martes, 4 de noviembre de 2008

"Charlas de café" con Ramón y Cajal


"El hombre que se dedica a la ciencia, al laboratorio, no tiene necesidad de ser un cartujo. Todo lo contrario, es necesario, para no anquilosarse y aliviar la tensión nerviosa acumulada en el trabajo, dejar vagar la imaginación por los amenos vergeles de la literatura, arte, costumbrismo, etc., aunque desempeñemos en ellos un modesto papel, y para ello, nada mejor que relacionarse con toda clase de personas siendo asiduo de cafés, peñas y casinos".


Esto escribía Ramón y Cajal en sus Recuerdos, en 1932.
Y fruto de esa declaración de intenciones es Charlas de café.
Todo el libro es una sucesión de reflexiones, "pensamientos, anécdotas y confidencias", que muestran el lado más humano y, seguramente, menos conocido, de una de las mentes más preclaras y polifacéticas que ha dado este país. Todo ello sin olvidar que fue también un hombre de su tiempo.

En la introducción del libro, Mª Ángeles Ramón y Cajal Junquera, nos cuenta que:

"Charlas de café es una mezcla de los diversos temas y problemas que se discutían en las tertulias; los que le habían interesado más. Escribe sobre ello con humor a veces, con ironía otras y llega a ser cáustico o apasionadamente vehemente. Cajal estudiaba a sus congéneres como seres individuales y como grupo... y hacía un análisis profundo de las ideas que se exponían. No es de extrañar que aquellos que se veían o se vean retratados hayan descalificado la obra en su época y en la nuestra: es un libro en el que, entre bromas e ironías, se dicen muchas verdades".



Dice el propio Cajal, en "Dos palabras al lector", que

El librito actual es una colección de fantasías, divagaciones, comentarios y juicios, ora serios, ora jocosos, provocados durante algunos años por la candente y estimulante atmósfera del café. A ellos se han agregado algunas anécdotas personales y unos pocos comentarios, inspirados en sucesos recientes o en nuevas lecturas. Apresúrome a decir que no trato aquí de sentar doctrina ni de atacar creencias dignas de todo respeto. Rechazo, pues, categóricamente la responsabilidad de muchas opiniones, exageradas, frases hiperbólicas, expansiones bufonescas o sentimientos demasiado pesimistas. Fuera excesivo concederles valor absoluto, ya que traducen estados de alma fugitivos, suscitados por pareceres y sentimientos antagonistas.


Y finaliza explicando qué dos (que son tres, en realidad) impulsos han movido su pluma:

Aparte la grafomanía, que suele exacerbarse en la senectud (el viejo, casi siempre solitario, tiende, por compensación, a convertir en diálogo el monólogo), han movido mi pluma dos impulsos: primeramente, la tendencia casi irresistible de todo pensamiento a revestir, como la plántula incluida en la semilla, una forma capaz de erguirse al aire y a la luz; y en segundo lugar, la esperanza, acaso quimérica, de que a despecho del fárrago de juicios inconsistentes, paradójicos o extremadamente pesimistas, encuentre el lector alguna apreciación exacta o algún consejo provechoso, fruto tardío, y frecuentemente amargo, de la experiencia.

Con ese mismo último propósito os recomendamos también nosotros a sumergiros en una Charla de café con Santiago Ramón y Cajal.

El libro está dividido en once capítulos temáticos:
1.- sobre la amistad, la antipatía, la ingratitud y el odio;
2.- Sobre el amor y las mujeres;
3.- En torno de la vejez y del dolor;
4.- Alrededor de la muerte, la inmortalidad y la gloria;
5.- Sobre el genio, el talento y la necedad;
6.- Acerca de la conversación, la polémica, las opiniones, la oratoria, etc.;
7.- Sobre el carácter, la moral y las costumbres;
8.- Pensamientos de tendencia pedagógica y educativa;
9.- Con tendencias a la literatura y al arte;
10.- Sobre política, la guerra, cuestiones sociales, etcétera;
11.- Pensamientos de sabor humorístico y anecdótico.

No sorprende en absoluto lo actuales que resultan muchas de sus reflexiones.

He aquí alguna de sus "perlas":

- Conócense infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.

- Las cabezas deben juzgarse como los bolsillos. Al hacerlas sonar con las sacudidas de la conversación advertimos enseguida que unas contienen el oro de la sabiduría y del ingenio y otras la calderilla de la vulgaridad y de la rutina.

- Si cuando discutes se alegra demasiado la galería, recela que tú o tus impugnadores habéis sacado las cosas de quicio o tratado sin decoro la cuestión.

- Por lo general, sólo son sinceras las opiniones expuestas en las tertulias íntimas, formadas por escasas personas. En cuanto hay galería y teatro, todos somos un poco histriones.

- Lo que entra en la mente por vía de razonamiento, cabe ser corregido; lo admitido por la fe, casi nunca.

- Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando deberías agradecerlas; sus golpes no te hieren, te esculpen.

- Salvadas las inevitables excepciones, paréceme que en España, al revés que del extranjero, los hombres de arte o de ciencia se asocian para descansar..., a veces sin haber trabajado nunca.

- Comparables a la ola, que rompe impetuosa en la playa, son muchos escritores: mucha espuma y poco fondo.

- Ocurre con los adjetivos lo que con los billetes de banco: se deprecian de día en día.

- Quien todo lo manosea, todo o mancha.

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Carlas de café. Santiago Ramón y Cajal.
Espasa Calpe, 1941, 2000
Edición especial a cargo de Territorio Museo del Prepirineo.
Gobierno de Aragón

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Ramón y Cajal en DesEquiLIBROS:

Más que escasez de medios, lo que hay es miseria de voluntad

"A mí no me gusta hablar a tontas y a locas"

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