viernes, 23 de octubre de 2009

"Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, sé discreto"

XXX cursó sus estudios preuniversitarios en el seminario.
Realmente no sé si porque iba para cura o porque le tocó en suerte ese centro escolar o porque la necesidad familiar le empujó a esa institución.
Finalmente no recibió la "llamada" y no se ordenó. A día de hoy lleva una "normal" vida de padre de familia, con varios hijos, trabajo estable y mujer también trabajadora.
Pero varios de sus compañeros de estudios sí que cumplieron todos los trámites para alcanzar el sacramento de la orden sacerdotal.

YYY era un voluntarioso recién ordenado sacerdote.
Como todos al acceder al primer trabajo, se encontraba nervioso ante algunos de los desafíos del puesto. En concreto, le imponía mucho respeto el tema de la confesión. No es de extrañar; allí van a desahogarse las almas atormentadas y a buscar consuelo y perdón. Y, como interlocutor dotado de no pequeñas prebendas, es responsabilidad del cura escuchar con atención, juzgar con equidad e impartir justicia en forma de penitencia.

ZZZ vivía sus útimas semanas con cierto desasosiego a causa de un asunto de faldas, las suyas, que la habían conducido a la comisión del mayor delito que en el seno de otro sacramento, el matrimonio, comerterse pueda: le había sido infiel, de pensamiento y obra, a su marido. Pensó en hablar con alguien, en buscar consuelo espiritual en alguien en quien pudiera confiar inequívocamente. Recordó una vieja amistad, cuya ocupación actual era perfecta para sus aspiraciones de discreción.

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Por uno de esos avatares de proporciones cósmicas que se producen con cierta frecuecia, XXX, YYY y ZZZ coincidieron en el mismo evento social.

Tendré que explicar, llegados a este punto, que XXX e YYY fueron compañeros de clase en sus tiempos de estudio en el seminario.
Y que YYY era esa vieja amistad en el que ZZZ confió su pecado, creyéndolo a salvo de oídos indiscretos, en busca de calma espiritual.
XXX y ZZZ se conocieron en la universidad. Y aunque se relación se había enfriado al terminar la carrera, seguían manteniendo una relación fluida.

El evento social era de esos en los que la gente se sienta en mesas grandes, agrupados por afinidades sociales o familiares, para degustar una copiosa pitanza.

XXX e YYY, en virtud de su vieja amistad, fueron acomodados en la misma mesa.
Durante la velada charlaron de mil cosas. Pero llegados al terreno de lo divino y lo humano, XXX se interesó por el desempeño de YYY en su nuevo puesto y le pidió que les contara alguna jugosa anécdota.
Receloso al principio, pero a cubierto bajo el palio de "se dice el pecado pero no el pecador", relató cómo, para agravar su estado de ansiedad por la responsabilidad de la misión, su primera confesión resultó ser el adulterio cometido por una vieja amiga.

La velada continuó su curso entre platos abundantes y copas rebosantes.

Unas mesas más allá se encontraba ZZZ, con su pareja. En un momento dado, cuando la etiqueta se relaja, los caballeros se empiezan a quitar la chaquetas y a aflojar las corbatas, se encienden los puros y se va de mesa en mesa saludando viejos conocidos, ZZZ se acercó a la mesa de XXX (e YYY).
Besos, saludos efusivos, risas...
Ante a mirada educadamente atenta de todos, XXX consideró educado presentar a ZZZ a sus compañeros de mesa.
- Este es YYY, el cura del grupo...
- Ya nos conocemos. Tuve la suerte de ser la primera persona que se confesó con él recién ordenado, ¿verdad ZZZ?


Fundido en negro.

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La frase del título la citó Fernando en twitter.
Entonces le prometí una anécdota "edificante" al respecto. Ésta era, que, además de ser verídica, es cierta.
Supongo que sabréis disculpar las licencias literarias necesarias para la correcta exposición de la enécdota.

4 comentarios:

  1. Interesante post pero ¿Prevendas? Me llama la atención y por eso lo destaco, supongo que has deseado decir prebendas.

    Un abrazo.

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  2. Gracias Sergio.

    Por más que uno lee y relee siempre se queda alguna.

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  3. ¡Puf! A mí me pasa más de una vez, sobre todo con las teclas que se encuentran cerca (como la b y la v) pero, esto seguro lo sabes, cuando estás acostumbrado a leer a alguien que no comete errores y te encontrás con uno, te resalta a lo bestia.

    Un abrazo.

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  4. En este caso, lo del sacerdote es algo más que falta de discreción.
    Magnífica y, sobre todo, muy ilustrativa demostración de dicha máxima.
    Muchas gracias, Rafa.

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