Pero no; al funcionario no le sucede nada. Simplemente ha sido lo más maleducado, apático y despectivo que me he encontrado en mi vida en los muchos años que llevo utilizando la Biblioteca.

Su indiferencia hacia mí y hacia el servicio que presta son notorios y manifiestos. No se molesta en mostrar que, a lo mejor, ha tenido una mala mañana y está de mal humor. No; simplemente ejerce de manera paroxística de "funcionario": le molesto, le estorbo, interrumpo su abulia y le produce suma contrariedad tener que hacer su trabajo. Trabajo, por cierto, que consiste en atender al público; trabajo que realiza de la peor forma posible.

Tampoco hay a la vista reivindicación alguna que me de una pista sobre que, a lo mejor, está realizando algún tipo de protesta en forma de huelga de celo. No; simplemente es maleducado, irrespetuoso, incívico… es un mal profesional, un digno merecedor de paro prolongado mientras ocupa un puesto que, a buen seguro, muchos otros ostentarían de buen grado.

Este es el momento en que piensas que la función pública carga con el intocable lastre de ineptos apoltronados que se limitan a cobrar a fin de mes y a protestar airadamente por lo mal que les trata la adminsitración.

A ti, bibliotecario impresentable, deberían ponerte cada día delante de una ventanilla regentada por un tipo como tú; igual que a Sísifo, sobre ti debería caer la maldición de vértelas a diario contigo mismo, en cada gestión de tu vida. Así verías lo que se siente y, además, podrías armarte de razones para seguir siendo cada día más inepto.

Hace algún tiempo tuve otra experiencia en esta misma biblioteca, delirante y ridícula, pero que en aquel momento justifiqué por la lementable situación de las bibliotecas.

Pero lo de hoy no tiene nada que ver con aquello. El responsable de lo de hoy eres tú y solamente tú, estúpido inútil, amargado despilfarrador de recursos públicos que, entre otros, pago yo.

¿Sabes dónde deberías ir?

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