viernes, 25 de agosto de 2006

la muerte, esa compañera perenne


Óscar se ha ido.
Tan discretamente como vino.
Llegó sin hacer mucho ruido pero con paso firme. Y al poco ya tenía un lugar (grande por cierto) en nuestras vidas.
Y un día, de pronto, se va, sin avisar, dejando vacío ese enorme lugar que ocupaba...

La muerte es como ese amigo invisible de la infancia: está ahí, permanentemente, haciéndonos compañía, discreta,... y un día, de pronto, toma las riendas. ¿No podría usted avisar, no hace falta mucha antelación, para dar tiempo a decir aquellas cosas que no se dijeron lo suficiente?

Creo que no aprendimos los suficiente de ti. Y por eso lo siento doblemente. Para ti ya es tarde; para nosotros, todavía no.

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