miércoles, 25 de marzo de 2009

Cómo terminar con una amistad













Hans Christian Andersen y Charles Dickens se conocieron en 1847.


Como consecuencia de aquel encuentro nació una cordial amistad basada en una periódica correspondencia, que desembocó, diez años más tarde, en la invitación formal que Dickens cursó a Andersen para que se quedase en su casa dos semanas.
Lo cierto es que la estancia se prolongó mucho más de lo esperado y, como consecuencia de ello, la correspondencia se interrumpió. Algo no salió según lo previsto.


Veamos los antecedentes y cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Lo primero que conviene aclarar es que a mediados del siglo XIX escasamente acababa de nacer el ferrocarril y el automóvil no estaba más que en los grabados de Leonardo. Así que los viajes todavía se hacían en carro de caballos y, llegado el caso, en barco. Las líneas de comunicación no tenían la periodicidad actual y los costes de afrontar grandes desplazamientos eran enormes. Tampoco existía una red de alojamientos turísticos a disposición del público viajero.

No era de extrañar, pues, que las invitaciones implicaran acoger a las visitas en casa del anfitrión y correr con el alojamiento y demás servicios como cortesía hacia los invitados.
El cine se ha ocupado de retratar esta realidad en numerosas ocasiones.

Dicho lo cual: Andersen viajó por primera vez a Inglaterra en 1844, y tanto le gustó, que volvió tres años después, invitado por la Condesa de Blessington, escritora y anfitriona de escritores e intelectuales en su famoso salón londinense.

Fue allí donde Andersen conoció a Dickens, a quien consideraba el "escritor más grande de su tiempo". El entusiasmo fue mutuo, así que Dickens volvió a casa de Blessington al mes siguiente con intención de volver a charlar con su colega.
Como quiera que no lo encontró, dejó allí unos cuantos ejemplares de sus obras, dedicados cariñosamente a Andersen: "A Hans Christian Andersen, de su amigo y admirador, Charles Dickens, Londres, julio de 1847".

Así nació una fluida correspondencia que habría de durar diez años, hasta que Dickens invitó a su amigo a visitarle y permanecer en su casa.

Andersen aceptó encantado y, por cortesía, suponemos, aseguró que causaría las menores molestias posibles porque sólo permanecería en su casa dos semanas y tendría una agenda bastante ocupada.

Hasta aquí las buenas intenciones.
Pero los acontecimientos se desarrollaron de forma inesperada para Dickens.

Andersen resultó ser un huésped un tanto "molesto": no sólo se quedó cinco semanas sino que "demostró ser un neurótico patológico, hipocondríaco y capaz de encerrarse en "su" cuarto durante días enteros".
La hija de Dickens lo llamaba el "huesudo aburrido".

Pese a las indirectas de Dickens (incapaz, como buen británico de echar a nadie de su casa), Andersen no se dio por aludido y permaneció allí las citadas cinco semanas, excediendo sin duda los límites de la amistad y de la hospitalidad.

Cuando finalmente se fue, Dickens escribió en el espejo de la habitación de invitados: "Hans Andersen durmió en este cuarto durante cinco semanas".

Suponemos que Andersen disfrutó mucho de la estancia en casa de Dickens y también suponemos que nunca se explicó porqué su amigo dejó de contestar sus cartas.

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Bibliografía:
- Charles Dickens en wikipedia, de donde está tomada su foto.
- David Perdue's Charles Dickens page.
- Obras de Dickens en el Proyecto Gutemberg.
- Andersen era un plomo
- Hans Christian Andersen en wikipedia, de donde está sacada la foto.
- Página de H.C. Andersen.
- Los cuentos de Andersen.

6 comentarios:

  1. Ni tampoco acoger...

    así que lo corrijo.

    Gracias

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  2. a coger a las visitas,
    es aún más correcto,
    "y no es de extrañar, pues" digo yo, que quienes visitamos la página, a base de darnos cera, avergonzadas de tan buenas cogidas, terminemos puliéndolo alguna vez a vuesa merced, siendo esto meritorio de haber aprendido algo,

    y que esto no nos aparte de la buena anécdota, recogida en el post...
    yo, la verdad es que no he leído nada de estos dos. Cuando mis sobrinas me piden un cuento les leo el de juan sarmiento, juas

    un dia de estos me planto en ZaragozaaA con el cepillo de los dientes de maleta...

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  3. den un buen consejo pues de veras yo no se como terminar esta amistad con mi ``mejor amiga´´

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  4. oigan de veras mi miga ni me izo nada ni yo tampoco quiero que deje de ser mi amiga solo es que pienso que estaria mejor sin ella pero me duele tener que hacerlo tan solo pensarlo me duele por eso no se como lo voy a hacer si debo cerrar unas pagina s de mi vida lo hare
    y esta sera la primera aunque tenga que llorar mientras escucho la cancion que me dedico

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  5. En el museo de Christian Andersen en Odense también leí que parte del problema, al margen de las manías de Christian Andersen, fue la incomunicación entre ambos: Dickens pensaba que Andersen hablaría un inglés fluido (pues él mismo le había asegurado que así era), cuando en realidad, apenas entendía lo que le estaban diciendo.

    En todo caso, está claro que Andersen era un tipo muy peculiar, y que se quedó encantado con la estancia en casa de Dickens, convencido, seguro, de que las cinco semanas habían sido tan agradables para él como para su amigo Charles y familia.

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