En tanto que la alegría en nuestros rostros
ilumine las arrugas más oscuras,
acunando en el seno de su risa
el fiel lamento de nuestras amarguras;
y en tanto que los oídos y los labios
se entretengan con palabras y locuras,
olvidando en el jardín de los recuerdos
otras voces más hirientes y más duras;
sigamos buscando la sabiduría
en el fondo oscuro de nuestras copas,
donde vive escondida la alegría,
que ya tendremos un día y una hora,
tras las dulces palabras y la risa,
para llorar sin luz, tristes y ... a solas.
Este soneto lo escribió Michel el 20 de septiembre de 1993. Seguramente ésta es la única copia.
Leyéndolo he recordado que la amistad es un bien universal pero no inmutable.
Por todos aquellos que se cayeron de la lista;
pero, sobre todo, por todos aquellos que todavía permanecéis en ella.
[Edito: puesto en contacto por mail con el autor, recibo la siguiente amenaza seguida de un interesante reto:
(...)
"En fin, que me plugo recordarlo y me parece que me voy a poner a hacer sonetos como loco cuando vaya andando por la calle e iré buscando entre los coches las metáforas, las rimas y los encabalgamientos si los hallare.
En cuanto tenga el primero, vive Dios que te lo mando.
Así que, repetid todos conmigo, plumíferos del mundo:
¡Viva el soneto!
Y atreveos con su estructura y sabréis lo que es sufrir".]

Brindo por ello...
ResponderEliminarMil besos, mil abrazos...
Es una belleza.
ResponderEliminar"Tomemos café con los amigos en vez de champan con gilipollas ".
ResponderEliminarLo oí el otro dia y me gustó.
Yo hace tiempo que decidí que sería así.
Deseando que llegue ese proximo café ( o gin-tonic, digo), besazo.
muy hermoso
ResponderEliminarPrecioso poema. Espero que Michel cumpla su amenaza.
ResponderEliminarUn saludo