lunes, 31 de agosto de 2009

La evolución de la comunicación
















Viñeta vista en La propaladora, gracias a Nemrac en twitter.

Allí citan como fuente a Hijodelmedio, pero no lo he encontrado.

viernes, 28 de agosto de 2009

Fleming y Churchill. Cómo se conocieron y hasta dónde llegó su relación

Su nombre era Fleming, un granjero escocés pobre. Un día, mientras intentaba ganar el pan para su familia, oyó un lamento pidiendo ayuda que provenía de un pantano cercano.

Dejó caer sus herramientas y corrió hacia el lugar. Allí encontró, hundido hasta la cintura, dentro del estiércol húmedo y negro del pantano, a un muchacho aterrorizado, gritando y esforzándose por liberarse.

El granjero Fleming salvó al muchacho de lo que podría haber sido una agonía lenta y espantosa.

Al día siguiente, llegó a la granja un carruaje muy ostentoso que traía a un noble, elegantemente vestido, que bajó y se presentó como padre del muchacho salvado por el granjero Fleming.

—Quiero recompensarlo —dijo el noble—. Usted salvó la vida de mi hijo.
—No, yo no puedo aceptar un pago por lo que hice. Era mi deber —contestó el granjero escocés.

En ese momento, el hijo del granjero se acercó a la puerta de la cabaña.

—¿Ese que asoma ahí es su hijo? —preguntó el noble.
—Sí —contestó el granjero orgulloso.
—Le propongo entonces hacer un trato. Permítame proporcionarle a su hijo el mismo nivel de educación que mi hijo recibe. Si el muchacho se parece a su padre no dudo que crecerá hasta convertirse en el hombre del que ambos estaremos orgullosos.

Y el granjero aceptó.

El hijo del granjero Fleming asistió a las mejores escuelas y luego de un tiempo se graduó en la Escuela Médica del Saint Mary’s Hospital, en Londres, convirtiéndose en un renombrado científico conocido en todo el mundo por el descubrimiento que revolucionó el tratamiento de las infecciones: la penicilina.

Años después, el hijo del mismo noble que fue salvado de la muerte en el pantano enfermó de pulmonía. ¿Qué salvó su vida esta vez? La penicilina, ¡¡¡por supuesto!!!

¿El nombre del noble? Sir Randolph Churchill...
¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill.


(Parece que la anécdota es apócrifa. En todo caso es una bonita y edificante fábula)

Bibliografía:
Matemática, ¿Estás ahí?. Adrián Paenza

El libro es un lujo que sólo se huele (Kabul)

No es mucha la gente que acude a comprar libros, un producto de lujo en un país empobrecido. Algunos clientes nostálgicos se acercan a la librería abierta desde hace 25 años por el placer de oler y tocar. También para charlar un rato con Asil y Poya Rashid alrededor de un té hirviendo, cuando no es Ramadán y está permitido, de aquellos buenos tiempos que se fueron con la esperanza de que algún día, quizá no tan lejano, volverán.

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Parece un espacio mágico arrancado de El Cairo de Naguib Masouf o el Bagdad de
Las mil y una noches, un remanso de paz en el que no se escuchan los cláxones de los automovilistas impetuosos que parecen dialogar entre ellos desde sus bocinas. La librería Behzad es un oasis, un lugar hermoso y desordenado repleto de libros, cuadros, mapas, postales, fotografías y polvo, sobre todo mucho polvo (el sello de Kabul), en el que cada objeto parece guardar un equilibro perfecto con el que tiene al lado.

Asil y Poya Rashid son los dueños, gente educada y políglota: el primero habla inglés y francés, además de dari; el segundo, un excelente castellano aprendido en la Universidad de Kabul. Ambos son libreros, el oficio de los que entienden de lo que se escribe en los libros. Son varias las habitaciones que se disponen alrededor de un patio protegido por una sombrilla y en el que hay tres sillas con cojines y una alfombra en el suelo devorada por el polvo y la arena. En otro tiempo debió ser un espacio de té y literatura.

En una de las salas del fondo, la puerta está cerrada. En ella, las estanterías se hallan repletas de libros en dari y pastún, dos de las lenguas locales. Huele a libro: un aroma agradable. En otra estancia se guardan los pósters que tanto gustan a los extranjeros y que terminan decorando las paredes de sus cuartos de baños, como si el retrete fuese el único lugar en el que el hombre moderno y apresurado se permite el lujo de soñar.

En la sala principal -debe de serlo porque presiden la caja registradora para cobrar y un ordenador que depende de los estados de ánimo de la electricidad, que en Kabul son muy caprichosos- se exponen decenas de ejemplares en lengua inglesa. La mayoría versan sobre historia y política. Destaca una edición de A Short Walk in the Hindu Kush (Un breve paseo por el Hindu Kush) del gran viajero inglés Eric Newby y otra de Unholy Wars (Guerras no santas), John Cooley. "Tenemos textos en inglés, francés, alemán, árabe, persa [del que procede el dari local] y ruso", asegura Asil, satisfecho de reunir tanta riqueza cultural. En las paredes de la planta baja cuelgan varias fotografías y cuadros. Destacan varios retratos inspirados en la célebre fotografía de Don McCullin de Sharbat Gula, la niña de los ojos verdes, portada del National Geografic en 1984.

En el piso superior, al que se accede por unas angostas escaleras de piedra en las que hay que tener cuidado con la cabeza en la subida y con los pies en la bajada, se multiplican las imágenes y los objetos de coleccionista. Al otro lado de una cortina está la vivienda. Junto a la ventana entreabierta por la que acaba de salir despaciosamente una paloma, entra el sol de mediodía iluminando un rincón con butacas y mesa. Asil dice que es su lugar favorito, donde descansa y lee poesía. Sin insistirle mucho, recita en dari unos versos que tratan de una noche negra y una historia de amor perdida, como la de Afganistán. En las paredes se acumulan óleos de colores vívidos con estampas de un Kabul antiguo, de varios siglos atrás, que por causa de tanta guerra moderna y tanto odio parece más nuevo, hermoso y saludable que el actual, siempre escondido bajo una nube de polvo como si fuera una burka colectiva.

