al vigía de occidente...

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"Les voy a retratar una situación real que he tenido la desgracia de conocer de cerca en el desempeño de determinadas tareas administrativas en mi comunidad de vecinos.
Y tiene que ver con una realidad, que tiene lugar cada día, de puertas adentro de muchos hogares.
Me refiero al drama del maltrato en el ámbito familiar, de la violencia doméstica. No diré de género. Porque va más allá, aunque esté directamente relacionada con ella.
Siempre que hablamos de violencia o maltrato domésticos vemos el final del proceso: golpes, palizas, moraduras, amenazas, lágrimas...; cifras semanales de víctimas, minutos de los informativos y páginas en la prensa; al final, agresión y muerte, que, a menudo, termina en el suicidio del agresor haciéndonos pensar porqué no se quitaría la vida antes de quitársela a los demás.
Pero ésta es sólo la punta del iceberg.
El maltrato doméstico no es sólo físico. Todo lo contrario. Su verdadero origen se sitúa en el ámbito psicológico.
El comienzo es muy sutil: pequeños gestos, palabras, actitudes que poco a poco consiguen hundir la autoestima de la mujer y envalentonando al hombre, que termina por apropiarse de parcelas de poder que le convierten en esclavista. Y a la mujer en esclava inconsciente, de su marido y de sí misma, porque ya no distingue la realidad.
En mi retrato no he visto el comienzo de la historia ni creo que llegue a ver el final. Pero sí asisto estupefacto a lo que podríamos denominar "la mitad del camino": el eslabón perdido que falta en la cadena que lleva desde el "estamos enamorados" hasta la dependencia psicológica más profunda incluso para las decisiones más elementales.
El, al que llamaremos "bipolar", siempre se relaciona con los demás huyendo de cualquier contacto o situación que le "obligue" a poner algo de su parte. Siempre esquivo, cabizbajo, con la mirada huidiza, evitando el saludo... cuando es inevitable el encuentro, su actitud suele ser servil, plagada de autojustificaciones no solicitadas, de descalificaciones no pertinentes y con continuas referencias a méritos propios inmerecidos. Miente sistemáticamente y su memoria es muy selectiva consigo mismo pero implacable con los demás.
Cuando la discrepancia es inevitable, su reacción es violenta, llena de agresiones verbales y de amenazas; siempre recurre al "ya lo dije" pero nunca dijo nada porque es cobarde.
Su tono de voz supera con creces el umbral del dolor, como si gritar fuera un argumento o le diera más razón, pero es incapaz de hilar dos frases con coherencia, porque su capacidad de análisis y de comprensión es nula.
El fútbol siempre se interpone en su agenda y se apropia siempre que puede del terreno de otros.
Su argumento son los hechos consumados. Pero consigue sus propósitos porque nadie se interpone en su camino para no salpicarse de la estupidez que desprende.
Ella, con aspecto apocado, permanente cara de mal humor y mirada pedida. Se encarga de todas las tareas domésticas, desde pasear al perro a llevar a la niña al colegio, pese a que tiene un horario de trabajo mucho más extenso. Da igual que él lleve en casa varias horas. Ella llega de noche y asume su rol.
Ella se pasa el día defendiéndolo en público con el argumento de “ya sabéis cómo es; se calienta y dice las cosas así, pero en el fondo es buena persona”.
Como tienen familia en el mismo edificio, hacen allí la vida y vuelven a casa a dormir, de modo que bipolar ve solucionados todos los asuntos cotidianos, que se cumplen inexorablemente según su voluble criterio y sin sombra de disidencia.
La afición favorita de bipolar es dar golpes y hacer ruido. Siempre está de obras en casa, seguramente para sublimar sus instintos contra objetos inertes.
Como pareja, su forma de vida es la del que renuncia porque no quiere conocer: no van de vacaciones, no salen a cenar, no reciben amigos en casa, no disfrutan de la convivencia, no hay libros en sus estanterías… y no es por falta de recursos: la televisión de plasma ocupa una pared de su salón, la cocina exhibe orgullosa electrodomésticos de última gama y el alumbrado del salón, pasillo y habitaciones excede con creces los vatios necesarios. Por supuesto no falta el voluminoso equipo de aire acondicionado.
