lunes, 17 de noviembre de 2008

La apuesta que Quevedo hizo con sus amigos y de cómo la ganó

(Aquí quedaron algunos jugosos comentarios.)

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Conocidos son la afición a las tascas y el
résped de Quevedo. De la fusión de ambas con su inefable ingenio surge una de las anécdotas más ilustrativas de su perfil y de su época.

Cuentan que D. Francisco se encontraba con sus amigos en la taberna sacando punta a los cotilleos y habladurías de la corte.

Pero ése día su afilado verbo apuntó a la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, que sufría de cierta cojera.

Y apostó con sus amigos que él le llamaría "coja" a la cara sin que la reina se ofendiese ni él mismo incurriese en grave desacato.

Al parecer, el monto de la apuesta ascendió a "Mil dineros pusieron sobre la mugrienta mesa y si Quevedo ganaba, recibiría otros mil del Marqués de Calatrava".

Allá fue, pues, nuestro ínclito personaje a cumplir su apuesta:
Llegado el día decidido se presentó Quevedo ante la soberana portando en su diestra una rosa y un clavel en la siniestra.
Ahí estaba toda la corte reunida y ante público tan noble, a modo de testigos, mostró ambas flores a la reina para que admirara su textura y gozara de su aroma y entonces haciendo una reverencia le declaró:
"Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja"

La figura retórica utilizada por Quevedo se conoce con el nombre de calambur: Agrupación de las sílabas de una o más palabras de tal manera que se altera totalmente el significado de estas.

Otro brillante calambur atribuido a Quevedo:

"Ella esclava y él esclavo que quiere hincársele en medio".
Ella esclava y él es clavo que quiere hincársele en medio.


Y otro más reciente en alusión a la Presidenta de la Comunidad de Madrid:
"Espejo de lo que somos"
"Espe jode lo que somos"



Coda:
Pero como Quevedo no se casaba con nadie, también se las tuvo con el Rey:
En cierta ocasión le pidió Felipe IV que le improvisara unos versos;
Quevedo le contestó que le diese pie, o sea, que le diese un motivo.
Era normal que alguien expusiera un primer verso y luego el poeta continuara; pero el rey se lo tomó literal, y le presentó un pie.

Quevedo se arrodilló, lo tomó entre sus manos, y le dijo:

En esta postura
dais a entender, señor,
que vos sois la cabalgadura
y yo el herrador.


El genio siempre al límite.

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Bibliografía:
Entre la rosa y el clavel.
Yahoo! respuestas.
Calambur en wikipedia.

Más sobre Quevedo en DesEquiLIBROS:
Quevedo vs. Góngora o el arte de insultar

4 comentarios:

  1. Muy interesante, no conocía que ésta práctica tuviera nombre.

    Quevedo un crack.

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  2. Recuerdo que mi abuelo me contaba esa anécdota de pequeño, pero aún iba un paso más allá :)

    El rey, ofendido e imbuida de justa ira por la ofensa del poeta, pero incapaz de admitirse humillado a los ojos de la plebe, quiso darle una injusticia e hizo contratar a cuatro bribones de mala calaña que se personaron en sus dependencias a horas intempestivas.
    - ¿Qué os trae a estas horas buenos señores? -preguntó Quevedo, receloso de la tardía visita, no del todo inesperada.
    El más malcarado de todos, un individuo con una cicatriz que le cruzaba el rostro de lado a lado le espetó con sorna:
    - Venimos a hacer de cuerpo en tu cama por orden del rey.
    El ingenio de Quevedo estuvo a la altura de su fama. Cogiendo una pistola que guardaba cargada cerca de su cama para maridos furiosos y lectores poco amantes de sus rimas, apuntó al grupo de rufianes y dijo en voz muy calmada:
    -De acuerdo, proceded pues con vuestra faena, y haced de vientre sobre mi cama, pero... -continuó agitando la pistola- ¡al que se mee lo mato aquí mismo!

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  3. Según el libro de LA Historia de España contada por Forges, editado hace mucho años, los versos quedan así:

    "Adoptando tal postura
    dais a entender, señor
    que yo soy el herrador
    y vos la cabalgadura"

    ...que es los mismo, pero no es igual...
    Un saludo
    PPHILLO

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  4. En este país ser genio fue siempre un delito en sí mismo. Y al límite, ya qué decir.

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