viernes, 21 de agosto de 2009

La lectura, el prestigio...

¿Alguna vez hizo '¡Hola!' una portada del tipo "Isabel de Alba, marquesa de Cuernavaca, nos enseña su biblioteca"? Jamás veremos una exclusiva como "Paula Linchesberger sorprendida leyendo", aunque sea más raro que en lo que se suele sorprender a las pendones del famoseo. Nunca leeremos el reportaje de que una conocida bióloga y actriz ha recuperado la sonrisa porque después de muchas lecturas insulsas, al fin ha dado con la novela de la década. No se la verá agarrada a ese libro ni en posado, ni en robado ni en simulado.

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Una campaña eficaz para difundir la lectura tendría que empezar por desprestigiar un poco esta actividad o sea por ajustarla a los nuevos modos. "El prestigio" conserva su prestigio... pero cada vez menos. Ahora tiene prestigio la fama, que era lo que les quedaba a los desprestigiados.

Si leer tuviera el prestigio que se aprecia de verdad, no el que espanta a tantos, a la gente que tiene poder o mucho dinero o fama se la vería actuando con libros. ¿Alguna vez hizo '¡Hola!' una portada del tipo "Isabel de Alba, marquesa de Cuernavaca, nos enseña su biblioteca"? Jamás veremos una exclusiva como "Paula Linchesberger sorprendida leyendo", aunque sea más raro que en lo que se suele sorprender a las pendones del famoseo. Nunca leeremos el reportaje de que una conocida bióloga y actriz ha recuperado la sonrisa porque después de muchas lecturas insulsas, al fin ha dado con la novela de la década. No se la verá agarrada a ese libro ni en posado, ni en robado ni en simulado.


El prestigio tiene prestigio pero el poder y el dinero tienen más (porque tienen poder y dinero, así cualquiera). Nunca hemos sabido de un ministro o un juez que hayan sido invitados a pasar un fin de semana a leer en la finca de un escritor, de un distribuidor o de un editor y sí tenemos noticias de notables que madrugan para disparar contra animales en fincas de multimillonario o de altos cargos que son sobornados con safaris. (Por cierto ¿irían a desnucar bebés-foca si los invitaran?). Hay gente 'pa tó' pero no sobornas igual con dos abonos para San Isidro que con un libro y una flor para San Jordi.

Más. El delincuente no tiene prestigio (salvo entre iguales) pero sí lo tiene aquello que quiere conseguir hasta el punto de saltarse la ley. Hace falta que detengan a un lector de guante blanco por allanar una biblioteca para leer fuera de horario. Pero no pasará, como nunca oiremos decir con admiración, envidia, rencor o asepsia de economista que alguien es el mayor libroteniente de España desde hace cuatro siglos. Y mientras siga siendo así jamás llegará la lectura a según qué audiencias.

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Javier Cuervo. La lectura, el prestigio... en La verdad de Murcia

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