No es mucha la gente que acude a comprar libros, un producto de lujo en un país empobrecido. Algunos clientes nostálgicos se acercan a la librería abierta desde hace 25 años por el placer de oler y tocar. También para charlar un rato con Asil y Poya Rashid alrededor de un té hirviendo, cuando no es Ramadán y está permitido, de aquellos buenos tiempos que se fueron con la esperanza de que algún día, quizá no tan lejano, volverán.

Ramón Lobo. Kabul. El libro es un lujo que sólo se huele.

jueves, 27 de agosto de 2009

Bando





























D. Luis de Santiago Menescau

Teniente general de los Ejércitos Nacionales y Capitán General de la 4ª Región

Vista la actitud de los grupos que interceptan la vía pública é impiden que se restablezca la normalidad de esta plaza,

ORDENO Y MANDO

Artículo 1º.- Se intima a cuantos ocupan las calles de esta ciudad á que se disuelvan y se retiren a sus casa, en la inteligencia de que si no lo efectúna así, se hará fuego sobre ellas sin intimación alguna, cualquiera que sean los gritos que profieran aun cuando fueran los de VIVA EL EJÉRCITO ú otro análogo;

Artículo 2º.- Se prohíbe así mismo la permanencia del público en balcones, terrados y azoteas y que profieran los gritos a que se refieren el artículo anterior, debiendo permanecer en absoluto despejada la vía pública, pues se hará fuego á los grupos que la intercepten.

Artículo 3º.- Se exigirá responsabilidad á los inquilinos de las casas desde las cuales se hostilice á las fuerzas del Ejército ó se profiera cualquier clase de gritos.

Artículo 4º.- Este bando empezará a regir desde las 9 de la mañana del día de hoy.

Luis de Santiago Manescau

Barcelona, 28 de julio de 1909

Imprenta militar

miércoles, 26 de agosto de 2009

"Con los pobres de la tierra"

"Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.

Sería más preciso escribir 'los empobrecidos', ya que no hay pobres y ricos sino enriquecidos y empobrecidos.

Porque el sistema económico criminal que rige el mundo en que vivimos -cuya esencia es el reparto desigual- necesita fabricar y extender ingentes cantidades de pobreza para lograr el enriquecimiento de los privilegiados.

Pero valga el hermoso texto de Martí para proclamar con quienes 'quiero yo mi suerte echar.'"

Con los pobres de la tierra. Bitácora de Vicente Romero.

Libros para olvidar

Escribir una obra maestra es complicado. También lo es, a su manera, escribir un libro catastrófico. Lo curioso es que los autores se esfuerzan al máximo y consiguen casi siempre lo segundo. Una y otra vez. La historia de la literatura, lo dijo Auberon Waugh, es un enorme mausoleo de papel sucio erigido a mayor gloria del fracaso.

Auberon Waugh, por cierto, escribió unos diarios magníficos, cientos de artículos muy divertidos y cinco novelas bastante malas. Su padre, Evelyn, legó a la humanidad maravillas como Scoop, Decadencia y caída o Los seres queridos. También Retorno a Brideshead, novela decididamente pesada que generó una serie de televisión muy célebre y que Martin Amis y William Boyd han calificado repetidamente como un suflé esnob de proporciones olímpicas.

Resumiendo: lo habitual es que el libro sea malo. Eso le ocurre a su vecino, que ensaya la novela esotérica de corte autobiográfico y, salvando las distancias, a Leon Tolstoi, que hoy esculpe en mármol Guerra y Paz y mañana exuda El reino de Dios está en vosotros, uno de los libros favoritos de Mahatma Gandhi y, paradójicamente, uno de los libros que hacen que a uno le entren unas ganas bastante serias de abandonar por un rato la no violencia.

Lo que sí es cierto es que la mayoría de las veces el libro malo de un gran escritor suele tener siempre muchas cosas interesantes. Es curioso cómo en ocasiones en los fracasos late exactamente la misma pulsión que insufla de vida a los éxitos. Las novelas primerizas de Balzac son invariablemente soporíferas, pero en ellas ya está de algún modo una versión inviable de la poderosa energía que descubriremos después en Las ilusiones perdidas o Papá Goriot.

Ni siquiera los más grandes se salvan de publicar un texto deficiente. En ocasiones los genios consiguen escribir genialidades perversamente malas. Estamos en mayo de 1939 y alguien de Faber&Faber ha decidido inexplicablemente publicar la nueva novela de James Joyce, uno de los grandes novelistas del siglo. Es el Finnegan's wake, un libro que nadie en su sano juicio puede leer sin terminar pegando aullidos de furia e incomprensión. ¿Recuerdan la primera frase del libro? «Correrrío, pasada [la iglesia de] Eve and Adam, desde el viraje de la ribera hasta el recodo de la bahía, nos trae por un vicio comodicio de recirculación de vuelta al Howth Castle y Enrededores».

Libros primerizos
Pura prosodia, sí. «Creo que Joyce ha escrito el Finnegan's wake para acabar con la literatura», dijo Borges, que por cierto fue un lector devoto del Ulises. En opinión del argentino, que en cierto modo fue ese lector ideal -anglófilo, brillante, aficionado a las lenguas extrañas y a los libros polvorientos- al que suele hacerse referencia cuando se habla de la incapacidad de leer las páginas más herméticas de Joyce, el Finnegan's wake era un libro que tenía un solo defecto: el de la ilegibilidad.

Borges, que fue sin duda otro de los grandes escritores del siglo, se adelantó a su propia posteridad y trató en vida de acabar él mismo con algunos de sus libros primerizos, que estimaba no estaban a la altura del resto de su obra. Tres títulos de juventud (Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos) fueron arrinconados por el autor y excluidos del canon borgiano. Aquello duró poco. Una vez muerto el autor, María Kodama se encargó de publicar los textos vagamente malditos. En el prólogo a la reedición de El tamaño de mi esperanza, la viuda daba algunas explicaciones: «Como el Gran Inquisidor mismo, a través de un donoso escrutinio, Borges creyó haber alcanzado su destrucción (...) Quizá el Gran Inquisidor, en su afán de buscar lo perfecto, fue injusto con ese libro de juventud. Creo que los lectores se alegrarán de que la obra exista».

