Se puede "hacer caso" básicamente de tres maneras:
- Se puede obedecer una orden o consigna directas; normalmente de la autoridad competente, ya sea paterna, escolar, laboral, policial o simplemente intelectual;
- Se puede estar pendiente de otras personas o atentos a sus comentarios, necesidades y movimientos; de los consejos de un interlocutor, de los movimientos de un bebé, de las conversaciones de un niño o chaval.
Estas dos maneras, complementarias entre sí, son de aplicación diversa según el ámbito social o las responsabilidades familiares o laborales.
Su incumplimiento suele traer consecuencias y/o represalias: pregunten a un niño que desobecede a sus padres, a un trabajador que incumple sus cometidos, a un imputado judicial si no comparece ante el juez, a un alumno que no se presenta a un examen, a un conductor que infringe las normas de circulación... (sí, ya sé que las cosas han cambiado y que algunos de los supuestos descritos ya no tienen el mismo calado social que hace unos años, pero soy de la vieja escuela).
- Pero, sin duda, la más extendida, es la de hacer caso omiso.
Que, en román paladino, viene a significar "no hacer ni puto caso". Con esa doble negación tan castellana.
Y también se aplica a los ámbitos antes mencionados
Este tercer supuesto, en este caso su cumplimiento, también suele tener consecuencias. Pero son más difíciles de evaluar.
Por ejemplo: que le preguntes a un preadolescente si su cuidador le ha hecho caso y te responda:
- Sí, me ha hecho caso: omiso.
Touché.
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