jueves, 25 de junio de 2009

Filias y fobias 2.0

Las redes sociales no son sino una proyección de nuestra propia sociedad.

Allí se ven los mismos comportamientos, los mismos contenidos, los mismos perfiles y los mismos roles.
La diferencia fundamental es, seguramente, nuestra capacidad de elegir y de filtrar la información que recibimos, los foros en los que participamos, las compañías que frecuentamos y las actitudes que manifestamos, toleramos o alentamos. Capacidad que en la vida diaria es compleja de acometer porque hay muchas inercias adquiridas y obligaciones contraidas.

Cada uno accedemos al terreno virtual con unas espectativas: ocio, negocio o ambas. Y dentro de ellas, con muchos matices, interpretaciones, intenciones más o menos claras... incluidas la necesidad de notoriedad o el adoctrinamiento.

Nada nuevo. Eso mismo sucede en los grupos sociales habituales: familia, colegio, trabajo, amigos, vecindad...

Pero las redes sociales son jóvenes y nuestra experiencia de usuarios todavía inmadura, así que, con demasiada frecuencia las filias se tornan fobias.

Y estas mutaciones, a menudo traumáticas y decepcionantes, no son responsabilidad del medio; son responsabilidad del usuario.
De usuarios que esperan obtener del mundo virtual lo que éste, de momento, no le puede dar: sinceridad, honestidad, amistad, franqueza...

Un buen uso de las redes sociales consiste en identificar aquellos valores y usuarios que nos satisfacen y potenciarlos frente a los que nos frustran. Un buen uso de las redes sociales consiste en aportar calidad y contenidos frente a la basura y cúmulos de irrelevancias que a diario nos inundan. Un buen uso de las redes sociales consiste en interactuar con ellas con la debida distancia emocional que nos permita un juicio crítico y serio.

Demasiadas horas, demasiadas expectativas en el terreno personal, intenciones ocultas de promoción o atención, o el uso como terapia no hacen sino engañarnos respecto a lo que los usuarios virtuales pueden ofrecer.
En tanto en cuando la relación no sea estrecha y franca es muy difícil establecer lazos sinceros y duraderos. Sin contacto físico no hay forma de conocer realmente al prójimo.

Y aunque hay usuarios que muestran su verdadero perfil de forma bastante certera, tanto para bien como para mal, en general todos mentimos. Como en Matrix, nuestra imagen virtual no es más que una proyección de nuestro "yo" digital, "yo" que podemos reescribir a nuestro antojo amparados por la distancia y el anonimato, lo que lo hace inexcrutable, imprevisible e intencionado.

Si una red fue buena en algún momento, y ha dejado de serlo, es por sus usuarios.

No dejemos que los necios se apoderen de los espacios comunes haciendo de ellos un erial: Si la globalización ha de tener algún aspecto positivo, que el primero sea la posibilidad de intercambio intelectual y creativo entre las personas.

1 comentario:

  1. "... parece como si esta concepción del activismo fuera la de un navegante de la red, lo que refleja la cultura paradójica de Internet, que combina el narcisismo extremo con un intenso deseo de formar parte de una comunidad interconectada".
    Naomi Klein
    http://ambulandosolvitur.blogspot.com/2009/04/las-vallas-y-ventanas-de-naomi-klein.html

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