Es muy común que los escritores terminen arrepintiéndose de alguna obra temprana. Muchos lo hacen sinceramente. Otros por coquetería. Sorprende, por ejemplo, que Ana María Matute repita que Pequeño teatro -la novela con la que ganó el Planeta en 1954- es su peor libro. La autora siempre recuerda que, pese a que cuando el libro apareció ella frisaba la treintena, en realidad el texto fue escrito cuando sólo tenía diecisiete años.

Preguntado por cuál es el peor de sus títulos, Enrique Vila-Matas no duda en señalar Al sur de los párpados, el tercero de sus libros, que apareció en 1980 y que el autor asegura que nunca se reeditará. Curiosamente, leída hoy la novela -que en su día el autor sitúo entre Hitchock, Duchamp y Helenio Herrera- no parece en absoluto disonante con el trabajo posterior de Vila-Matas. Probemos con el comienzo: «¿Dije ya que me resulta dramático ver cómo se repiten ciertos temas de pesadilla y que, en muchas ocasiones, soy capaz de preparar un primer borrador, al que siguen versiones en las que cambio detalles, pulo el argumento, introduzco alguna nueva situación, encubro la forma autobiográfica y, a pesar de ello, relato cada vez una versión de la misma pesadilla que es, en definitiva, la aventura de mi destrucción?»

En otras ocasiones, la peor novela del buen escritor es la última. Quizá el caso más evidente sea el de Truman Capote, cuyos años finales estuvieron marcados por la redacción de una novela, Plegarias atendidas, que aspiraba a reflejar el mundo del famoseo y la alta sociedad de Nueva York. Es probable que nunca un libro haya causado tanta expectación en la historia de la literatura estadounidense. Capote cobró como adelanto un millón de dólares mientras afirmaba en todas las entrevistas que su libro iba a ser su gran obra maestra: la novela que Proust no pudo escribir.

Se sospecha que en realidad ni siquiera Capote fue capaz de escribir aquel libro. La publicación se pospuso, los manuscritos se perdieron. Tras la muerte de Capote, no había rastro del libro entre sus papeles. Al final, el libro apareció algo misteriosamente y se publicó en 1987. No impresionó a casi nadie.

Cervantes poeta
Por razones muy distintas, Una fábula suele considerarse como el peor libro de William Faulkner. La novela no es demasiado conocida entre nosotros, pero suele ser objeto de debate en el mundo anglosajón. Apareció en 1954 y ganó el Pulitzer. Sin embargo, es un texto extrañamente faulkneriano que aborda el asunto de la Primera Guerra Mundial desde una óptica entre fantástica y simbólica.

Quizás lo más extraño de todo sea que la novela es una alegoría de la pasión de Cristo. El resultado es cuando menos discutible, aunque la ambición del autor es máxima. Faulkner aspiraba a escribir una obra maestra, pero a veces las intenciones quedan lejos de los resultados. Incluso a los más grandes les ocurre. Se sabe que Cervantes creía firmemente que el Persiles era su obra maestra, muy por encima del Quijote.

Por supuesto, el Persiles no ha pasado a la historia como la obra magna de Cervantes. De hecho, esta novela bizantina se caerá de las manos de muchos lectores contemporáneos. Comparada con el Quijote, resulta acartonada y artificial: le falta vida. Sin embargo, el texto encierra un pequeño y valiosísimo tesoro: el prólogo. Se trata de un pequeño texto en el que Cervantes, consciente de que su muerte está cercana, ni siquiera presenta su libro. Simplemente, se despide en unas líneas inolvidables, con el tierno humor y el excepcional conocimiento del ser humano que caracterizan sus mejores páginas.

Aunque quizá la mayor frustración de Cervantes no fue pasar a la historia como el autor del Quijote, una novela al fin y al cabo paródica y humorística, sino no haber sido nunca reconocido como poeta. Desde su época hasta la nuestra, la crítica ha discutido el valor de sus versos y en general éstos nunca han salido demasiado bien librados del análisis. Cervantes es un poeta que traslada una extraña sensación: la de estar siempre esforzándose. El mismo autor ironizó sobre el asunto en el prólogo del Viaje del Parnaso: «Yo que siempre me afano y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo».
Es un vago consuelo, pero ni siquiera los más grandes se libraron de escribir libros menores, de abordar proyectos fallidos, de fracasar con los textos más cuidadosamente diseñados para el triunfo. El caso de Shakespeare es muy curioso. Si tomamos cualquiera de sus obras y buscamos un poco, podemos encontrar opiniones autorizadas que dicen que se trata de la mejor y otras igualmente respetables que sostienen que es la peor. Hamlet, por ejemplo, es considerada habitualmente como uno de los mejores trabajos de Shakespeare. Pues bien, a T. S. Eliot le parecía sin lugar a dudas la peor. Para él, la mejor era Coroliano. Para Coleridge, que fue un brillantísimo lector de Shakespeare, la peor obra del genio de Stratford es Medida por medida, obra que el crítico Walter Pater no dudó en igualar en excelencia a Hamlet. La tempestad, que suele considerarse como el valioso testamento de Shakespeare, levanta en Harold Bloom la sospecha de que se trata de una «obra de desecho». No es fácil, como puede verse, poner de acuerdo a la posteridad.

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Libros para olvidar. Pablo Martínez Zarracina

martes, 25 de agosto de 2009

Rebajas en el infierno

En el infierno están de rebajas. Por eso se llevan tanto...

