domingo, 10 de agosto de 2008

"Saber perder" de David Trueba






















El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear.

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David Trueba. Saber perder.

2 comentarios:

  1. Hay varios momentos repetitivos en mi vida de sumo placer, uno de ellos es en verano ver jugar a mis hijos en el mar sentada en una silla de playa con los pies dentro del agua y leyendo una buena novela. >Todos los veranos me esfuerzo por conseguir que unos días esta escena se repita y me reporte dicho placer, la elección de la novela es clave, obviamente, igual que la claridad del agua, una vez más este verano lo he vuelto a lograr, Lástima que la novela de Trueba me durara solo 6 días.
    Curiosamente ese párrafo hizo que volviera atrás para releerlo unas cuantas veces.
    Ojalá tenga oprtunidad de decírselo algún día....quien sabe...

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  2. SABER PERDER
    De la primera novela de David Trueba me llamó la atención el estilo ágil y fresco, la rapidez cinematográfica y la imaginación. Me desagradó el humor macabro, las groserías, lo morboso de algunas situaciones, la ridiculización de la religión y el excesivo peso de las cuestiones sexuales.

    La segunda la dejé pasar pues leí que estaba centrada en las correrías sexuales de los protagonistas.

    La tercera la he leído hasta la mitad. Tres generaciones de una familia:

    - La abuela muriéndose de cáncer. El abuelo -un pianista frustrado- engañándola mientras tanto con una prostituta negra.
    - El hijo, abandonado por su mujer, acaba de asesinar a un antiguo socio. Se enamora de una colombiana sin papeles y no para hasta que la lleva al huerto.
    - La nieta de 16 años está obsesionada por perder la virginidad. Busca sexo con un compañero al que no quiere y luego se lía con un futbolista argentino.

    Todos son patéticos y sufridores. Quieren arreglar sus vidas con el placer y no logran arreglar nada. Trueba insiste en explicar con detalle cada encuentro íntimo y, por si alguien no se ha enterado de cómo funciona, vuelve a explayarse en el siguiente. Los personajes no son malas personas, es sólo que su horizonte moral puede describirse en la mitad de una octavilla.

    La novela se lee bien porque, a pesar de todo, quieres saber qué pasa a los personajes. El estilo es de frases breves y cortas, visual, con diálogos creíbles y destellos de ingenio. Tiene bastante gracia a veces y muchos detalles circunstanciales son reales y cercanos.

    Desisto porque quedan trescientas páginas y esto no me aporta nada ni me entretiene.

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