martes, 23 de junio de 2009

El maltrato doméstico no es sólo físico

Les voy a retratar una situación real que he tenido la desgracia de conocer de cerca en el desempeño de determinadas tareas administrativas en mi comunidad de vecinos.

Y tiene que ver con una realidad, que tiene lugar cada día, de puertas adentro de muchos hogares.

Me refiero al drama del maltrato en el ámbito familiar, de la violencia doméstica. No diré de género. Porque va más allá, aunque esté directamente relacionada con ella.

Siempre que hablamos de violencia o maltrato domésticos vemos el final del proceso: golpes, palizas, moraduras, amenazas, lágrimas...; cifras semanales de víctimas, minutos de los informativos y páginas en la prensa; al final, agresión y muerte, que, a menudo, termina en el suicidio del agresor haciéndonos pensar porqué no se quitaría la vida antes de quitársela a los demás.

Pero ésta es sólo la punta del iceberg.

El maltrato doméstico no es sólo físico. Todo lo contrario. Su verdadero origen se sitúa en el ámbito psicológico.

El comienzo es muy sutil: pequeños gestos, palabras, actitudes que poco a poco consiguen hundir la autoestima de la mujer y envalentonando al hombre, que termina por apropiarse de parcelas de poder que le convierten en esclavista. Y a la mujer en esclava inconsciente, de su marido y de sí misma, porque ya no distingue la realidad.

En mi retrato no he visto el comienzo de la historia ni creo que llegue a ver el final. Pero sí asisto estupefacto a lo que podríamos denominar "la mitad del camino": el eslabón perdido que falta en la cadena que lleva desde el "estamos enamorados" hasta la dependencia psicológica más profunda incluso para las decisiones más elementales.

El, al que llamaremos "bipolar", siempre se relaciona con los demás huyendo de cualquier contacto o situación que le "obligue" a poner algo de su parte. Siempre esquivo, cabizbajo, con la mirada huidiza, evitando el saludo... cuando es inevitable el encuentro, su actitud suele ser servil, plagada de autojustificaciones no solicitadas, de descalificaciones no pertinentes y con continuas referencias a méritos propios inmerecidos. Miente sistemáticamente y su memoria es muy selectiva consigo mismo pero implacable con los demás.

Cuando la discrepancia es inevitable, su reacción es violenta, llena de agresiones verbales y de amenazas; siempre recurre al "ya lo dije" pero nunca dijo nada porque es cobarde.

Su tono de voz supera con creces el umbral del dolor, como si gritar fuera un argumento o le diera más razón, pero es incapaz de hilar dos frases con coherencia, porque su capacidad de análisis y de comprensión es nula.

El fútbol siempre se interpone en su agenda y se apropia siempre que puede del terreno de otros.

Su argumento son los hechos consumados. Pero consigue sus propósitos porque nadie se interpone en su camino para no salpicarse de la estupidez que desprende.

Ella, con aspecto apocado, permanente cara de mal humor y mirada pedida. Se encarga de todas las tareas domésticas, desde pasear al perro a llevar a la niña al colegio, pese a que tiene un horario de trabajo mucho más extenso. Da igual que él lleve en casa varias horas. Ella llega de noche y asume su rol.

Ella se pasa el día defendiéndolo en público con el argumento de “ya sabéis cómo es; se calienta y dice las cosas así, pero en el fondo es buena persona”.

Como tienen familia en el mismo edificio, hacen allí la vida y vuelven a casa a dormir, de modo que bipolar ve solucionados todos los asuntos cotidianos, que se cumplen inexorablemente según su voluble criterio y sin sombra de disidencia.

La afición favorita de bipolar es dar golpes y hacer ruido. Siempre está de obras en casa, seguramente para sublimar sus instintos contra objetos inertes.

Como pareja, su forma de vida es la del que renuncia porque no quiere conocer: no van de vacaciones, no salen a cenar, no reciben amigos en casa, no disfrutan de la convivencia, no hay libros en sus estanterías… y no es por falta de recursos: la televisión de plasma ocupa una pared de su salón, la cocina exhibe orgullosa electrodomésticos de última gama y el alumbrado del salón, pasillo y habitaciones excede con creces los vatios necesarios. Por supuesto no falta el voluminoso equipo de aire acondicionado.

Tal es la dependencia psicológica que ella tiene de su marido que no puede tomar una sola decisión utilizando su propio criterio, y las escasas veces que lo hace, es incapaz de defenderla ante él.

Su falta de criterio propio es insultante, tanto más cuanto que es evidente que se produce por miedo. No se atreve a discrepar de él.

Bipolar siempre le habla a gritos, con palabrotas (he de decir que insultos no he oído), y siempre le exige que acepte su criterio como el único aceptable.

Ella se resiste intentando razonar... y siempre se retira sin haberlo conseguido.

La familia calla y le deja hacer, aceptando con resignación la carga que les ha caído.

Es un caso claro de aceptación de "lo malo conocido".

El resto de los vecinos son discretos. Pero al final, todos han hablado. Para calificar a bipolar como inestable, irracional y mentecato. Incluso su propia familia (política, he de decir) también ha hablado entre líneas. Pero sus palabras pertenecen al secreto profesional.

El triunfo de la estupidez se ha consumado. El miedo, la violencia y la agresividad (que, como todos sabemos, conducen al lado oscuro) se han apoderado del mando y mantienen férrea la disciplina de la nave mientras la tripulación rumia en silencio su destino oprimido.

No es necesario que haya llegado a "levantar la mano" (o a usarla) para calificar esta situación como maltrato psicológico. Ella y su entorno están completamente anulados como consecuencia de la opresión que bipolar ejerce sobre todos ellos (ellas, debería decir).

