viernes, 19 de diciembre de 2008

No es bueno para la mujeres: es la búsqueda de la excelencia

La elección de Inés Fernández-Ordóñez para el sillón "P" de la RAE ha ocupado algo de espacio en las secciones de cultura de los medios de comunicación. Y siempre dando relevacia al hecho de que se trata de una mujer (que hace el número 4 de 44 sillones).
Y el tono de los analistas siempre hace hincapié en que es bueno para las mujeres, porque hace justicia con la mayor presencia de la mujer en la sociedad española y porne de manifiesto su cada día mayor importancia a todos los niveles.

Ministerios de Igualdad aparte y anquilosamiento de ciertas instituciones académicas mediante, la propuesta de esta filóloga como académica, según una de sus mentoras, Margarita Salas, no lo fue por ser mujer, sino porque la RAE «busca la excelencia».

En una entrevista con ABC, la propia Fernández-Ordoñez, a la pregunta de si la RAE es machista, responde:
Bueno... Un poco sí. La proporción de mujeres académicas no está de acuerdo con el papel que representa la mujer ni en la universidad ni en el mundo de la cultura. Pero también hay que tener en cuenta que uno accede a la Academia al final de una larga trayectoria profesional, y que en la Universidad, por ejemplo, sólo hay un 15 por ciento de mujeres catedráticas.


El asunto tiene un fondo social más profundo que la mera introducción de cuotas. Se trata de entender, efectivamente, el papel fundamental que la mujer ha cobrado ya de hecho en la cultura y en la sociedad actuales, papel que todavía se ningunea desde determinados estamentos, medios y cavernas ideológicas.

Todavía me duele cuando recuerdo que María Moliner no fue aceptada en la Academia. Eran otros tiempos, dirán. Eso espero.

1 comentario:

  1. Es verdad que lo de María Moliner fue una de las injusticias más claras en la historia de la Academia del siglo XX. Ya lo dijo ella, como recuerda la wikipedia:

    "El siete de noviembre de 1972, el escritor Daniel Sueiro entrevistaba en HERALDO a María Moliner. El titular era un interrogante: “¿Será María Moliner la primera mujer que entre en la Academia?”. La habían propuesto Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo. El electo, a la postre, sería Emilio Alarcos Llorach. María decía una de las frases suyas que más veces se han repetido: “Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia. (…) Mi obra es limpiamente el diccionario”. Más adelante agregaba: “Desde luego es una cosa indicada que un filósofo entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: ‘¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!”."

    Y si Inés Fernández-Ordóñez no lo dice, lo digo yo, numerosos académicos —y no de los más viejos, por cierto— han expresado en numerosas ocasiones actitudes machistas; para no hablar de cómo es el mundo académico en el ámbito de humanidades en España. Un saludo

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