jueves, 17 de septiembre de 2009

Napoleón y la suerte

Qué podemos añadir de Napoleón que no se haya dicho ya....

Pero siempre queda algún aspecto que explorar o alguna anécdota que rescatar.

He aquí una, apócrifa o no, que ilustra y retrata bien al ínclito personaje.



Cuentan que, en un momento dado, tuvo que cubrir una vacante para un puesto de resposabilidad en la cúpula militar.


Al parecer, el puesto incluía estar al frente de alguna campaña bélica de vital importancia.


Sus consejeros y asesores le proporcionaron al candidato ideal: por experiencia, méritos, tradición, coraje, liderazgo y prestigio entre sus pares y ante el pueblo.

Bonaparte, fiel a su estilo medio iluminado, medio clarividente, objetó:

- Este candidato es muy brillante, cierto. Pero... ¿tiene suerte?


Su corazonada no estaba exenta de cierta capacidad anticipatoria, porque, como todo el mundo sabe, algo de suerte le faltó a él mismo, unos años más tarde.



Y para terminar, un bis.


Según parece, Beethoven dedicó su 3ª sinfonía, "Eroica", a Napoleón.


Estaba escrita en un principio en "memoria de un gran hombre", Bonaparte, que era visto en ese momento como un liberador de su pueblo.


Cuando Napoleón se declaró a sí mismo Emperador, "Beethoven se enfureció y borró violentamente el nombre de Napoleón de la primera página de la partitura".

La versión apócrifa de la anécdota dice que Napoleón le contestó a Beethoven que "la música es el ruido que menos me molesta".

La reacción del músico todavía debe retumbar por las calles de Viena.

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