lunes, 12 de mayo de 2008

Pregunta retórica




















Me detengo en la puerta al verme reflejado en el cristal. Miro a ambos lados por si alguien me ve entrar.


Entro con aire despistado como quien lo hace por primera vez.

Baja la escalera. Sonríe discreta. Me invita a quitarme ropa y a ponerme cómodo; me indica la estancia. Será sólo un momento.

Desaparece tras la puerta del baño. La oigo asearse.

Vuelve preparada y dispuesta.

Lo de siempre, supongo... pregunta sin preguntar.

La dejo hacer. Sus manos son suaves y firmes; ágiles y precisas; cuidadosas e infalibles.

Veo su reflejo en el espejo: sube, baja, gira; ve, mira, escudriña; me habla con voz dulce; preguntas cortas, directas, concretas, ineludibles.

Observa, estudia, vuelve a la carga. Es detallista, concienzuda; adivina mis pensamientos y deseos y se anticipa a mis temores.



Termina. Se aleja en la penumbra. Me relajo y reposo un rato mientras recupero el tono y la respiración.

Me cobra con la misma sonrisa cómplice del principio.

Salgo. Miro a ambos lados pero ya no temo que me vean salir.

Reviso de reojo mi reflejo en el cristal de la puerta; tiene razón: su corte pelo me favorece.


La imagen es el "Espejo Mirallmar", diseño de Eduard Samsó.

3 comentarios:

  1. Qué bueno cuando se lee y se disfruta un relato inteligente...

    ;)

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  2. Me encantó.
    Felicitaciones.

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  3. Era yo...
    A veces...voy tan deprisa...y me canso tanto...ja,ja,ja,
    Bsazo

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