- las bermudas blancas que transparentan la ropa interior de flores;
- camisetas de tirantes que dejan ver más vello corporal del deseado;
- olor corporal que se puede detactar a "tres tiros de arcabuz";
- alpargatas de esparto agarradas únicamente por el meñique o en su defecto, náuticos con calcetines blancos y pantalón corto;
- calvos con coleta;
- coches tuneados con una pegatina de "no fear" y música a volumen excesivo;
- tiras de sujetador al aire permanenetemente recolocadas;
- camisetas de equipos de fútbol con nombres estúpidos a la espalda;
- taxis con Fedeguico en la radio;
- camareros incompetentes que no escuchan más que la primera palabra del pedido;
- teléfonos móviles con la música enlatada saliendo por sus míseros altavoces;
- informativos plagados de "chismes" y sucesos;
- coleccionables de los objetos más inútiles;
- pediódicos delgados como papel de fumar;
- tertulianos ociosos;
- falsos estudiantes;
- libros quemados;
- blogs abandonados;
- inteligencia desperdiciada.

Ánimo. Ya queda menos para la nueva temporada.

lunes, 24 de agosto de 2009

Del diálogo que sostuvieron Einstein y Poincaré y de cómo se resolvió

Según parece, Einstein y Poincaré, dos de las figuras más destacadas de la ciencia del siglo XX, y acaso de toda la historia de la ciencia, mantuvieron una conversación en la que ponían énfasis en la eterna discusión entre la matemática y la física.

Einstein: —¿Sabe usted, Henri?, al principio, yo estudiaba matemática. Pero lo dejé y me dediqué a la física…
Poincaré: —Ah… No lo sabía, Alberto. ¿Y por qué fue?
Einstein: —Bueno, lo que pasaba era que si bien yo podía darme cuenta de qué afirmaciones eran verdaderas y cuáles eran falsas, lo que no podía hacer era decidir cuáles eran las importantes….
Poincaré: —Es muy interesante lo que me dice, Alberto, porque, originalmente, yo me había dedicado a la física, pero me cambié al campo de la matemática…
Einstein: —Ah, sí ¿Y por qué?
Poincaré: —Porque si bien yo podía decidir cuáles de las afirmaciones eran importantes y separarlas de las triviales, mi problema… ¡es que nunca podía diferenciar las que eran ciertas!

Apócrifa o no, resulta verosímil y edificante.

Bibliografía:
Matemática, ¿Estás ahí?. Adrián Paenza

La estupidez oculta tras el humor

Bajo la excusa del "humor" se oculta mucha estupidez.
Basta con decir "esto es humor" para presentar la mayor idiotez como una genial ocurrencia.
Y es suficiente con espetarle a tu interlocutor que no tiene "sentido del humor" para creerte legitimado para defender una memez ante cualquier auditorio.

Pues no. Humor hace quien puede, no quien quiere. Y no basta con "es una broma" para insultar a la inteligencia.
La parodia, la crítica social, el sarcasmo, el cinismo, el chiste, .... son precisamente producto de la inteligencia de mentes afiladas y cualificadas.

Pero es estos tiempos abyectos de ausencia de análisis y de argumentos, imperan las chanzas, bromitas y "cacaculopedopis", producidas por y destinadas a mentes castradas y aletargadas.


Les dejo un ejemplo de artículo y de medio que ilustra bien lo que les digo.
Pero luego no me digan que no se lo advertí.

Hay muchos más ejemplos. Si quieren, pueden traerlos.

viernes, 21 de agosto de 2009

¿En qué se parecen una langosta, un libro y una estrella?

... un momento de reflexión antes de mirar la solución...

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En el número 1.

Y es que hay que saber mirar más allá de la fachada.

La lectura, el prestigio...

¿Alguna vez hizo '¡Hola!' una portada del tipo "Isabel de Alba, marquesa de Cuernavaca, nos enseña su biblioteca"? Jamás veremos una exclusiva como "Paula Linchesberger sorprendida leyendo", aunque sea más raro que en lo que se suele sorprender a las pendones del famoseo. Nunca leeremos el reportaje de que una conocida bióloga y actriz ha recuperado la sonrisa porque después de muchas lecturas insulsas, al fin ha dado con la novela de la década. No se la verá agarrada a ese libro ni en posado, ni en robado ni en simulado.

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Una campaña eficaz para difundir la lectura tendría que empezar por desprestigiar un poco esta actividad o sea por ajustarla a los nuevos modos. "El prestigio" conserva su prestigio... pero cada vez menos. Ahora tiene prestigio la fama, que era lo que les quedaba a los desprestigiados.

Si leer tuviera el prestigio que se aprecia de verdad, no el que espanta a tantos, a la gente que tiene poder o mucho dinero o fama se la vería actuando con libros. ¿Alguna vez hizo '¡Hola!' una portada del tipo "Isabel de Alba, marquesa de Cuernavaca, nos enseña su biblioteca"? Jamás veremos una exclusiva como "Paula Linchesberger sorprendida leyendo", aunque sea más raro que en lo que se suele sorprender a las pendones del famoseo. Nunca leeremos el reportaje de que una conocida bióloga y actriz ha recuperado la sonrisa porque después de muchas lecturas insulsas, al fin ha dado con la novela de la década. No se la verá agarrada a ese libro ni en posado, ni en robado ni en simulado.


El prestigio tiene prestigio pero el poder y el dinero tienen más (porque tienen poder y dinero, así cualquiera). Nunca hemos sabido de un ministro o un juez que hayan sido invitados a pasar un fin de semana a leer en la finca de un escritor, de un distribuidor o de un editor y sí tenemos noticias de notables que madrugan para disparar contra animales en fincas de multimillonario o de altos cargos que son sobornados con safaris. (Por cierto ¿irían a desnucar bebés-foca si los invitaran?). Hay gente 'pa tó' pero no sobornas igual con dos abonos para San Isidro que con un libro y una flor para San Jordi.

Más. El delincuente no tiene prestigio (salvo entre iguales) pero sí lo tiene aquello que quiere conseguir hasta el punto de saltarse la ley. Hace falta que detengan a un lector de guante blanco por allanar una biblioteca para leer fuera de horario. Pero no pasará, como nunca oiremos decir con admiración, envidia, rencor o asepsia de economista que alguien es el mayor libroteniente de España desde hace cuatro siglos. Y mientras siga siendo así jamás llegará la lectura a según qué audiencias.

