lunes, 14 de septiembre de 2009

La entelequia de lo "gratis"

La acceso a la cultura necesita de un precio simbólico para dignificar el producto, puesto en tela de juicio por los desmanes monetaristas de algunos, por los graznidos de los que nunca dan pero siempre quieren tomar y por las manipulaciones de quienes la quieren poner a su servicio.

Simbólico para que no genere codicia en las empresas ávidas de hacer negocio a toda costa y para que no pierda su sentido de creación intelectual a manos de los rebaños trashumantes que arrasan todo a su paso.


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Últimamente mucho se habla de la gratuidad de algunas cosas. Y no me refiero a servicios primarios como la sanidad y la educación. La gratuidad de esos servicios son una conquista social que ha mejorado la dignidad del ser humano, por mucho que haya todavía "dinosaurios" que nos intenten convencer de que "más tienes, más eres", sin entender que por el hecho de ser, tienes algunos derechos inalienables.

Me refiero, sobre todo, pero no únicamente, al tema de la cultura.

La educación es más un medio que un fin. Y es por ello que debe pertenecer al grupo de los servicios universales, obligatorios y gratuitos que todo estado debe proveer a sus ciudadanos. Es la educación el verdadero medio para llegar a apreciar y valorar la cultura es su sentido más amplio.

Y es por ello que la educación debe ser gratuita, pero la cultura no.

No estoy hablando de cánones, ni de entidades gestoras, ni de derechos, ni de P2P, ni de la polémica que rodea la relación entre ellos.

Estoy hablando de la masificación como forma de perversión de los contenidos; del acceso ilimitado como causa de las riadas de estupidez que nos inundan; de la conversión de un derecho en una obligación autoimpuesta; de ver en vez de mirar; de oir en vez de escuchar; de cacarear en vez de entender.

"Gratis" en un concepto confuso por ambiguo.
Cuando los ganaderos o los fruteros realizan entregas gratuitas de mercancía en lugares públicos como forma de protesta, suelen conseguir aglomeraciones de ociosos, ansiosos de conseguir su trofeo y de poder contarlo después, más que interesados por conseguir un producto o servicio necesario o enriquecedor;
El término "gratis" de algún producto sigue funcionando como infalilble reclamo en bares y locales destinados al ocio;
Si algo es gratis, inevitablemente se masifica. Y con demasida frecuencia por el anhelo de hacerse con algo y poder después exhibirlo como trofeo.

La gratuidad resta valor y autenticidad a todo lo que toca, porque hace que el consumidor le pierda el respeto.

No he hablado de calidad. Eso es un tema subjetivo que no es el tema de estas líneas.

Y tampoco he hablado de cantidad. Porque depende de muchos factores, como subvenciones (de las que hablaremos otro día), de macenazgos, costes...

Voy a poner un ejemplo "al límite" para que se me entienda. En mi ciudad, durante muchos años, no hubo "vaquillas" en las fiestas hasta hace relativamente pocos años. Pese a ser una reivindicación largamente solicitada. El año que, por fin, se incluyeron en el programa, al entrada era gratuita. Masificación suena a desierto comparado con lo que era aquélla plaza de toros. Al año siguente, pusieron un precio simbólico a la entrada. Se acabaron las aglomeraciones. ¿Por qué? ¿Porque se había pasado la novedad? Porque ya sólo iban los realmente interesados. Los de la riada decidieron no gastarse 100 pesetas.

La acceso a la cultura necesita de un precio simbólico para dignificar el producto, puesto en tela de juicio por los desmanes monetaristas de algunos, por los graznidos de los que nunca dan pero siempre quieren tomar y por las manipualciones de quienes la quieren poner a su servicio.

Simbólico para que no genere codicia en las empresas ávidas de hacer negocio a toda costa y para que no pierda su sentido de creación intelectual a manos de los rebaños trashumantes que arrasan todo a su paso.

Pero si a alguien se le ocurre poner su granito de arena, le caen a palos los "defensores" que nunca movieron un dedo por generar, divulgar o apoyar los contenidos culturales.

9 comentarios:

  1. ¿Qué le pasa a la inteligencia? ¿No volvió de vacaciones?

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  2. ¿*acavaron en un blog que se llama desequilibros? Vaya falta de ortografía. Corrígela, anda.
    Saludos.

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  3. Osea que tambien estas a favor de la SGAE?
    Pagar por la cultura, no al anonimato... Gente como tu se esta cargando internet...

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  4. Si bien en mi blog también caigo en el error de decir que Salud y Educación son servicios gratuitos, siempre aparece alguien que me recuerda que la educación y los servicios de salud que recibimos se pagan con nuestros impuestos, por lo que de gratuitos, nada.

    Respecto a la gratuidad en el acceso a la cultura siempre he intentado pensar una forma que favorezca al público sin desfavorecer al artista, cosa que no he encontrado.

    La iniciativa del gobierno vasco me parece buena, el que haya que pagar para luego acceder el descuento me parece positivo, separa la paja del grano, tal y como comentas en tu post.

    Y, a propósito, corrige la palabra mecenazgo, que allí se te ha ido el dedo.

    Un abrazo.

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  5. La verdad es que no estoy seguro de dónde está la posición correcta. Entiendo tu razonamiento acerca de que lo que es gratis no se valora.

    Sin embargo, desde que Internet, con su cultura de la gratuidad, irrumpió con la fuerza que ahora tiene, los modelos de precio y negocio, especialmente en bienes culturales (películas, música, vídeo, libros, etc) están 'patas arriba' y creo que nadie tiene claro en este momento, realmente qué es lo práctico, ni lo correcto, ni lo sostenible, ni lo beneficioso, ni lo legal...

    Tambien me imagino que obras consagradas, no sé, digamos un 'Quijote' no bajaría en nada su aprecio si se distribuyese gratuitamente. Otra cosa podría ser con obras nuevas.

    Bueno, no sé, la verdad es que no lo tengo claro.

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  6. Te equivocas anónimo.
    Los que se están cargando internet son los que, como tú, se ocultan tras un "anónimo" pera no tener que utlizar argumentos.
    Lo que viene siendo tirar la piedra y esconder la mano.

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