lunes, 15 de diciembre de 2008

Saviano, Rushdie, Quevedo, escritores en prisión y la fábula de los monos enjaulados

El año pasado recomendábamos regalar libros en Navidad. Aquellas recomendaciones siguen vigentes, pero este año la lista va a ser más breve y le vamos a dar un tono diferente: el de la denuncia.

Hace unos días, el blog Los futuros del libro publicó un post dedicado a los "escritores en prisión" en el que afirmaba:
"pero mientras casi un centenar de escritores sigan padeciendo fementidamente en el mundo persecución y encarcelamiento, tortura y escarnio, lo más esencial de nuestras libertades habrá sido también encarcelado."


Continuaba con una relación de iniciativas destinadas a denunciar estos atropellos, y una lista de escritores "condenados" por serlo. Concluye de esta manera:
"...mientras ellos no sean plenamente libres nosotros no lo seremos tampoco, y que mientras no utilicemos la potencia de los medios electrónicos para denunciar el quebrantamiento de sus vidas, todo será cháchara digital".


Aún a riesgo de contribuir a la cháchara digital no puedo menos que aportar mi granito de arena.

Cualquiera de los autores citados en el post de Los futuros del libro merece el homenaje de la compra de sus libros o de la lectura de sus obras, aunque únicamente sea como condena a su situación de privación de libertad por el crimen de ejercer su derecho a la libre expresión.

Hay dos autores cuya inefable persecución se ha convertido en paradigma de la estupidez y la prepotencia de criminales y fanáticos: Saviano y Rushdie. Ambos condenados a muerte por hablar.

Saviano, por aquellos a quienes nombra y denuncia por sus crímenes: la Camorra.
La lectura de Gomorra estremece por la naturalidad con la que hemos aceptado lo intolerable y por la complicidad de la que somos partícipes; estremece porque nos lanza a la cara lo rentable que resulta para los opresores que miremos para otro lado. Estremece porque nos arroja la pregunta de si realmente podemos hacer algo. Qué mala respuesta tiene esa reflexión.

La condena de Rushdie siempre ha recordado, y hoy día cada vez más, a la fábula de la jaula de monos:
...la de los monos encerrados por un grupo de científicos en una jaula con una escalera en el centro y unos plátanos en el techo; cada vez que un mono intentaba subir a por los plátanos, los científicos les rociaban con agua fría a presión. Así hasta que dejaron de intentar recuperar la comida por miedo al manguerazo. Los científicos sustituyeron a uno de los monos y trajeron a uno nuevo. Ajeno a las "normas", intentó subir por la escalera; los demás monos la emprendieron a golpes con él hasta que consiguieron que dejara de hacerlo. El mono nuevo no llegó a sufrir el manguerazo de agua fría, pero le quedó claro que por la escalera no había que subir, a pesar del hambre. Los científicos sustituyeron a todos los monos originales, uno por uno. A pesar de no conocer el motivo, ningún mono subía nunca por al escalera, porque ya sabía que sería inmediatamente represaliado por sus congéneres.


¿Qué pinta Quevedo en todo ésto? Pues que fue el autor de unos versos que, todavía hoy, a pesar del tiempo transcurrido, permanencen vigentes:

No he de callar, por más con el dedo
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.


Lean a Saviano, a Rushdie a José Luis García Paneque, Dolma Kyabo... y encontrarán, no sólo literaturas de otros lugares y otras realidades, sino también la expresión libre de quienes ejercen su derecho a tener criterio propio y a expresarlo.

Os brindo este meme navideño a cuantos os apetezca contribuir.

1 comentario:

  1. al menos a rushdie.
    borré "zapatazo", te doy la razón.
    sí, en estas fechas me autoregalo y regalo libricos, de los prohibidos y de los bestsellers. ;)

    abracico.

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