martes, 24 de noviembre de 2009

¿Valga la redundancia? Pues no vale: es un error

Es una expresión muy utilizada en el lenguaje oral y –se supone- formal en los medios de comunicación: “valga la redundancia”.
En principio debería usarse para “remediar” o paliar fallos en el discurso, repeticiones de palabras o uso de similares y derivadas de manera demasiado cercana.

Hoy, en la práctica, y arropados por el descuido general del idioma español en los medios por parte de sus “profesionales”, se usa como un recurso para decir lo que sea, sin pensar o atender mínimamente al castellano.

Y ¡ojo!, quiero advertir al lector: este no será un artículo al uso criticando los vicios del periodismo actual. Para eso, a otras fuentes. Hablaré de ello, pero no será el centro del interés que quiero –y espero- que tenga este escrito.


En un entorno rápido y exigente como pueda ser una locución improvisada radiofónica, se podrían admitir, cabalmente, cosas como:

“Finalmente el equipo local ha sido el ganador. Los locales
valga la redundancia- golearon a su rival…”

Aquí, por supuesto que hay sinónimos o equivalentes para utilizar en lugar de algo que comience por local-, pero el reportero no ha podido o sabido encontrarlos a tiempo. Se ha de notar que se ha dado cuenta del error, que no ha sido intencionado y nosotros hemos de pensar que alguna facilidad o licencia tiene que tener el ponerse delante de un micrófono o una cámara, en directo. Todos somos humanos. En cambio, no puede ser considerado como “de recibo” algo como esto:

“Fue a partir del segundo tiempo cuando, valga la redundancia, los locales golearon a los visitantes por tres goles a cero…”

No es que se cometa la equivocación, es que directamente se nos avisa de que se va a hacer… (“perdone por el pisotón”… y ¡zaca!¡pisotón!). Obviamente podemos admitir que los profesionales de la información se equivoquen, pero no que traten con tanta ligereza su instrumento de trabajo, cogiéndose licencias que no les pertenecen. Nótese que los dos ejemplos precedentes han sido colocados en ambientes de comunicación deportiva de masas… a posta.

Cuando la redundancia es poética es, en realidad, “a posta” (como los ejemplos de antes), pasa a ser un pleonasmo: una figura retórica. Cuando, hace unas fechas, en este mismo rincón de la lengua, hablaba de una de las fuentes bibliográficas de apoyo de nuestra iniciativa a favor de la inclusión del adjetivo pindio en el DRAE, decía que era una “importante obra de referencia de importante autor”. Escribiendo… ¿no caí en la cuenta de que empleaba el mismo adjetivo con solo cuatro palabras de separación?, claro que sí, pero no quise buscar un sinónimo que distrajese al lector o que fuese menos directo, sencillo y llano ni alargar la frase para diluir su mensaje. Creo que usé una repetición, que es la redundancia hecha recurso estilístico… privilegios de escritor…

Concreto: no se puede utilizar consciente y premeditadamente expresiones como “árbol de hojas caducifolias”. Un árbol puede ser caducifolio (literalmente, “de hoja caduca”), pero hablar de “hojas caducifolias” es utilizar una redundancia, en este caso, supongo, por desconocimiento, lo cual no creo admisible, al menos, para un profesional del idioma. Exactamente lo mismo puedo decir de la expresión (también oída por mi) “biografía de la vida de Fulanito”; una biografía es un “escrito sobre la vida” de alguien. Desde ahí, por lo menos, yo miraría con recelo antes de leer un “texto de la vida de la vida de Fulanito” (¡pues sí que vivió Fulanito!). Como lo anterior, todos hemos escuchado alguna vez el famoso “subir para arriba” o “bajar para abajo”. En principio claras redundancias que, como muchas incorrecciones lingüísticas, tienen un caso en el que se pueden justificar: si estamos en un tercer piso de una casa y decimos que queremos “bajar abajo” se puede entender que queremos “bajar del todo”, “hasta abajo” y no quedarnos –tras bajar- en el piso intermedio. Ahí sí. Bienvenidos al pleonasmo.

Con estos ejemplos y el DRAE en la mano, denunciar su perpetración hablando de ellos como “redundancias innecesarias”, parece de risa… pues yo lo he leído, palabra. No confundamos “redundancia” con “repetición”. Venga, volvamos a empezar, ¿qué es una redundancia?, entonces, ¿cuándo es necesaria una redundancia?... Bueno sí, vale, cuando queremos escribir un artículo como este, lleno de redundancias redundantes.


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El artículo es de Fran J. Girao, y escrito originalmente en El castellano actual.
Lo reproducimos aquí con (sin) su permiso porque, en el proceso de elaboración de uno propio, me encontré con éste, que es mucho mejor que el que yo estaba escribiendo.
¿Para qué redundar, pues?

Otra redundancia en DesEquiLIBROS.

3 comentarios:

  1. Yo soy un fan de los pleonasmos. Me parece una figura retórica prístina. Me encanta el ejemplo del Cid de "llorar por los ojos", pero también lo encontramos constantemente en Homero cuando habla de "solípedos caballos", "la mar líquida", de "aladas palabras" o "invisibles palabras", que es aún más evidente y bonito. No es fácil buscar adjetivaciones que se identifiquen con el sustantivo. Es más fácil tirar de libre asociación, de metáfora, porque si no está clara la relación entre los términos, el receptor se la acabará encontrando.
    Es muy interesante todo lo que decís del abuso de la redundancia en el lenguaje periodístico o funcional. Pero la redundancia (rítmica, de la rima, de las estructuras sintácticas...) es la base de la poesía. Y el pleonasmo es, en mi humilde opinión, la figura poética por excelencia.

    Me encanta seguiros.

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  2. Lluis: bello comentario.

    Brindo por la piedra filosofal que transforme las redundancias en pleonasmos.

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  3. Hola, hay algo que nadie (o pocos) entienden y me da mucha bronca. El "valga la redundancia" no es como se cree una suerte de disculpas por repetir una palabra ya sea por haber quedado falto de recursos o por descuido. El "valga la redundancia" (si se emplea correctamente) se utiliza ex profeso, porque realmente vale la redundancia. Decir: "atornillo el tornillo, valga la redundancia" es incorrecto, no vale un pepino. Y uds. dirán "¿Entonces cuándo es correcta su utilización?". Y la respuesta es: Cuando se repite un término (conjugado o no en diferentes tiempos o formas) para decir dos cosas DISTINTAS, entonces ahí la redundacia realmente VALE, de lo contrario no tiene sentido. No es cuando se repite una palabra para decir lo mismo, como dije antes, por falta de otra o por descuido y despues excusarse con un muy liviano "valga la redundanci". Son pocos los casos en que son usados correctamente por eso no sobran los ejemplos, distinto es en la manera incorrecta que se disparan por doquier y sobran ejemplos. Saludos.

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