miércoles, 24 de junio de 2009

Olor de multitudes... (corregido y aumentado)

De entre los muchos "horrores" lingüísticos que es posible escuchar en boca de los hablantes, o incluso leer en pluma de escribidores, uno de los más horrísonos, sin duda, es el "olor de multitudes".

Se usa esta expresión para definir la escena en la que alguien es aclamado por las masas después de haber logrado alguna gesta digna de mención o de haberse hecho acreedor del reconocimiento masivo.

Lo que realmente quieren decir es que "fulanito fue recibido en LOOR de multitudes"; Loor = elogio (palabra de RAE).

¿Pueden imaginar cómo huele una multitud?
¿Merece algo o alguien ser alabado o elogiado con semejante aroma multitudinario?

Y si es verano y estamos es España, ni les cuento.

Pues es éste un país que se distingue, parte de sus habitantes debería decir, por olor especialmente mal.

Llámenlo falta de higiene personal; ahorro de detergente a la hora de lavar la ropa; o qué me sé yo...

Una cosa es el trabajador que termina su jornada laboral veraniega sudado hasta las pestañas y con el correspondiente olor corporal; y otra es no poder acercarse al compañero de autobús a las 7 de la mañana porque su ropa o él, o ambas cosas, despiden una peste intolerable e incalificable; o esa estela invisible que van dejando algunas personas a su paso y que obliga a modificar tu dirección; ese compañero de asiento en el cine que desprende tal hedor que te obliga a cambiar de ubicación; o ese bombón que, justo en el momento de cruzar el semáforo deja olor a hiena; o ese ascensor apestado por su anterior ocupante que deja a la guerra química a la altura de ambientador...

Pues ahora junten a todos ellos en el mismo lugar para aclamar a alguien...

Eso sí que es olor de multitudes.

Loor a los que cuidan la higiene: por respeto a sí mismos y respeto a los demás.

Y si alguna vez se ven en la tesitura de ser recibidos en olor de multitudes, asegurénse de llevar mascarilla o hacerlo en coche cerrado.

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Edito y Fé de erratas:

Dice el RAE

"
Por analogía con estas construcciones ha surgido en olor de multitud(es), que aunque presenta la particularidad de no estar formada con un sustantivo abstracto de cualidad, sino con el sustantivo concreto multitud(es), sí responde al sentido de ‘rodeado de, envuelto por’ que tiene en olor de en textos del siglo xx: «Inglaterra está ya en olor de melancolía por su pasado» (Miquelarena Inglaterra [Esp. 1951]); «“Nací le contesté en olor de diplomacia”. Efectivamente, desde los corredores luminosos de la infancia hasta los umbrales oscuros de la adolescencia, la parafernalia diplomática acompañó mi despertar al mundo» (Tiempo [Col.] 2.1.88); «Utilizando la comparación con la reestructuración en la Unión Soviética, podría decirse que mientras Mijail Gorbachov llegó al poder en olor de esperanza, Salinas llega en olor de escepticismo» (País [Esp.] 2.12.88). Su uso, pues, puede considerarse aceptable. El hecho de que el sentido recto, no metafórico, de la palabra olor dé lugar a interpretaciones jocosas de la locución en olor de multitud(es) ha hecho que, en los últimos años, muchas personas sustituyan olor por loor, palabra que, por significar ‘elogio o alabanza’, encaja mejor para el hablante actual con el valor de la locución; pero se trata de una ultracorrección que debe evitarse: Marca de incorrección."

Me la envaino en aspecto lingüístico, pero no en el aspecto higiénico.

5 comentarios:

  1. Aunque, en cosas de olores, a veces un sólo hombre es multitud.
    Y de esos sólos hombres hay muchos (Varón Dandy aparte).

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  2. Busca un poco en google que creo que te equivocas amiguete. :-)

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  3. Emilius: que haya sido aceptado por su uso, no significa que sea correcto.
    El post no sólo habla de eso, pero acepto tu sugerencia con deportividad.

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  4. Al contrario: según la RAE no es que "en olor de..." se haya aceptado por el uso, sino que es la única forma correcta:
    http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=olor

    Lo que contrasta con un dardo de Lázaro Carreter en el que, como en este post, se defendía lo contrario.

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  5. Qué arrogante es la ignorancia.

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