lunes, 30 de noviembre de 2009

Palabras y expresiones poco felices

Para el uso del español, o de cualquier lengua, hay normas que distinguen lo que está bien de lo que está mal. Pero también hay cuestiones de gusto, de preferencia estilística. Y ya sabemos que sobre gustos no hay nada escrito. Por eso podemos iniciar la tarea de escritura nosotros, aquí y ahora.

Seguramente hablaremos de preferencias arbitrarias. Lo interesante sería ver si, arbitrarias y todo, todos repudiamos más o menos las mismas expresiones y las mismas palabras. ¿Lo vemos?

Para empezar, podemos referirnos a algunas expresiones poco felices, como "evacuar dudas" (cuando uno dice, por ejemplo, "No dude en escribirnos para evacuar sus dudas"). El verbo evacuar ¿no nos hace pensar en otro tipo de sustantivo, no nos remite funciones orgánicas?

Siguiendo con ese campo semántico, con esos mismos sentidos, están todos los eufemismos del acto de ir al baño, por ejemplo "ir de cuerpo" o "mover el vientre". Claro, tampoco es tan fácil encontrar una expresión agradable... lo dejamos como desafío.

Pasemos a otros temas más elegantes: las descripciones publicitarias. Hoy en día, pareciera que cualquier producto (shampoo, crema corporal, loción para afeitarse) que no contenga "perlas revitalizadoras", "chispas de frescura" no sirve para nada.

La misma costumbre de usar sustantivos y adjetivos sofisticados para cosas comunes se extendió a la comida: lo que antes era una vulgar ensalada de lechuga, hoy se convirtió en la mullida promesa que propone el nombre "colchón de verdes"; lo que antes era "tortilla de papas" (o patatas), hoy se puede describir como "milhojas de papas/patatas de campo" (no olvidar la especificación "de campo", "de granja" y hasta "de la abuela": lo cambian todo).

Todo suena muy sabroso hasta que se llega a una definición poco lograda. Hemos visto, por ejemplo, el horror "sopa de pomelo" en la carta de postres. "Sopa" nos anticipa un suave, tibio y salado primer plato; mientras que "pomelo" nos lleva a prever sabores ácidos y salpicaduras cítricas a los ojos.

A veces las expresiones son acompañadas por gestos (para repertorio de gestos y poder referirse al tema, nada mejor que acudir a la enciclopedia gestiarium).
Uno puede decir que hacer "montoncito" (juntar los cinco dedos con la mano invertida y moverla de arriba para abajo varias veces puede significar "qué decís" o "qué te pasa", y que resulta ordinario.
Puede ser. Pero entrecomillar con los dedos (índice y mayor, de ambas manos) para indicar que uno dice algo de lo que no se quiere hacer cargo, una verdad "supuesta", es francamente irritante: las comillas son del registro escrito. Si queremos decirlas en la oralidad, basta con decir la metáfora "tal cosa, entre comillas".

Otra cuestión para mencionar es el tono acartonado, pseudo formal, cultivado por quienes gustan de "el mismo", "la misma", "el susodicho", "la antedicha". Para referirse a algo ya expresado, suele bastar el demostrativo "eso".
Nadie habla o escribe así, en realidad, salvo que quiera parecer culto, erudito. Nadie dice "mas" en vez de "pero" y todos preferimos, en el fondo, "junto con" al larguísimo "conjuntamente con".

También están las aberraciones ortográficas: palabras que, aunque correctamente escritas, lastiman los ojos. Caso de güisqui, la españolización de "whisky". Pero también es desagradable cuando las palabras se pronuncian de forma diferente a la escrita. Como cuando se dice "bebe" en vez de "bebÉ".

Para ir terminando, también podemos pensar en las antipáticas expresiones "te lo digo por tu bien", "si te ofendí, te pido perdón" (es decir que si no te ofendí, y aunque haya estado mal, no te pido perdón) y "yo ya te lo había dicho", cuando algo sale mal y uno -es cierto- ya había recibido una advertencia al respecto.

Hace algunos años, el sitio de Escuela de escritores lanzó el desafío inverso, el de proponer la palabra española más linda. Salió una demasiado obvia ("amor"), más elegida por su significado que por su sonido. Pero entre las favoritas se destacaron palabras que comienzan con a ("azahar", "amanecer", alegría") y las que tenían en alguna parte una "l" ("libébula", lapislázuli", "azul", "luz"). También había muchas palabras procedentes del árabe (algunas ya ejemplificadas).



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Texto obtenido del Boletín de Libros en Red, de 16 de noviembre de 2009.

Por desgracia es un Boletín que se envía por correo electrónico a los suscriptores y no tiene enlace web (que hayamos encontrado)
Por eso lo reproducimos aquí. Con (sin) su permiso.

1 comentario:

  1. Acabo de recordar la máquina de café que había en un edificio público. Mientras se iba llenando el vasito de plástico, la pantalla digital decía "Erogando", que algún comentario del tipo "-Ese salía en 'El Señor de los Anillos'" se oyó.
    Sin embargo, el termino más adecuado hubiese sido "Eyaculando", porque era la expulsión de un fluido lo que hacía la máquina de café, más que el traspaso de un recipiente a otro.
    ¡ ¿Pero a quién le apetecería el café con leche? !

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