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Javier Cuervo. La lectura, el prestigio... en La verdad de Murcia

jueves, 20 de agosto de 2009

Analfabetismo numérico

Existe también analfabetismo numérico: gente que, sabiendo matemáticas, no saben ejercerlas y que, contrario a lo que cabría pensar, no es exclusivo de las personas con poca o ninguna educación: la gran mayoría de los clientes de Madoff y Stanford eran ciudadanos pudientes, con conocimientos mas que elementales. Pero haber tomado clases de matemáticas no implica necesariamente entenderlas y mucho menos usarlas como herramienta intelectual.

Una sociedad iletrada no puede abrir su panorama, no puede acceder a la información que cambiará su vida. Un analfabetismo funcional es peor: es la condena a la mediocridad por molicie, por flojera intelectual.

De la misma forma, una sociedad "anumérica" (en el sentido de uso nulo de razonamiento matemático) será, en el mejor de los casos, engañada, incapaz de comprender el lenguaje de la ciencia y será además incapaz de mantenerse al paso en los avances científicos y tecnológicos. No es entonces, ninguna sorpresa que las naciones con mejores resultados en pruebas de evaluación de comprensión de lectura y ciencia son, también, las más prósperas.

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Daniel Jiménez Alvarez. La sociedad innumerizada.

Catedrático del departamento de Ciencias Básicas. Tecnológico de Monterrey, Campus Puebla.

Teoría impertinente de la lectura

Las formas del dogmatismo actual, más allá de las ideologías totalitarias, tienen mucho que ver con la reducción de los matices del mundo a breves titulares que sirven para imponer opiniones y simplificar la realidad, haciendo imposible un verdadero uso de la conciencia individual. Los dogmas de hoy dependen con frecuencia de las nuevas velocidades de la información. La invitación al cinismo, el deseo de relativizarlo todo, suele ser el camino de las inteligencias que juegan a destruir las ilusiones colectivas.

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"A veces siento que el ser humano no se caracteriza por su capacidad de pensar, sino por su capacidad de dividirse, de hacerse presente o de borrarse según las necesidades de su deseo y su conciencia. Por eso me parece decisiva la operación de leer como metáfora de una reivindicación decente de la modernidad. Copio unas palabras de Edward W. Said, de su libro Humanismo y crítica democrática (Debate, 2008): "La realidad de la lectura es, ante todo, un acto de emancipación e ilustración humana, quizá modesto, pero que transforma y realza nuestro conocimiento en aras de algo diferente del reduccionismo, el cinismo o el estéril mantenerse al margen".

Las formas del dogmatismo actual, más allá de las ideologías totalitarias, tienen mucho que ver con la reducción de los matices del mundo a breves titulares que sirven para imponer opiniones y simplificar la realidad, haciendo imposible un verdadero uso de la conciencia individual. Los dogmas de hoy dependen con frecuencia de las nuevas velocidades de la información. La invitación al cinismo, el deseo de relativizarlo todo, suele ser el camino de las inteligencias que juegan a destruir las ilusiones colectivas.

Como hacía el poeta Campoamor contra el liberalismo romántico, los cínicos, más que defender sus ideas reaccionarias, se limitan a ridiculizar las apuestas optimistas. Confieso que el cinismo, como disfraz del pensamiento reaccionario, me molesta incluso más que la pretendida pureza de los que se mantienen al margen y se lavan las manos. A los puros, es decir, a los inquisidores actuales, no les preparan el terreno los sacerdotes, sino el cinismo.

No es, por tanto, asunto menor la reivindicación de la lectura si sirve para defender la emancipación humana en contra de los dogmáticos, los cínicos y los puros. Hay que tomarse en serio una pasión de entrega atenta a las palabras del otro, que tiene como resultado último la confirmación independiente de la realidad personal. 

¿A qué se parecen las operaciones de leer y escribir? A ponerse en el lugar del otro.

La pérdida de prestigio social de las humanidades ha provocado un sentimiento de culpa entre sus disciplinas y un deseo de imitar a las ciencias. Una sucesión de pretendidos métodos científicos marca desde hace años los rumbos de las teorías literarias. Los métodos nacen, crecen, se reproducen y mueren con la pretensión de aportar una verdad científica al conocimiento de la literatura. Se sienten fuertes al aplicar un protocolo y utilizar un vocabulario tecnológico de muy dudoso gusto.

Estoy convencido de la importancia de la teoría literaria, pero estoy convencido también de que ninguna pretensión científica es más importante que la capacidad personal de lectura, la solitaria pasión con la que Leo Spitzer, Roman Jakobson, Roland Barthes, Dámaso Alonso o Fernando Lázaro Carreter supieron leer.

Oponerse al progreso de la ciencia y la tecnología es simplemente reaccionario. Pero eso no significa olvidar el sentido de las humanidades, o asumir una definición tecnológica del futuro. La ciencia no puede perder la raíz de su pacto humanista. Quizá ser moderno, más que llenar las costumbres de vocabulario desarrollista, consista es ser capaces de volver a formular un contrato social adaptado a los nuevos tiempos. Y para firmar un contrato conviene leerlo todo, hasta la letra pequeña de los documentos. Así lo siento cuando pienso en el futuro, mientras observo la impertinente soledad de mi hija que lee, rodeada de gente, en una playa del sur."


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Luis García Montero (escritor). Teoría impertinente de la lectura

¿La lectura es verdederamente importante?


Para terminar...

¿La lectura es verdaderamente importante?

Si me lo preguntan a mí, diré: ¡sí!

¡Si dijera "no", me pondrían una mala nota!

miércoles, 19 de agosto de 2009

Elogio de la lectura

"Quizá no hay días de nuestra infancia tan plenamente vividos como aquellos que creímos haber dejado sin vivir, aquellos que pasamos con nuestro libro predilecto".

