viernes, 12 de junio de 2009

Times New Roman

De poco le sirvieron a Cristina, sus clases de grafología. Su historia de amor con Cariño, su marido, se había escrito altenando Times New Roman número 12 y frecuentes sms.

El primer día que tuvo ocasión de ver su firma, se hallaban firmando el contrato de matrimonio. Al ver el rayajo informe que acababa de garabatear, sintió un nudo en el garganta. Desde ese día, le obligó a comunicarse siempre por escrito.

A él, inicialmente aquello le pareció una excentricidad sin importancia. En el fondo, se sentía halagado.

-Cariño, adoro tu letra. Quiero que me escribas siempre a mano.

Y Cariño se pasó la luna de miel utilizando el bloc de notas del hotel, para decirle: “¿Te apetece que nos demos un baño?” “¿A qué hora quieres desayunar mañana?” “¿Nos quedamos hoy en el hotel y llamamos al servicio de habitaciones?”. Y empezó a echar de menos los días en que simplemente hablaban o se mandaban sms.

Ya se lo habían advertido, “el matrimonio cambia a la gente”, pero nunca creyó que le fuera a pasar a él y tan rápido.

Por su cumpleaños ella le regaló un bolígrafo carísimo, de esos que si tienes claro qué decir, escriben casi solos. Por Navidad, llegó la PDA, en la que tenía que garabatear con un trocito de plástico minúsculo que le deformaba completamente la letra. Pero Cariño todo lo aceptaba en nombre del amor.

Cristina llevaba meses recopilando pruebas y ya no albergaba dudas. Acababa de contraer matrimonio con un psicópata que inclinaba las letras hacia la izquierda y que tenía una falta de consistencia en el rabo de las “tes”, que era incluso más peligroso. Cariño era una bomba de relojería a punto de estallar. A través del palo torcido de sus “pes” supo que iba a desarrollar un trastorno de personalidad múltiple a partir de los 40. Y no estaba dispuesta a quedarse allí para verlo.

Se dispuso a buscar abogado para tramitar su divorcio, pero antes quiso estar segura de escoger bien y recorrió varios bufetes analizando letras y firmas, en busca del profesional más adecuado. Finalmente, lo encontró, amable y eficiente, tal y como corroboraba el rabo alargado de sus “des”.

Mr. Rabo alargado la ayudó a divorciarse de Cariño y a rellenar los diferentes vacíos que éste había dejado en su corazón y en el resto de su anatomía. Ella se lo había dejado claro desde el principio: “no soporto la Times New Roman”. Así que para conquistarla, se pasaba el día con la grabadora, dictando cartas de amor, que su eficiente secretaria manuscribía y escaneaba.

Cristina fue feliz durante un tiempo dejándose seducir por Mr. Rabo alargado y la caligrafía perfecta de su secretaria. Hasta que empezó a obsesionarse con las florituras de sus “ces”. Cualquier otra letra no habría tenido importancia, se decía a sí misma, pero cada vez que veía su nombre y la floritura de la “ce” enroscándose sobre sí misma, percibía ese trazo como una soga que se le enroscaba en el cuello y le cortaba la respiración.

Una vez más, lo vio claro. Tendría que renunciar a él o a la grafología. Se armó de valor y por primera vez desde Cariño, mandó un correo electrónico: “Creo que estoy lista para pasar a Times New Roman”.

……………………..

No me quedé a ver si comían perdices o si se las tiraban a la cabeza. Ese mismo día me quedé sin trabajo.

¿Alguien necesita una secretaria amable y eficiente? Tengo, entre otras muchas virtudes, una caligrafía perfecta.


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Relato de Cocha Mayo publicado en Libro de Notas

1 comentario:

  1. Pero qué buenooo!
    Me lo guardo en mi carpeta de favoritos (en bookman old style!) jeje

    Un beso.

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