miércoles, 15 de octubre de 2008

Una carta a Franco (La intrahistoria de la memoria histórica)

Recuperar la memoria histórica es una obligación. No sólo para aprender del pasado o para resarcir a las víctimas de nuestros errores, sino para recuperar el paisaje de nuestra propia historia.

Las grandes gestas, los horrores indescriptibles, las injusticias incalificables, las traiciones perversas, las heroicidades desinteresadas... no son más que los grandes titulares que llenan las páginas y los minutos de los medios de comunicación.

Pero antes que todo eso, o además, está la intrahistoria (como diría Unamuno) sobre la que se sustenta todo lo demás. Todos tenemos una pequeña realidad que añadir al conjunto, y la suma de todas esas pequeñas realidades ayudan a comprender mejor el verdadero alcance y repercusión de los hechos.

Lo que sigue es una historia real. Es una pequeña parte de la intrahistoria familiar, redactada por uno de sus miembros, que afectó y cambió las vidas de todos sus actores, tanto a los protagonistas como a los secundarios, como a los que vinieron después; alguno de ellos quizá nunca supo hasta qué punto su intervención fue trascendental.

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Una carta a Franco

La guerra civil española atacó muy fuerte a Asturias, que quedó en zona "roja" o republicana; todos los días había bombardeos en el pueblo donde yo vivía, Nava.

Mi padre era capataz agrícola de una granja del estado, granja ganadera y agrícola. Éramos nueve hermanos. Mis padres eran gallegos de Monforte de Lemos pero los hijos nacimos todos en Nava; éramos asturianos.

Como la guerra la ganó Franco, o sea, los "nacionales", todo el pueblo quedó bajo sospecha de que eran rojos, o sea, comunistas. Mi padre no era de ninguna ideología política; sólo era un padre de familia con su trabajo diario. Mi madre era muy religiosa.

Acabada la guerra empiezan a aparecer las envidias y rencores propios del momento y de un pueblo pequeño: claro, había que estar con los ganadores y como mi padre era neutral, no se lo perdonaron ni unos ni otros.

Ocurrió que el ingeniero de la Granja también estuvo metido en el mismo lío y, no sé porqué motivo, tuvo la necesidad, en un momento en que a él también lo denunciaron, de contar con el testimonio de mi padre, que tenía que ir a Oviedo a testificar.

El día antes de esta cita se presentaron en nuestra casa tres hombres con fusiles, de noche (yo tenía siete años pero me acuerdo de aquellos hombres vestidos de oscuro) para decirle que si iba a declarar lo mataban.
Claro, no fue.

También recuerdo que tuvo que huir unos días y anduvo por los montes escondiéndose porque si no lo mataban unos lo matarían los otros: o los vencedores o los vencidos; un caos.

Después de este suceso fue declarado "rojo" y como era funcionario no podían permitir que desempeñase un cargo público o del estado. Por tanto, lo expulsaron del trabajo y se quedó en la calle con nueve hijos.

Al terminar la guerra abrieron en el pueblo un comedor de Auxilio Social para los niños. Mis hermanos y yo acudimos los primeros días como todos los niños del pueblo. Pero un día llegaron unos señores y no nos dejaron entrar porque éramos "hijos de un rojo".

No se resignó a semejantes injusticias y decidió escribir una carta a Franco. En ella explicaba los pormenores del caso. Le ayudó a redactarla el maestro del pueblo, que se llamaba D. Benjamín. Pedía que investigaran lo ocurrido con el fin de corregir semejante injusticia.

Él me contó que cuando echó la carta pensó que no la iba a leer nadie. ¿Quién iba a molestarse en leer aquella carta de un pobre hombre, escrita a mano y seguramente mal redactada?

A patir de entonces mi padre se buscó la vida como pudo: arrendó unas tierras que cultivaba; fabricaba zuecos (era muy mañoso), teníamos una vaca y un cerdo y un gallinero lleno de gallinas, un huerto que nos proporcionaba verduras y además estábamos rodeados de manzanos y castaños, así que teníamos el alimento asegurado.

Transcurrieron tres años (y en ese tiempo mi padre siempre estaba pendiente del correo) cuando, por fin, le llega la noticia de que se presentara en Gijón. Le llamaba su antiguo jefe, el ingeniero de la granja, para comunicarle la buena noticia de que había revisado su caso, en lo que él había tomado parte, y que lo rehabilitaban en su antiguo cargo y le pagarían los atrasos.
Me imagino lo que debió ser aquello para mis padres.

El ingeniero le aconsejó que no se quedara en el pueblo porque iba a tener problemas. Le ofrecieron ir a Palencia o a otro pueblo de Asturias que se llamaba Grado. Eligió Palencia.