Esta frase de Proust me provoca un recuerdo de mi propia infancia. Las palabras tienen ese poder de convocar al pasado y traerlo, con toda su viveza, a la actualidad. Me veo con ocho o nueve años, seria, volcada en la lectura de Veinte mil leguas de viaje submarino, mi primer encuentro con Julio Verne y la novela de aventura. Muchos días viví con los marineros del fabuloso submarino Nautilus, aprendiendo nombres de peces, sufriendo con los ataques de los calamares gigantes, descifrando el dolor del capitán Nemo, solidarizándome con el ansia de libertad de sus prisioneros.

No estaba perdiendo el tiempo cuando leía aquellos episodios: estaba descubriendo que había otra vida (otras vidas) en los libros. Vidas espectaculares, más largas, complicadas y excepcionales que la que yo tenía. Y que podía disfrutarlas a la par que la mía, con sólo abrir sus páginas. 

Fueron muchos días y algunas noches embarcada con Nemo, primero, y luego náufraga en la isla de Robinson, aterrada por los ataques de extraterrestres en La guerra de los mundos, enzarzada en el descubrimiento del criminal con Sherlock Holmes, abordando barcos con los piratas de Mompracem y Sandokán, el Tigre de Malasia. Leer en la intimidad del dormitorio y guardar luego, como si se tratase de un secreto, el libro bajo la almohada era mi versión infantil de la perfecta clandestinidad. Un pequeño y misterioso paraíso a mi medida. 

Los libros no roban nada: multiplican por mil los ratos que distraen de la existencia de cada día. Yo soy yo, y soy también multitud gracias a la lectura. Y me siento feliz de poder hacer proselitismo de ella. Lean ustedes. Vivan.


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Josefa Parra, para para lavozdigital.es

"Una apelación a la libertad a través de la cultura"

"Hace pocos días ha muerto en Valencia Salvador Pons Muñoz. Había cumplido ya los 80 años pero su vitalidad y energía estaban casi intactas. Su desaparición supone para muchos de nosotros, que trabajamos durante décadas en Televisión Española, un dolor intenso. Es como una metáfora cruel de los tiempos azarosos que vivimos en el campo de la televisión, hoy habitada casi exclusivamente de trivialidad y amarillismo.

En 1966 España estaba en plena dictadura. Era un país de plomo, zafio, cuartelero y ajeno a todas las corrientes de libertad y modernidad que vivía el mundo occidental. El dirigismo sobre la cultura y la información se aplicaba a la defensa del régimen y TVE era, por supuesto, el instrumento más poderoso y emergente.

En noviembre de aquel año inició sus emisiones la Segunda Cadena (así se llamaba entonces) bajo la dirección de Salvador Pons.

A partir de aquel momento se incorporaron decenas de jóvenes universitarios, cineastas procedentes de la Escuela de Cine y profesionales de televisión que querían iniciar una aventura distinta. Con la perspectiva del tiempo, resulta milagroso lo que Salvador consiguió en medio de un clima de barbarie cultural.

En aquel proyecto liderado por él, colaboraron nombres como Claudio Guerín Hill, Josefina Molina, Ramón Massat, Angelino Font, Pío Caro Baroja, Antonio Mercero, Jesús Fernández Santos, Mario Camus, Miguel Picazo, Antonio Abellán, Carlos Gortari y otros que buscaban nuevas formas de entender la televisión y convirtieron la Segunda Cadena en un banco de pruebas y ensayos tanto en el campo documental como en la ficción.

Series de documentales como Fiesta, Conozca Vd. a España, La víspera de nuestro tiempo, etcétera, suponían una nueva mirada sobre nuestra geografía y sus gentes. Chéjov, Shakespeare, Ibsen, Valle o Miller se adaptaban en las sesiones de Teatro de siempre.

En el campo de la música, la gran pasión de Salvador, pudimos disfrutar de los primeros conciertos de Karajan que se oyeron en España, de clases magistrales a cargo de Leonard Bernstein, o de sesiones de jazz con los grandes de todos los tiempos en un espacio con el estupendo título de Estudio en negro.

La Segunda, llamada despectivamente "el canalillo", fue creando un estilo, una forma de comunicación inédita hasta entones y era, sobre todo, una apelación a la libertad a través de la cultura.

Aún hoy, cuando han pasado más de 40 años, La 2 sigue siendo la cadena más valorada y conserva, aunque ya un poco difuminado, aquel espíritu fundacional que alentó Pons.

Programas dirigidos a la inteligencia y a la sensibilidad de los espectadores. Ése era el objetivo con el que trabajamos muchos de los que fundamos La 2.

A menudo olvidamos, cegados por "el famoseo" de los rostros populares, que ha habido y hay gentes detrás de las cámaras que trabajaron para hacer de este país un lugar más habitable. Pons fue un pionero en esto. Creó y dejó crear espacios de aire fresco y libertad en "un tiempo de canallas". Y por supuesto ello le originó no pocas amarguras, que palió con inteligencia e ironía".

(...)

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Hace pocos días ha muerto en Valencia Salvador Pons Muñoz.

Bibliotecas de cuatro patas

"...Cerca del lugar espera Luis Humberto Soriano, un hombre de la sierra que ante los escasos éxitos que como profesor cosechaba entre sus alumnos decidió investigar a qué se debía su fracaso. Descubrió entonces que los niños no podían hacer en muchas ocasiones sus deberes porque los únicos libros que habían visto en su vida eran los que él les mostraba.

Supo entonces que tenía que buscar alguna fórmula para subsanar el problema. Se acordó del viejo burro que dormitaba en las cuadras de la casa de labranza de sus padres y pensó que si llenaba de libros sus alforjas y las subía a las veredas del departamento de la Magdalena durante los fines de semana descubriría a los niños un mundo estupendo.

