lunes, 18 de febrero de 2008

El (a veces largo y tortuoso) camino al software libre

Usar software libre se ha convertido en una cuestión ideológica, estética incluso, que surge de la compresión de que los monopolios únicamente restringen, mientras que la libre circulación de ideas contribuye a su desarrollo, a través de las aportaciones que cada usuario pueda hacer.

Este concepto, sencillo e irresistible en teoría, todavía no ha sido socialmente aceptado, fundamentalmente, por la enorme resistencia al cambio de la sociedad en términos colectivos, y por lo profundamente arraigados que están determinados conceptos inmovilistas del tipo "si funciona no lo cambies", "más vale malo conocido que bueno por conocer" o "virgencita que me queda como estoy".


El software libre tiene un componente intrínseco que no poseen los otros dos sistemas operativos mayoritarios: libertad.

Pero, por desgracia, de nuestra capacidad para administrar esa libertad depende en gran parte que su uso resulte verdaderamente satisfactorio.


Tanto Windows como macOS nos crean la falsa ilusión de disponer de potentes recursos, de personalización casi ilimitada, dispuestos a solucionar todas nuestras necesidades sin tener que preocuparnos de nada: ellos se ocupan de todo (nota 1). Esta "realidad" suele ser suficiente incluso hasta el extremo de que estamos dispuestos a pagar periódicamente por esa tranquilidad.

La situación llega al paroxismo cuando, además, aceptamos que nos consideren inútiles, estúpidos o, más recientemente, ladrones.
Así que la adopción del software libre se impone como una cuestión intelectual.

Pero llegar a él, pese a lo que puedan opinar los que ya lo usan, no es fácil: primero, porque ya estamos demasiado acostumbrados al "modus operandi" del software comercial; segundo, porque la mayoría somos "pilotos" de software, no "mecánicos"; y tercero, porque todavía el software libre no ofrece soluciones viables para todos lo ámbitos laborales, aunque sí cubra prácticamente todas las necesidades domésticas.


Mi contacto con el software libre viene de la mano de
calocen. Fue él quien me habló del tema y quien me abrió, y sigue abriendo todavía, las primeras puertas con conducen al software libre.

Mi currículo como usuario de ordenador arranca con el MacPlus en los tiempos en los que no tenía ni disco duro; he sido (y soy) usuario de MacOSX por motivos profesionales; he sido víctima del excesivo precio de los apple y blanco de acusaciones de niño "pijo" por usarlos; apostaté de apple cuando llegó el momento de comprar mi primer portátil (que costó la mitad que su equivalente de la manzana); abracé de nuevo la fe maquera cuando llegó el momento de renovarlo (un inesperado cheque-regalo y el mac OS X decantaron la balanza); "He visto cosas que vosotros no creeríais": un MacBook correr con linux como si tal cosa; gestionar un Windows de forma remota desde un mac; Montar una web compleja en media hora... y todo ello utilizando únicamente los recursos que el software libre ponía al alcance de la mano de quien supiera usarlos.


Tomar, pues, la decisión de instalar un linux fue fácil. Sólo había que hacerlo: busca (¿dónde?) la distro apropiada (¿qué carajo es una distro?), descárgate la .iso (sic), grábala en un cd y luego lo usas de instalador. Puedes arrancar desde el CD (¿cómo se cambia el disco de arranque en un PC?) y probar antes de instalar; ¿porqué el mac no reconoce ese nuevo sistema operativo como válido para arrancar?


Todas estas dudas harán sonreir a los iniciados, pero para un lego absoluto en el tema, se tornan en problemas insalvables.


Así que, previa consulta a calocen, la decisión fue poner Parallels en el MacOsX e instalar sobre él de forma virtual la última versión de Ubuntu.




Conseguir Parallels fue fácil. Ya no lo fue tanto hacerlo funcionar, ya me entendéis.
Una vez instalado y funcionando todo fue coser y cantar: configurar algunas minucias como la cantidad de memoria asignada el disco virtual y bla, bla, bla... y decirle qué tenía que instalar; descargar el .iso de la última versión de Ubuntu (la 7.10) y dejar que la instalación se completara con éxito (momento cerveza).

Todo fue bien hasta que la instalación falló.



¿Y ahora qué? Miro por messenger si está calocen online. No está. Voy a la fisgona y pregunto: allí me atienden muy amablemente y me pasan unos enlaces que explican el mismo problema que yo he tenido y cómo solucionarlo.



Intento seguir las instrucciones de los enlaces y las que me dan online pero, finalmente, la conclusión es que no puedo arreglar el problema porque como no se ha completado la instalación, no puedo editar el archivo que se supone que hay que modificar. Todo esto, utilizando un "terminal", "cacharro" que no había utilizado nunca.


Como me veo en un bucle recursivo, decido descargar otra versión más antigua para ver si funciona y actualizar entonces a la versión nueva. Como no soy capaz de encontrar la versión 7.04, me descargo la 6.06 que es una LTS (Long term support, 3 años de soporte técnico). (momento cerveza).


Et voilá....


Ahora sí: Parallels reconoce el iso de Ubuntu 6.06, lo instala, me pide que rellene unos pocos datos (usuario, contraseña...) y ya tengo ante mí el tan esperado escritorio naranja que me apresuro a modificar antes de perder la vista.


Lo primero es abrir Firefox para lanzar la buena nueva a los cuatro vientos.
Pero las primeras dificultades comienzan en seguida: cómo instalar el correo electrónico, el jabber, cómo acceder al disco duro del mac sobre el que está instalado el virtual, si se puede, el lector rss, gimp, las actualizaciones pertinentes... todo tiene nombre nuevo... de nuevo minucias pero que me complican mi tranquila vida de usuario de software propietario...

Y volvemos al principio. Usar software libre es una decisión profunda, que exige querer ser el responsable y dueño de los recursos que empleas y de cómo los empleas.

Y eso requiere un esfuerzo al que ya no estaba acostumbrado.
Pero me resisto a no hacer el esfuerzo de saber qué hago y porqué. El software libre no me soluciona los aspectos profesionales porque no depende únicamente de mí, y creo que habrá que esperar mucho para que determinados fabricantes decidan desarrollar software de código abierto para gestionar sus máquinas.

Pero aún así, el camino está abierto y me voy a adentrar en él a ver hasta dónde me lleva.
.

(nota 1): un relato oriental cuenta cómo un rey tenía un pájaro al que admiraba por su hermoso y dulce canto, a la par que vistoso plumaje. Un día, un mercader le ofreció un pájaro de oro que también silbaba un hermosa melodía. El rey, deslumbrado, puso a nueva mascota en lugar preferente, apartando a su, hasta entonces, fiel amigo.
El rey se admiraba de la belleza de su nueva adquisición y de ser el único poseedor de semejante maravilla; todo el mundo lo alababa sin reparo. Un día, el rey observó en el jardín cómo una muchacha silbaba la misma melodía que su pájaro de oro. Al instante comprendió que su maravilla no hacía sino repetir siempre la misma música, mientras que su pájaro real cada vez entonaba un canto diferente.

3 comentarios:

  1. Despacito, y buena letra ;-)

    Enhorabuena por la decisión. No es habitual un switcher de Mac a Linux... ¡así que suerte!

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  2. gracias jotape.

    Estamos trabajado en ello....

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  3. Eres un campeón.
    Suerte.

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