martes, 10 de marzo de 2009

El Pobrecito hablador condenado a decir lo que nadie quería escuchar. 200 años de Mariano José de Larra

















El 24 de marzo se cumple el segundo centenario del nacimiento de Mariano José de Larra. Desde aquí nuestro modesto homenaje al Pobrecito Hablador que se quejaba de estar condenado a decir lo que nadie quería escuchar.



"Larra considera, con un símil candoroso pero ejemplar, que "para que empiece el día hace falta que termine la noche", apostando por la laicización de la sociedad española, premisa imprescindible para regenerar sobre la base de una evolución de la opinión y la instrucción del pueblo"...

"Hábil, turbulento, jocoso, escéptico y desesperado, fingidor irónico de identidades y anticlerical, Larra renueva lo que juzga y levanta los motivos de la prensa noticiera al ámbito de la creación más breve convertida en martillo que sobrecoge y avergüenza al contrario. Partidario de la fusión de la prensa de humor con la más grave, suma la distensión liberadora a una causticidad sin concesiones y tanto en la serie costumbrista como en la urbana y la política, eleva a categoría literaria un estado de ánimo que contrarreste la artrosis mental que lo rodea".
(1)


"Tal es su principal contribución a la Hisotoria de la Literatura española: haber sentado las bases del ensayismo periodístico mediante la modalidad del artículo de costumbres (...)

He aquí otra de las señas del periodismo larriano: la sátira. Es lo que más lo aleja del constumbrismo complaciente de otros cronistas coetáneos; la que lo sitúa en la estela de Quevedo, Torres Villarroel y hasta del mismísmo Goya, cuyos Caprichos pueden emparentarse con algunos de sus artículos de costumbres. (...)

Larra lucha con denuedo por la modernización de las costumbres. La inveterada del duelo le produce verdadera indignación. No menos las incontinencia verbal de lechuguinos y literatos a la violeta en las tertulias de café. Tampoco entiende la afición de sus paisanos por la caza mayor, antaño pasatiempo de reyes. En lugar de estas ociosidades, su caballo de batalla es la cultura.
(2)

En su "Carta a Andrés escrita desde las Batuecas" afirma que en este país no se lee porque no se escribe y no se escribe porque no se lee.


Pero un día ya no volvió al día siguiente:

"El escenario era perfecto, tan íntimo como requiere una autodestrucción programada: el despacho de su casa de la calle Sanra Clara, 3. Nadie escuchó la detonación, el disparo del gran pistolón que acabó con su vida. Los criados habían visto salir, tras una fuerte discusión, a dos señoras, dejando solo a su amo en el despacho. Al caer la noche, sus hijos mayores, que iban a despedirle, hallaron su cadáver. Era el 13 de febrero de 1837. Desde entonces no nos ha abandonado." (3)

Las últimas líneas de su, seguramente, más famoso artículo son todavía de una vigencia y de una sinceridad preclaras:

"Aturdíase mi amigo cada vez más, y cada vez nos comprendía menos. Días y días tardamos en ver [a fuerza de esquelas y de volver,] las pocas rarezas que tenemos guardadas. Finalmente, después de medio año largo, si es que puede haber un medio año más largo que otro, se restituyó mi recomendado a su patria maldiciendo de esta tierra, y dándome la razón que yo ya antes me tenía, y llevando al extranjero noticias excelentes de nuestras costumbres diciendo sobre todo que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino volver siempre mañana, y que a la vuelta de tanto mañana, eternamente futuro, lo mejor, o más bien lo único que había podido hacer bueno, había sido marcharse.

¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza? ¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares? Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para ojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, perder de pereza más de una conquista amorosa: abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieran podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para mañana; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé: Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones.- ¡Eh! mañana le escribiré. Da gracias a que llegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!" (4)

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Noticia de la Cervantes Virtual:

"El próximo día 24 de marzo se cumplirá el 200.º aniversario del nacimiento, en un Madrid ocupado por Napoleón, de Mariano José de Larra, hijo de don Mariano de Larra y Langelot, médico castrense en el ejército de José Bonaparte, y de doña Dolores Sánchez de Castro. Hacía ya casi un año que había empezado la Guerra de la Independencia, recordada con diferentes actividades el pasado año.

El profesor
José Escobar (Glendon College, York University, Toronto, Canadá), estimado colaborador de la Cervantes, describió a Larra como el introductor del artículo periodístico en el "repertorio consagrado de los géneros literarios", abriendo "nuevas avenidas expresivas a la lengua, por lo que representa una figura señera y viva en medio del espacio literario de su época".

Precisamente fue el profesor Escobar quien dirigió la
Biblioteca de Autor Mariano José de Larra, que en este 2009 cobra nueva vigencia e interés, pues ofrece la mayor parte de la obra del escritor: los catorce cuadernos completos de la revista El Pobrecito Hablador, su drama Macías, su novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente, su obra poética, inéditos...

Junto a ello, el portal pone a disposición del usuario distintos documentos del
archivo personal del autor cedidos por sus descendientes Paloma Barrios Gullón y Jesús Miranda de Larra y de Onís; en esos espacios se encuentran manuscritos de Larra, cartas a sus familiares e incluso la reproducción en imagen de varios de sus objetos personales."

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Bibliografía:

- Noticias de Cervantesvirtual.com
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Revista Leer, nº 200. Especial sobre Larra: Precursor de la modernidad y el periodismo comprometido. Javier Huerta Calvo (2) y Ada del Moral (3)
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Portal dedicado a Larra en la Cervantes Virtual.
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Contemporaneidad de Larra. Fanny Rubio en El País. (1)
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Larra en Wikipedia.
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Proyecto Mariano José de Larra.
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Vuelva usted mañana. Mariano José de Larra. El Pobrecito Hablador, 14 de enero de 1833. (4)
-
Artículos periodísticos.

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