miércoles, 25 de junio de 2008

¿A que cuando las gafas crecen se convierten en bicis?

Dicen que los niños y los borrachos nunca mienten. Teniendo en cuenta que los borrachos siempre niegan estarlo, creo que el último reducto de sinceridad son los niños.

Las frases que siguen se han cocido en la cabecita de una niña de tres años que, completamente desprovista de prejuicios y cargada de ingenuidad, explica su mundo con un punto de vista libre, creativo y, a veces, brillante.


- Yo no me enfado; se ha enfadado el enfado él solo;


- No me he manchado; la miel se mancha con mi mano;


- Me muevo así porque tengo estrellas en el culete;


- ¿Qué haces? - Estoy cociendo una canción;


- Los fantasmas son buenos, pero están siempre tristes;


- Huele a sol; (mañana soleada de primavera, al salir de casa);


Dibujo de una cara. En la parte de la boca hay dibujada una letra E:
- ...qué boca más original...
- No es una boca: es que está diciendo "eeeehhhh"


- Éste es un árbol que da nubes; (el árbol, a modo de chimenea, escupe nubes, no humo);

- ¿A que cuando las gafas crecen se convierten en bicis?













..............

Si tenéis alguna genialidad más, bienvenida.

8 comentarios:

  1. Qué bueno!, son geniales estos pequeños. El mío aún no tiene 2 años y de momento sólo repite las cosas que decimos los mayores, pero igual de delicioso.

    Un saludo,
    J.

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  2. Te recomiendo que te vayas apuntando todas sus genialidades.

    Pasa el tiempo y se olvidan y algunas son verdaramente únicas. Y eso que el contexto no es fácil de transmitir.

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  3. Es una delicia leer frases asi. Si además conoces a la autora, ya es el acabose.

    Mil besitos a esa genialidad que tienes en casa...

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  4. ese encantador diablillo... ¡¡te está negociando una bici!!
    o haces chorizos con ella, o no va a ver solución.

    no olvides mineralizarla y vitaminarla.

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  5. Vaya con les peques, son tran inteligentes que ojalá gobernaran el mundo.

    Lo de "huele a sol", es un poema.

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  6. Qué bonita es.
    No creas que todos son tan originales, ni mucho menos.
    Al mío de cinco le da por representar todo lo que ve en cuentos y películas, y suelta sus soliloquios en el momento más inesperado, como "¡Y un potente rayo para combinarlo todo!" mientras se lava los dientes; o "Sucia rata callejera, ¡te echarán de menos tus piojos! jugando a espadachines.
    De todos modos, como dices, el contexto, el momento, es intransmisible.

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  7. Buena recomendación la de apuntar sus genialidades; uno se cree que las va a recordar siempre y, lamentablemente, se olvidan.
    Yo tengo dos niñas (bueno, ya tienen catorce y once años); la mayor nació en Tudela, en Navarra, donde vivimos dos años. Cuando tenían siete y cuatro, fuimos con ellas a que conocieran el sitio donde nació Marta. "Mira, esta es Tudela, ¿te gusta?" Y Laura, la peque, celosilla ella: "¿Y mi dela, dónde está mi dela? ¡Yo también quiero ir a mi dela!"
    Otra: con unos siete u ocho años, dibuja Laura un retrato de su abuelo, y le pone un bocadillo con una frase "i ke música es esta"; le digo que tiene que cambiar la i por y y la k por qu y ponerle acento a la e; "Mamá, es una onomatopeya, hombre". Hay que decir que tiene salidas para todo, aunque es un pelín vaga.
    Otra: en un cole le pasan a la clase de Marta (con siete años) unos test psicológicos; nos llaman y voy toda preocupada. Me dice la psicóloga que Marta ha respondido preguntas como "¿Con quién juegas?", "Con papá hago...", "Con mamá hago..." y que ha dejado en blanco "Para ser feliz necesito...", "Sería feliz si...", y que está claro que no es porque no sepa expresarse. Está preocupada por su felicidad y me lo explica primero y luego llama a Marta. Con mucho tacto, la psicóloga habla y habla con ella hasta ir al grano: ¿por qué no ha respondido a esas preguntas?. "Ah, dice Marta, yo creía que esas las tenían que contestar los niños infelices". Me voy más contenta que una pascuas.
    Un beso.

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  8. Ana: lo de Tudela es genial.
    Fernando: tienes a un superhéroe en casa...

    He recordado otra genialidad del acervo familiar:

    Un primo vive en San Francisco. Su madre siempre le decía que España estaba a orillas de un mar que no era tan grande como el Pacífico. Cuando por fin vino a España -era un niño todavía- y conoció el Mediterráneo, exclamó:
    - qué pequeño!

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