lunes, 17 de agosto de 2009

El lenguaje insuficiente

"... sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y periodo sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáreis y fuese posible, vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos, sin intrincarlos y obscurecerlos.”

Miguel de Cervantes.


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Que el lenguaje discurra sobre el propio lenguaje se puede convertir en un ejercicio retórico, una teoría gramatical o un acto de autocomplacencia. La relación del lenguaje con otras disciplinas y con la vida abre horizontes para establecer dos vías de pensamiento: el lenguaje como medio de expresión, de comunicación y el lenguaje como camino para el conocimiento, el aprendizaje.


En el primer caso, lenguaje-comunicación, partimos de la estrecha relación filosófica entre lenguaje y pensamiento. El mundo de las ideas necesita de la expresión verbal para tomar forma y ser transmitido. Y esa misma necesidad de comunicar, de llegar al otro, sugiere una nueva premisa: la claridad como objetivo. Desde Cervantes la defensa de la “llaneza” frente a la “afectación” se convierte en un reto del lenguaje moderno:

“...no hay para que andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos: sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y periodo sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáreis y fuese posible, vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos, sin intrincarlos y obscurecerlos.”

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo D. Quijote De la Mancha, prólogo de la I parte.



La teoría lingüística diferencia entre niveles del lenguaje y registros lingüísticos: un hablante posee un nivel de lenguaje que responde a su formación,situación socio-económica, etc, pero todo hablante puede adecuar su registro al contexto en el que se desenvuelve en cada momento. De tal manera que no es mejor expresión la del que usa y abusa del cultismo (hipercultismo) o de un nivel de lenguaje que no se ajusta a la situación ni a los receptores (lectores, oyentes) ,sino la de aquel que sabe adecuarse al contexto.

En este punto entramos de lleno en la relación del lenguaje con otras materias, en este caso la arquitectura. La necesidad del arquitecto de explicarse abre todo un campo de textos que, de entrada, podemos delimitar en dos niveles: la arquitectura para arquitectos y la arquitectura para los que no lo son.
De este último aspecto es del que vamos a ocuparnos, la comunicación con el no experto.

Y ahí volvemos al ideal de claridad; el experto debe descubrir, transmitir, profundizar, sin perder el rigor pero tampoco el sentido didáctico. Ese difícil equilibrio entre la precisión y la simplicidad que a muchos les parece que es rebajarse, condescender ante el ignorante...
Nada más lejos de la realidad; quizá al contrario, detrás de muchos discursos brillantes, pero ininteligibles y oscuros, haya mucho de inseguridad; globos de colores que se pinchan y no hay nada.

Quizá además en España se note especialmente un vacío de este tipo de textos de divulgación; muchas veces se desprecia el propósito divulgador en aras de esa supuesta necesidad de rigor técnico y científico. No deja de ser triste que mucha teoría, de casi cualquier disciplina, nos llegue a través de traducciones de textos extranjeros.
Porque si ahondamos ya en el segundo aspecto que planteábamos al principio, damos un paso más respecto a la cuestión anterior: el lenguaje no sólo como expresión sino como forma de transmisión del conocimiento, de camino para el aprendizaje.

El experto (arquitecto) puede considerar que su obra en sí misma ya es un lenguaje, es suficiente para comunicar lo que él quiere. Pero también puede sentir la necesidad de verbalizar lo que hace, bien como un ejercicio de reflexión personal o bien por un compromiso con la sociedad en la que le ha tocado vivir, la necesidad de hacerse comprensible al ciudadano.

La divulgación y el conocimiento de la arquitectura para el que no es arquitecto comprende los aspectos científicos y técnicos y el componente estético y artístico. En el primer nivel, todos entendemos la necesidad de adquirir un vocabulario específico, tecnicismos, imprescindible para la comprensión de elementos concretos (“un dintel es un dintel”). En el segundo nivel, la expresión se hace más compleja (no complicada) puesto que asumimos que la expresión de las manifestaciones artísticas comporta un elemento subjetivo ineludible.

Matices, sensaciones, sentimientos, se escapan de la palabra exacta para entrar en un plano de lenguaje personal y propio que sugiere más que dice, evoca e incluso trata de atrapar, a través de múltiples recursos, lo inefable, lo que difícilmente se puede expresar con palabras.

Pero no debemos entender los valores connotativos del lenguaje como un límite sino como un enriquecimiento, la polisemia del lenguaje poético lleva a tantas interpretaciones como receptores (lectores, oyentes). El autor, artista, parte de su punto de vista único, íntimo, pero debe asumir que su obra expuesta al mundo cobra vida propia y está sujeta a mil lecturas.

Dejamos aquí una puerta abierta a un análisis más profundo de los recursos lingüísticos que los arquitectos suelen utilizar de forma muy creativa para expresarse: metáforas, sinestesias, incluso el neologismo... la necesidad de crear nuevas palabras cuando el lenguaje convencional resulta insuficiente.”La piel de un edificio”, ”la textura de las palabras”, ”arquitectura neumática”, no dejan de ser muestras de la vitalidad del lenguaje, que no es tan insuficiente desde una visión flexible y amplia de lo que debe ser el conocimiento, el apasionante camino del saber.

“De cualquier modo, todas las “realidades” y las “fantasías” pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia y fantasía, aparecen compuestas de la misma materia verbal; las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres minúsculos o mayúsculos, de puntos, de comas, de paréntesis; páginas de signos alineados, apretados como granos de arena, representan el espectáculo abigarrado del mundo en una superficie siempre igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto.”

Italo Calvino, Seis propuestas para el nuevo milenio, (Visibilidad), Círculo de lectores,1998


Felisa Ferraz. El estudiet.


P.D. Este apunte y el anterior (por quien les habla) fueron desarrollados en el año 2002 para una "mesa redonda" en la que se habló de arquitectura, de lenguaje y de su relación.

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