Dicho y hecho, la idea cuajó entre los pequeños y el proyecto se fue extendiendo a otras zonas y ahora también funciona en la Sierra Nevada de Santa Marta. Luis Humberto Soriano explica que gracias a los biblioburros "en el valle de Nabusímake se ha creado la biblioteca Atikinchukwua, en la que se han reunido cerca de 400 libros, que con la ayuda del mulo Bunzuganu se van rotando en ocho escuelas, de 32 que tiene el resguardo, con el trabajo voluntario de los padres de familia". El proyecto Biblioburro en la Sierra comenzó a finales de 2006, y las escuelas que actualmente se benefician del proyecto son las de Piñumuke, Kurakatá, Atiurumuke, Makogeka, Zigkuta, Jeurwua, Gamuke y Busingekun.

"Ahora tenemos 22 burros que recorren las veredas ofreciendo un mundo de palabras escritas. Un mundo que permite a los niños traspasar las montañas en las que habitan y volar a través de las letras. En mi casa las camas ya no tienen patas. Las sostienen los libros que llevo los fines de semana a los cientos de habitantes que se acercan a las bibliotecas de cuatro patas".

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Revista de verano de El País

lunes, 17 de agosto de 2009

El lenguaje insuficiente

"... sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y periodo sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáreis y fuese posible, vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos, sin intrincarlos y obscurecerlos.”

Miguel de Cervantes.


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Que el lenguaje discurra sobre el propio lenguaje se puede convertir en un ejercicio retórico, una teoría gramatical o un acto de autocomplacencia. La relación del lenguaje con otras disciplinas y con la vida abre horizontes para establecer dos vías de pensamiento: el lenguaje como medio de expresión, de comunicación y el lenguaje como camino para el conocimiento, el aprendizaje.


En el primer caso, lenguaje-comunicación, partimos de la estrecha relación filosófica entre lenguaje y pensamiento. El mundo de las ideas necesita de la expresión verbal para tomar forma y ser transmitido. Y esa misma necesidad de comunicar, de llegar al otro, sugiere una nueva premisa: la claridad como objetivo. Desde Cervantes la defensa de la “llaneza” frente a la “afectación” se convierte en un reto del lenguaje moderno:

“...no hay para que andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos: sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y periodo sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáreis y fuese posible, vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos, sin intrincarlos y obscurecerlos.”

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo D. Quijote De la Mancha, prólogo de la I parte.



La teoría lingüística diferencia entre niveles del lenguaje y registros lingüísticos: un hablante posee un nivel de lenguaje que responde a su formación,situación socio-económica, etc, pero todo hablante puede adecuar su registro al contexto en el que se desenvuelve en cada momento. De tal manera que no es mejor expresión la del que usa y abusa del cultismo (hipercultismo) o de un nivel de lenguaje que no se ajusta a la situación ni a los receptores (lectores, oyentes) ,sino la de aquel que sabe adecuarse al contexto.

En este punto entramos de lleno en la relación del lenguaje con otras materias, en este caso la arquitectura. La necesidad del arquitecto de explicarse abre todo un campo de textos que, de entrada, podemos delimitar en dos niveles: la arquitectura para arquitectos y la arquitectura para los que no lo son.
De este último aspecto es del que vamos a ocuparnos, la comunicación con el no experto.

Y ahí volvemos al ideal de claridad; el experto debe descubrir, transmitir, profundizar, sin perder el rigor pero tampoco el sentido didáctico. Ese difícil equilibrio entre la precisión y la simplicidad que a muchos les parece que es rebajarse, condescender ante el ignorante...
Nada más lejos de la realidad; quizá al contrario, detrás de muchos discursos brillantes, pero ininteligibles y oscuros, haya mucho de inseguridad; globos de colores que se pinchan y no hay nada.

Quizá además en España se note especialmente un vacío de este tipo de textos de divulgación; muchas veces se desprecia el propósito divulgador en aras de esa supuesta necesidad de rigor técnico y científico. No deja de ser triste que mucha teoría, de casi cualquier disciplina, nos llegue a través de traducciones de textos extranjeros.
Porque si ahondamos ya en el segundo aspecto que planteábamos al principio, damos un paso más respecto a la cuestión anterior: el lenguaje no sólo como expresión sino como forma de transmisión del conocimiento, de camino para el aprendizaje.

El experto (arquitecto) puede considerar que su obra en sí misma ya es un lenguaje, es suficiente para comunicar lo que él quiere. Pero también puede sentir la necesidad de verbalizar lo que hace, bien como un ejercicio de reflexión personal o bien por un compromiso con la sociedad en la que le ha tocado vivir, la necesidad de hacerse comprensible al ciudadano.

La divulgación y el conocimiento de la arquitectura para el que no es arquitecto comprende los aspectos científicos y técnicos y el componente estético y artístico. En el primer nivel, todos entendemos la necesidad de adquirir un vocabulario específico, tecnicismos, imprescindible para la comprensión de elementos concretos (“un dintel es un dintel”). En el segundo nivel, la expresión se hace más compleja (no complicada) puesto que asumimos que la expresión de las manifestaciones artísticas comporta un elemento subjetivo ineludible.

Matices, sensaciones, sentimientos, se escapan de la palabra exacta para entrar en un plano de lenguaje personal y propio que sugiere más que dice, evoca e incluso trata de atrapar, a través de múltiples recursos, lo inefable, lo que difícilmente se puede expresar con palabras.

Pero no debemos entender los valores connotativos del lenguaje como un límite sino como un enriquecimiento, la polisemia del lenguaje poético lleva a tantas interpretaciones como receptores (lectores, oyentes). El autor, artista, parte de su punto de vista único, íntimo, pero debe asumir que su obra expuesta al mundo cobra vida propia y está sujeta a mil lecturas.

Dejamos aquí una puerta abierta a un análisis más profundo de los recursos lingüísticos que los arquitectos suelen utilizar de forma muy creativa para expresarse: metáforas, sinestesias, incluso el neologismo... la necesidad de crear nuevas palabras cuando el lenguaje convencional resulta insuficiente.”La piel de un edificio”, ”la textura de las palabras”, ”arquitectura neumática”, no dejan de ser muestras de la vitalidad del lenguaje, que no es tan insuficiente desde una visión flexible y amplia de lo que debe ser el conocimiento, el apasionante camino del saber.