Nos compraron ropa nueva a todos y nos trasladamos a Palencia en abril de 1942.

Un motivo por el que pudieron denunciar a mi padre de que era comunista fue que "La Pasionaria" vivió durante algún tiempo, sobre todo al principio de la guerra, en una casa o un chalet que estaba muy cerca de donde vivíamos nosotros, y sospechaban que había tenido encuentros con ella.

La Pasionaria huyó cuando empezaron a ponerse las cosas complicadas para ella. Se marchó a Fancia, donde estuvo exiliada, como todo el mundo sabe.

13 comentarios:

  1. Mmm...hay manera alguna de saber como sigue la historia?
    Me quedé a mitad, me encantó.
    Gracias por estos ratines.

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  2. Enhorabuena por el post. Me ha gustado mucho ese acercamiento tan humano.
    Un saludo

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  3. Malena: la historia sigue... y llega hasta aquí.

    Tarkovsky: gracias de nuevo. Todos tenemos algo que aportar. Estas historias son tan reales como las de los grandes titulares.

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  4. Qué bonito, y con final feliz. Me pregunto cuántos miles de historias parecidas tiene que haber en la historia...
    Un saludo,
    J.

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  5. Contada tal como fue, sin efectismos ni dramatismos (a pesar del drama verdadero); sin odio ni rencor, pero recordando siempre.
    Muy emotivo.

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  6. La intrahistoria siempre nos deja con un sabor agridulce. Gracias por esta magnífica muestra de cómo sucedieron las cosas.

    Podría quedarme horas mirando las fotos... ;)

    Besitos.

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  7. Que siga ¡ Que siga ¡ Que siga ¡
    Felicitaciones para la autora.
    Besines dicen en Asturies, no?
    Muchos besines entonces.

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  8. Fernando de Laguno3 de junio de 2015, 12:30

    Ojalá llegue el día en que solo se recuerden estas cosas y podamos, de una vez, liberarnos del odio y el revanchismo que aun campea por los campos -valga la redundancia- de España.
    Gracias y un saludo.

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  9. muy lindo relato, me acorde de esa novela el aleman de la hora 25,gracias

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  10. Franco fué un genocida implacable, insensible y sádico. Tan es asi que habiendo sufrido en Africa una herida de bala a punto de quitarle la vida, el médico militar, cirujano que lo atendío le salvó con su oportuna intervención con medios limitadisimos. Termanda la guerra el médico cirujano fué condenado a muerte por fusilamiento. La madre de éste médico cirijano, le pidío audiencia a Franco para pedir por la vida de su hijo a cuyo ruego Franco respondío asi: SU HIJO, SEÑORA, CUMPLIO CON SU DEBER DE MÉDICO SALVANDOME LA VIDA Y YO CUMPLIRÉ AHORA CON EL MIO FIRMANDO SU PENA DE MUERTE.

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  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  12. No me vengan con cuentos de historias increibles, Dolores Ibarruri , la Pasionaria jamás vivio en Nava,durante la guerra civil española, mucho menos en un chalet. Los relatos y las hitorias de un niño de7 años confunden realidad con ficción. Mi madre me ha contado, cómo en presencia de ella, una niña de 9 años y de su madre ( mi abuela ) presenciaron el asesinato de un primo suyo a manos de los caciques de un pueblo en el occidente de Asturias, en Boal, concretamente. Este asesinato se cometió en un lugar conocido cómo el Santín en Penouta y todos y cada uno de los ancianos de Boal conoce el nombre de los asesinos y sus familias. Hasta el día de hoy, ninguno ha sido juzgado ni mucho menos se les exigió pedri PERDÓN PUBLICAMENTE en la plaZa de Boal, frente a la Iglesia o dónde la parada de táxis... NO PUEDE EXISTIR OLVIDO,NI PAZ INDIVIDUAL, MIENTRAS NO SE REPARE LA INJUSTICIA Y SE RESTITUYA EL LEGITIMO GOBIERNO DE LA REPÚBLICA. Todo lo demás serán fomentos de paños calientes, que no serviran de nada JAMÁS porque los martires claman JUSTICIA desde las cunetas de las carreteras , las veredas de los montes o las zanjas abiertas en medio de los campos de Castilla o cualquier otra parte de España, dónde reposan nuestros antepasados.

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  13. No entiendo bien de que va la historia, ¿Qué le pasó al ingeniero de la granja, lo fusilaron por falta de un honesto testimonio?, según el relato parece que era inocente y víctima de las envidias del pueblo. Otra cosa: no se publica el contenido de la carta exculpatoria ¿Delataría a otros vecinos? Solo así Franco se mostraría "magnánimo"

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