jueves, 2 de julio de 2009

La naturaleza construye; el hombre destruye. Las cuevas del Drac





Las Cuevas del Drac son una de las citas "obligadas" en una visita a la isla de Mallorca.

Oficinas de Turismo, guías de viajero, consejos bienintencionados... todos coinciden en que es uno de esos lugares que hay que ver.

Y tienen razón. Pero como ejemplo de lo que "no hay que hacer".

La visita comienza con el paso por taquilla. 10,50 euros por cabeza. Menores de 7 años gratis. Caro, la verdad, pero los bienpensados siempre tendemos a creer que mantener los monumentos cuesta, y que la entrada es una forma de contribuir a su sostenimiento.

El acceso al interior de la cueva es lento. La entrada es angosta, en escaleras cuesta abajo y los pases (cada hora más o menos, excepto la muy hispana e inexcusable parada para comer) excesivamente masificados.

Una vez dentro, el recorrido se parece mucho a una trashumancia de ganado, por estrechos corredores por los que es imposible andar sin tropezar con la plebe, y debidamente vigilados por unos guardas, que no guías, porque nada explican y nada ayudan, únicamente preocupados por vocear en un argot incomprensible (no pude saber si mallorquín, alemán, una mezcla de ambas...) que no se pueden usar cámaras.
Supongo que es para evitar el deterioro de las maravillas naturales que habitan la cueva. Pero visto el estado de muchos de los lugares de paso, y la entrega sin ambages al turismo extensivo, me hacen pensar que se trata más bien de "obligar" a quien quiera imágenes a pagarlas a la salida.

El lugar es húmedo y, contrariamente a lo que cabría esperar de una cueva, nada fresco. Supongo que las decenas (centerares, diría) de estufas a 37º que la recorren constemente no ayudan demasiado a manetener el fresco interior.

Pasado un rato de barandillas, iluminación artística, voces imperiosas de empleados y murmullo permanente de visitantes, llegamos a una especie de teatro cuyo escenario es un fondo de agua, con brazos de cueva a ambos lados.

Allí nos estabulan a todos. Nosotros hemos llegado de los últimos y no tenemos que esperar demasiado, pero los primeros han estado sentados allí, sin nada que hacer sino ver llegar mansamente al resto del rebaño, por lo menos 15 minutos.

Es la hora del espectáculo. Se apagan las luces y asoman por un extremo del lago unas barcas iluminadas que, empujadas por sendos voluntariosos remeros, recorren el escenario acuático de un lado a otro. Una de las barcas lleva en su interior un cuarteto que interpreta música clásica. (El programa se puede consultar en la web de las cuevas).

Al principio hay un poco de silencio. Conforme la singladura avanza, el respetable, que al parecer merece respeto pero que decide si los demás lo merecen o no, se empieza a impacientar. Comienzan las toses, los aplusos fuera de tiempo, las bromitas amparadas por la oscuridad, todo ello sin el más mínimo control del los pastores que dejan hacer, ajenos a lo que allí sucede.

Terminado el concierto, la evacuación no es menos lamentable. De nuevo, el espacio para andar es insuficiente y las ganas de salir, excesivas.

El espacio natural es impresionante. La cueva es de unas dimensiones magníficas y la decoración natural, espectacular y
la iluminación, muy cuidada.

Pero la gestión de la visita es penosa. De principio a fin. Por forma y por contenido. Sin explicaciones más allá del escaso folleto, sin centro de interpretación que yo viera, sin actividades formativas de ningún tipo...

En fin: puede que sea un lucrativo negocio turístico, pero también es un modelo de mala gestión cultural.

No seré yo quien desaconseje la visita. Pero ya están avisados.
Y la visita a la web oficial es tan penosa como la visita real.

(No sé mis amigos mallorquines qué opinarán al respecto. Para un servidor, resultó una visita prescindible)

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Página oficial de las cuevas del Drac;
Algo parecido dijeron en Microsiervos;

3 comentarios:

  1. Aunque no me pueda llamar amiga tuya, sí soy mallorquina, así que me permito opinar por si puede servir de algo:
    Nunca he leído u oído una descripción tan ajustada a la realidad de lo que son las "Coves del Drac" y de cómo es su visita.
    Enhorabuena por tu blog y, uniéndome a Syngamus: avisados estáis.

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  2. Otro mallorquín que no puede estar más de acuerdo.

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