lunes, 4 de junio de 2007

Por eso acabaron quemando libros



En cierta época, los libros atraían a alguna gente, aquí, allí, por doquier. Podían permitirse ser diferentes. El mundo era ancho. Pero, luego, el mundo se llenó de ojos, de codos y de bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y radios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie de vulgar uniformidad. ¿Me sigues? (...) Imagínalo. El hombre del siglo XIX con sus caballos, sus perros, sus coches, sus lentos desplazamientos. Luego, en el siglo XX, acelera la cámara. Los libros, más breves, condensaciones. Resúmenes. Todo se reduce a la anécdota, al final brusco.

Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario. Claro está. exagero. Los diccionarios únicamente servían para buscar referencias. Pero eran muchos los que sólo sabían de Hamlet lo que había en una condensación de una página de un libro que afirmaba:
ahora, podrá leer por fin todos los clásicos. Manténgase al mismo nivel que sus vecinos. ¿Te das cuenta? Salir de la guardería infantil para ir a la Universidad y regresar a la guardería. Ésta ha sido la formación intelectual durante los últimos cinco siglos o más.
(...)

Los años de Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillo y tuercas.
(...)

La vida se convierte en una gran carrera. Todo se hace deprisa, de cualquier manera.

(...)

Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar ¿eh? Organiza y superorganiza deporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos y menos.

Farenheit 451. Ray Bradbury. 1953

¿A mí ésto de qué me suena?

El auténtico mérito de un visionario es que se adelanta a su tiempo.
.

1 comentario:

  1. ¡montemos la resistencia antes de que sea demasiado tarde!

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...