Tal es la dependencia psicológica que ella tiene de su marido que no puede tomar una sola decisión utilizando su propio criterio, y las escasas veces que lo hace, es incapaz de defenderla ante él.
Su falta de criterio propio es insultante, tanto más cuanto que es evidente que se produce por miedo. No se atreve a discrepar de él.
Bipolar siempre le habla a gritos, con palabrotas (he de decir que insultos no he oído), y siempre le exige que acepte su criterio como el único aceptable.
Ella se resiste intentando razonar... y siempre se retira sin haberlo conseguido.
La familia calla y le deja hacer, aceptando con resignación la carga que les ha caído.
Es un caso claro de aceptación de "lo malo conocido".
El resto de los vecinos son discretos. Pero al final, todos han hablado. Para calificar a bipolar como inestable, irracional y mentecato. Incluso su propia familia (política, he de decir) también ha hablado entre líneas. Pero sus palabras pertenecen al secreto profesional.
El triunfo de la estupidez se ha consumado. El miedo, la violencia y la agresividad (que, como todos sabemos, conducen al lado oscuro) se han apoderado del mando y mantienen férrea la disciplina de la nave mientras la tripulación rumia en silencio su destino oprimido.
No es necesario que haya llegado a "levantar la mano" (o a usarla) para calificar esta situación como maltrato psicológico. Ella y su entorno están completamente anulados como consecuencia de la opresión que bipolar ejerce sobre todos ellos (ellas, debería decir).
Conmigo ha utilizado la misma técnica. Pero no le ha funcionado. Aunque me ha supuesto mi propio drama personal.
He tenido que discutir mucho con él, y en términos muy duros, desenmascarando su farsa, sus mentiras y su falta de argumentos.
A sus amenazas he respondido con fortaleza, consciente de que es un perro ladrador; y a su agresividad, cuando rebasó la frontera de lo admisible (mentando a mi hija en su absurdos argumentos) he respondido con su misma moneda y, como era previsible, se amedrentó.
He conseguido que me retire el saludo cuando nos cruzamos por al escalera, lo cual me garantizará en el futuro algún momento jocoso cuando le vuelva a llamar maleducado (calificativo que me consta le irrita especialmente y que ya le he dedicado en un par de ocasiones).
Su complejo de inferioridad (y seguramente algún desequilibrio mental) le hace desplegar la violencia como mecanismo de defensa y autoafirmación. Y su entorno padece sigilosamente la situación sin atreverse a ponerle remedio, porque sus recursos intelectuales han sido anulados.
¿Cómo se denuncia esta situación?
No puedo ir a un juzgado porque sería una proceso largo y complejo (aunque creo que es la mejor opción); no puedo llamar a su puerta y decirle que es un maltratador porque su propia mujer saldrá en su defensa; no puedo decirle a su familia que son víctimas de violencia doméstica porque lo negarán o me dirán que me meta en mis asuntos. (Como aquella mujer que echó de casa a un mediador que intentaba convencer a su marido de que no le diera palizas: "mi marido en su monte hace leña").
Lo denuncio aquí. Aunque sé que no me leerán ninguno de los implicados.
La llave de la situación la tiene ella. Pero ¿cómo reprocharle que no salga corriendo?
.
Diseñadores gráficos contra la violencia de género.




















Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.
Por el fin del terrorismo; y por la superviciencia de la inteligencia.
La pluma es más fuerte que la espada. Más temprano que tarde.
El Pleno del Congreso de los Diputados ha aprobado este martes una Proposición no de Ley ... en la que se insta al Gobierno a elaborar, en coordinación con las Comunidades Autónomas, un Plan de fomento de la lectura para la población escolar.
Este plan contempla orientaciones, medidas y un incremento de la dotación presupuestaria destinada a favorecer el hábito lector y el gusto por la lectura entre los escolares. Asimismo promoverá la coordinación con aquellas instituciones y entidades que pueden estar implicadas en el fomento de la lectura, e impulsará actuaciones orientadas a favorecer el clima social en relación con el valor de la lectura.