Conmigo ha utilizado la misma técnica. Pero no le ha funcionado. Aunque me ha supuesto mi propio drama personal.

He tenido que discutir mucho con él, y en términos muy duros, desenmascarando su farsa, sus mentiras y su falta de argumentos.

A sus amenazas he respondido con fortaleza, consciente de que es un perro ladrador; y a su agresividad, cuando rebasó la frontera de lo admisible (mentando a mi hija en su absurdos argumentos) he respondido con su misma moneda y, como era previsible, se amedrentó.

He conseguido que me retire el saludo cuando nos cruzamos por al escalera, lo cual me garantizará en el futuro algún momento jocoso cuando le vuelva a llamar maleducado (calificativo que me consta le irrita especialmente y que ya le he dedicado en un par de ocasiones).

Su complejo de inferioridad (y seguramente algún desequilibrio mental) le hace desplegar la violencia como mecanismo de defensa y autoafirmación. Y su entorno padece sigilosamente la situación sin atreverse a ponerle remedio, porque sus recursos intelectuales han sido anulados.


Y la misma táctica utiliza con cualquiera que venga a la comunidad a ralizar algún tipo de obra o mantenimiento: voces, amenazas, malos modales, dificultades, incluso la apropiación de espacios comunitarios como propios.

¿Cómo se denuncia esta situación?

No puedo ir a un juzgado porque sería una proceso largo y complejo (aunque creo que es la mejor opción); no puedo llamar a su puerta y decirle que es un maltratador porque su propia mujer saldrá en su defensa; no puedo decirle a su familia que son víctimas de violencia doméstica porque lo negarán o me dirán que me meta en mis asuntos. (Como aquella mujer que echó de casa a un mediador que intentaba convencer a su marido de que no le diera palizas: "mi marido en su monte hace leña").

Lo denuncio aquí. Aunque sé que no me leerán ninguno de los implicados.

La llave de la situación la tiene ella. Pero ¿cómo reprocharle que no salga corriendo?

.

Diseñadores gráficos contra la violencia de género.


4 comentarios:

  1. Yo añadiria a tu lista de maltratos psicólogicos, "el silencio". Hay veces que sin palabras se hace mucho daño. No hace falta ni tan siquiera gesticular, porque el "bipolar" no tiene valentía ni para eso.

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  2. Buen retrato, y fastidia enormemente, encontrarte con esa realidad a diario, como simple espectador. Por motivos profesionales sé un poquito del tema, y además del "bipolar" en esta tragedia hay otros "antagonistas". Hay uno que es especialmente común, y yo lo llamo "El bulldog", porque una vez que muerde, no suelta a su presa.
    Se trata de un tipo igual de acomplejado, que se topó con una mujer que dijo basta, y su destronamiento le provoca un rencor imposible de consolar. Considera que su ex es una puta, que además se quedó con los niños, "esos" a los que tanto quiere, aunque tan poco lo demuestre. La sigue, está al corriente de su vida, y cualquier comportamiento de ella es una ofensa que necesariamente ha de ser respondida. Mordió y continua agarrado a su presa, hincando sus dientes en cuanto tiene ocasión. Lo más triste es que, en muchas, muchas ocasiones, su familia le apoya, y cree que es una víctima al que acusaron (y condenaron sin fundamento) porque aunque tenga un "mal pronto" en el fondo es una buena persona, porque hay que saber entenderlo, y así lo llevas por donde quieres...

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  3. Voy a abusar un poco de tu amabilidad y aclarar una cosilla, eso sí, sin afán de polemizar. El concepto de violencia de género, es útil, a efectos legales, para distinguir los distintos tipos penales de violencia (doméstica y de género). Con ambos conceptos la ley quiere distinguir, agravando las conductas y las penas, cuando la violencia, en cualquiera de sus formas, se ejerce sobre determinadas personas que o bien se integran en el núcleo familiar, o bien se consideran especialmente vulnerables. La diferencia entre los conceptos de violencia doméstica y de género está en los sujetos activos y pasivos del delito, es decir, en función de quienes sean los agresores y los agredidos estaremos en un supuesto de violencia doméstica o de género. La violencia de género siempre es ejercida por el hombre sobre la mujer que sea o haya sido su CÓNYUGE o que haya estado ligada al mismo por una RELACIÓN DE AFECTIVIDAD ANÁLOGA A LA CONYUGAL, AÚN SIN CONVIVENCIA, sobra decir que tiene una penalidad distinta.

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  4. Qué situación más desagradable... Pero no dejo de pensar que a ese tipo no solo tú le habrás plantado cara en la vida. Es decir, todos nos vemos alguna vez en la vida en la obligación de ser cívicos por encima de la inhercia, de actuar con responsabilidad ciudadana más allá de nuestros miedos... y nos cuesta. Tampoco se trata de ir impartiendo justicia y desfaciendo entuertos, pero a un maltratador de ese calibre se lo ve a la legua, y más con toda la paliza que dan en los medios de comunicación que seguro tienen todo el día puestos en su televisión de plasma. Esa mujer sabe que su pasividad la pone en peligro, pero lo que realmente la convierte en una irresponsable es que también pone en risego a las personas de su familia.
    Si yo no hubiera cometido ningún error en mi vida que me hubiera hecho sufrir hasta el punto de replantearme mi situación personal, laboral y familiar no hablaría así. Pero estas cosas pasan.
    Cuando todos lo ven menos tú, a lo mejor es que la pelota está en tu tejado.
    Encuentro una diferencia grande entre este tipo de mujer y la víctima del "Buldog" del que habla SBM. Quizás no estaría mal que hubieran prescripciones legales diferenciadas para cada uno.
    Un saludo.
    Y felicidades por el Blog.

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