lunes, 21 de abril de 2008

Ni el tiro del final

Revisó el tambor; lo hizo rodar.
Relampagueó brillos, reluciente.
Abrió el cajón del candado y colocó los cinco plomos.
Sobre el tintero yacía en total abulia el sobre lacrado.
La muchacha de la recepción no volvía hasta las cuatro.
Tres retratos enmarcados al borde del escritorio, bajo la luz tímida de la lámpara verde, le demoraron la mirada.
Con decoro o indiferencia quiso ultimarse en dos gestos contundentes: corregir la flojera del nudo en la corbata y abotonar el saco cruzado gris.
Mientras ejecutaba la venia, que era
el último adiós, (y el tiro certero del final) uno de los teléfonos sonó impaciente.

Absurdamente, levantó el tubo y, como pudo, solicitó unos minutos.
Ridículamente, la voz del otro lado se creyó contrariada y al rato declamó que, a juzgar por el estruendo, el teléfono se había caído.



Nicolás A. Valdés Mavrakis

Publicado originalmente en www.desequilibros.com.
Más obras del autor aquí.

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