lunes, 10 de mayo de 2010

¡jo, qué tropa!

 Fue Alvaro de Figueroa y Torres, Conde de Romanones, un conspicuo político de principios del siglo XX.

Como antes, o además, de político fue también un prolífico escritor y periodista fue propuesto para ocupar un puesto en la Real Academia de la Lengua.

El caso se saldó como sigue:

...le sugirió alguien que hiciese una visita de cortesía a todos los miembros de la Institución encareciéndoles su apoyo, porque esa era la costumbre.

Así es que venciendo el natural pudor cumplimentó ese requisito y todo el mundo le aseguró que su voto sería para él.

El día de la votación se acercó su secretario y en un aparte le dijo:

- Excelencia, traigo malas noticias: no hemos salido.

- ¿Cómo es posible? -preguntó perplejo- Pero si tenía garantizada la elección...

El funcionario se encogió de hombros.

- Pero entonces ¿cuántos votos he tenido?- quiso saber.

- Ninguno, Excelencia- musitó el secretario con un hilo de voz.

El político se quedó unos instantes pensativo y luego cabeceando ligeramente se volvió hacia su ayudante:

- ¡Jo, qué tropa!,- concluyó.

Esta edificante anécdota ayudará, sin duda, a comprender mejor el complejo carácter humano.

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Debo de confesar que esto de los condes, marqueses y todo lo que tenga título de monarquía me causa asombro, me parece como muy antiguo, de tiempos muy lejanos, por eso al leer sobre Alvaro de Figueroa y Torres, Conde de Romanones, político de principios del siglo XX, crei que era broma. Pero vaya anécdota, que duro. Puedo asegurarte que es sumamente actual, y que sucede allá y acá, si lo habré visto...

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  3. Fernando: si te soy sincero, cada vez que me acuerdo de la anécdota me sigue dando la risa floja imaginando la cara del probre conde...

    Magda: en España era típico conceder esos títulos rimbombantes a los prohombres. Sin ir más lejos, a Adolfo Suárez, padre de la transición decmocrática, se le concedió el de Duque como máxima distinción. Así somos.

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