domingo, 13 de enero de 2008

El segundo hombre más rico del mundo

En el despacho de un rascacielos en pleno corazón de Manhattan, el segundo hombre más rico del mundo, que había hecho su fortuna en un principio gracias a su genialidad con los computadores y más tarde robando las ideas de sus subalternos y competidores en la industria, hablaba por teléfono con un investigador.

Había sido un niño solitario y acomplejado, pero tan brillante, que se aburría en el colegio. A los quince años fabricó su primer ordenador en el garaje de su casa. A los veinte era millonario y, gracias a su inteligencia y su absoluta falta de escrúpulos, a los treinta tenía más dinero del que jamás hubiese imaginado. Pero su imperio había caído en picado. El monopolio que ejercía estaba llegando a su fin. Sabía que con la fortuna que poseía, podría vivir cómodamente el resto de sus días sin mover un solo dedo, pero la codicia le llevaba a desear más. Le molestaba enormemente ser el segundo.

Aquel día, sin embargo, recibió la noticia que llevaba esperando durante mucho tiempo.


Relato completo.

Este cuento es obra de Lorena Fernández y está bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-Compartir Igual.

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