jueves, 4 de junio de 2009

Farewell tank man. See you in hell!



 

















Soy menudo; moreno; aun de lejos se puede ver que no soy muy alto.

Llevo camisa blanca de manga larga, panatalón oscuro, seguramente negro, y una bolsa en cada mano.

No recuerdo adonde iba. Pero terminé interrumpiendo el sangriento tráfico que colapsaba la plaza principal de mi ciudad y, desde aquel día, la plaza principal de mi país y, desde aquel día, la plaza principal del mundo.

La plaza principal de un mundo que dice luchar contra las dictaduras, la represión y a favor de los derechos humanos. Ese mundo que, mientras dice con la boca pequeña que la injusticia es intolerable, llena de oro las arcas del opresor atendiendo únicamente a su mutuo beneficio económico.

El nombre de la plaza todo el mundo la conoce. Mi nombre nadie lo recuerda. Simplemente soy el "hombre del tanque".
Seguramente porque la plaza sirve de icono para cualquiera que desee servirse de ella.

Mi nombre, el auténtico símbolo de la resistencia ciudadana contra la ignominia de los gobiernos, ha seguido el mismo camino que mi propio destino.

Me puse delante de la columna de blindados. Ellos siguieron su camino, convencidos de que la fuerza me haría apartarme. Pero no lo hice. Pararon. Como en un atasco de autopista.
Tras unos momentos de duda, que me imagino de consulta con algún superior, deciden no atropellarme. Intentan esquivarme. Pero yo estoy dispuesto a jugarme la vida y ellos no. Así que bailamos un rato una danza de recriminación y de reproche.

Incluso me subo al tanque para abroncar a los brazos ejecutores de uno de los mayores atropellos que se hayan cometido nunca contra la inteligencia de la humanidad, y esta vez ante los ojos espectadores del mundo democrático.

El final de los acontecimientos ya la conocéis. Porque no han terminado.
Yo desaparecí misteriosamente. Mi imagen ha pasado a la historia. Adorna informativos, carpetas, dosieres, camisetas, noticias de diarios impresos y digitales y apuntes de blogs.

Pero, un vez más, la fuerza de la desfachatez con el apoyo de la desidia han triunfado sobre los derechos tan cacareados por todos pero exigidos por muy pocos, más allá de las palabras.

China sigue siendo el mismo régimen totalitario de entonces; su economía sigue creciendo a costa del desenfreno capitalista que la utiliza para aumentar sus beneficios; sus ciudadanos siguen viviendo en la explotación intelectual y física.

Vosotros seguís mirando la televisión y mirando la cuenta de resultados.

Yo hice lo que estaba en mi mano. Hasta us últimas consecuencias.
Vosotros no hicistéis nada. Y seguís sin hacer nada.

Este es el mundo que habéis construido. Sólo aplica a vuestros intereses.
¿Qué debo esperar a partir de ahora?

See you in hell!
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1 comentario:

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