Bienvenida. Ahora, a ponerla en marcha y a dotarla de contenidos y de recursos materiales y humanos.


Por ello, urge a los poderes públicos a prestar "una atención prioritaria" al fomento de la lectura y al uso de las bibiotecas así como tratar de afianzar el desarrollo de habilidades y hábitos de lectura entre los escolares.


















De poco le sirvieron a Cristina, sus clases de grafología. Su historia de amor con Cariño, su marido, se había escrito altenando Times New Roman número 12 y frecuentes sms.
El primer día que tuvo ocasión de ver su firma, se hallaban firmando el contrato de matrimonio. Al ver el rayajo informe que acababa de garabatear, sintió un nudo en el garganta. Desde ese día, le obligó a comunicarse siempre por escrito.
A él, inicialmente aquello le pareció una excentricidad sin importancia. En el fondo, se sentía halagado.
-Cariño, adoro tu letra. Quiero que me escribas siempre a mano.
Y Cariño se pasó la luna de miel utilizando el bloc de notas del hotel, para decirle: “¿Te apetece que nos demos un baño?” “¿A qué hora quieres desayunar mañana?” “¿Nos quedamos hoy en el hotel y llamamos al servicio de habitaciones?”. Y empezó a echar de menos los días en que simplemente hablaban o se mandaban sms.
Ya se lo habían advertido, “el matrimonio cambia a la gente”, pero nunca creyó que le fuera a pasar a él y tan rápido.
Por su cumpleaños ella le regaló un bolígrafo carísimo, de esos que si tienes claro qué decir, escriben casi solos. Por Navidad, llegó la PDA, en la que tenía que garabatear con un trocito de plástico minúsculo que le deformaba completamente la letra. Pero Cariño todo lo aceptaba en nombre del amor.
Cristina llevaba meses recopilando pruebas y ya no albergaba dudas. Acababa de contraer matrimonio con un psicópata que inclinaba las letras hacia la izquierda y que tenía una falta de consistencia en el rabo de las “tes”, que era incluso más peligroso. Cariño era una bomba de relojería a punto de estallar. A través del palo torcido de sus “pes” supo que iba a desarrollar un trastorno de personalidad múltiple a partir de los 40. Y no estaba dispuesta a quedarse allí para verlo.
Se dispuso a buscar abogado para tramitar su divorcio, pero antes quiso estar segura de escoger bien y recorrió varios bufetes analizando letras y firmas, en busca del profesional más adecuado. Finalmente, lo encontró, amable y eficiente, tal y como corroboraba el rabo alargado de sus “des”.
Mr. Rabo alargado la ayudó a divorciarse de Cariño y a rellenar los diferentes vacíos que éste había dejado en su corazón y en el resto de su anatomía. Ella se lo había dejado claro desde el principio: “no soporto la Times New Roman”. Así que para conquistarla, se pasaba el día con la grabadora, dictando cartas de amor, que su eficiente secretaria manuscribía y escaneaba.
Cristina fue feliz durante un tiempo dejándose seducir por Mr. Rabo alargado y la caligrafía perfecta de su secretaria. Hasta que empezó a obsesionarse con las florituras de sus “ces”. Cualquier otra letra no habría tenido importancia, se decía a sí misma, pero cada vez que veía su nombre y la floritura de la “ce” enroscándose sobre sí misma, percibía ese trazo como una soga que se le enroscaba en el cuello y le cortaba la respiración.
Una vez más, lo vio claro. Tendría que renunciar a él o a la grafología. Se armó de valor y por primera vez desde Cariño, mandó un correo electrónico: “Creo que estoy lista para pasar a Times New Roman”.
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No me quedé a ver si comían perdices o si se las tiraban a la cabeza. Ese mismo día me quedé sin trabajo.
¿Alguien necesita una secretaria amable y eficiente? Tengo, entre otras muchas virtudes, una caligrafía perfecta.
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