“De cualquier modo, todas las “realidades” y las “fantasías” pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia y fantasía, aparecen compuestas de la misma materia verbal; las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres minúsculos o mayúsculos, de puntos, de comas, de paréntesis; páginas de signos alineados, apretados como granos de arena, representan el espectáculo abigarrado del mundo en una superficie siempre igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto.”

Italo Calvino, Seis propuestas para el nuevo milenio, (Visibilidad), Círculo de lectores,1998


Felisa Ferraz. El estudiet.


P.D. Este apunte y el anterior (por quien les habla) fueron desarrollados en el año 2002 para una "mesa redonda" en la que se habló de arquitectura, de lenguaje y de su relación.

domingo, 16 de agosto de 2009

"Hemos realizado nuestro sueño... y hemos dado todo lo demás a cambio"

Estas palabras son de Kurt Diemberger, después de sobrevivir a una brutal experiencia en el K2.

Desde ese día, la frase resume perfectamente el espíritu y la motivación de los alpinistas.


Este apunte está escrito el día 13 de agosto, temprano por la mañana (hora española), cuando el equipo de rescate preparado para evacuar del Latok II a Óscar Pérez tiene que posponer su primer intento por problemas logísticos.

Óscar ya lleva varios días colgado en la montaña.
En este momento pienso, como hacía el protagonista de "Sostiene Pereira", que tener preparada la necrológica con antelación me ayudará a redactarla de forma desapasionada.
Y de paso, a tener el trabajo adelantado ante un inminente desenlace.


Mientras escribo estas líneas deseo no tener que darle al botón "publicar entrada".
De momento le doy a guardar como borrador, con la amarga sensación de que quizá tenga que editarla en pocas horas, quizá días.

A los periodistas deportivos se les llena la boca al decir que lo deportitas de élite están hechos de "otra pasta".
Y es verdad. El entrenamiento, la dedicación, el esfuerzo, la constancia, el sufrimiento cuando se rinde al límite... son valores que los definien y les confieren un aire de heroicidad.


Pero los alpinistas son de otra pasta de esa otra pasta. No hay dinero por el medio, ni grandes patrocinadores, ni TV en directo, ni tertulias radiofóncas haciendo juicios de valor, ni prensa contando los detalles más irrelevantes (hay alguna excepción, cierto, pero son eso: excepciones).

Los alpinistas están solos consigo mismos en un combate cara a cara en el que la naturaleza, y no la tecnología o el dinero, marca los límites.


Óscar Pérez ha muerto solo, herido, colgado a más de 6000 metros, inmovilizado, y los esfuerzos por rescatarle se han topado con las dificultades propias de la escasa rentabilidad mediática.

Pero no me da lástima. Quien lucha por conseguir sus sueños merece un infinito respeto, aunque el precio que haya tenido que pagar sea "todo lo demás".

Buen viaje Óscar.

Desde aquí brindo por todos los que le precedieron. Por su memoria y por su ejemplo.

viernes, 14 de agosto de 2009

Arquitectura: arte & textura







Hemos indagado un poco sobre el origen, evolución y uso de la palabra que define esta dedicación profesional.
Y el resultado es que también la lengua nos ayuda a comprender y valorar el mundo que nos rodea.


• Define el drae (responsable de limpiar, fijar y dar esplendor, labor que, como vamos a ver, no hace del todo mal) define, decíamos, la palabra arquitectura como “arte de proyectar y construir edificios”.

A continuación define también arquitectura civil, hidráulica, militar, naval, religiosa, y en todos los casos las define como arte.

De arte dice: “virtud, disposición o habilidad para hacer alguna cosa”;
continúa diciendo “acto o facultad mediante los cuales, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido, imita o expresa el hombre lo material o lo inmaterial y crea copiando o fantaseando”;
no se detiene aquí: “conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien una cosa”.


Continuemos con quien ejerce la arquitectura, tanto si es él como si es ella, porque se puede decir arquitecto o arquitecta: dice el drae que proviene del latín architectus, que a su vez procede del griego arkhitéctõn: “persona que profesa o ejerce la arquitectura” .

• Busquemos un poco más atrás. Juan Corominas, en su Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, (obra por la cual ascendió a los altares de la filología), profundizó un poco más:
- la palabra griega arkhitéctõn, está compuesta de téktõn, “obrero”, “carpintero”, que a su vez deriva de tíktõ “produzco”, “doy a luz”;
- y de árkhõ, “soy el primero”.

Y esto recuerda enormemente al feudalismo medieval, época en la que el Rey era el “primus inter pares”, el primero entre iguales.


La palabra castellana comienza ya a usarse hacia 1520.



• Podemos retroceder aún un poco más. Veamos qué dice el Diccionario Etimológico Indoeuropeo de la Lengua Española (Edward A. Roberts y Bárbara Pastor. Alianza diccionarios. Madrid 1997).
La raíz teks- de origen indoeuropeo significa "tejer", "fabricar".
De ella evolucionan multitud de términos asociados que han dado como resultado palabras como tela, telar o tejido, aplicándole el sufijo –lã.
Si aplicamos el sufijo –õn aparace teks-õn-, “tejedor”, “constructor” que derivó en la palabra griega téktõn, “carpintero” “constructor”, que ya menciona Corominas.
Si añadimos el prefijo αρκω, “mandar” nos da arquitecto, “el que dirije la contrucción”.

• Para terminar digamos que también existe el término alarife “arquitecto o maestro de obras” que proviene del árabe al-‘arif, “el maestro” “el entendido” “el oficial”.

Todo es coherente y cada caso añade matices que enriquecen el término y lo dignifican, y, sobre todo, lo humanizan.

jueves, 13 de agosto de 2009

A la salud de la $G4E: El alcalde de Zalamea

Como no hay mal que por bien no venga, la SGAE nos da un buen motivo para leer una de las obras más representativas de uno de los autores más notables de la literatura española.

No se priven, ahora que pueden, porque al paso que vamos, y viendo cómo se estan poniendo esta peña, al final no quedará nada.

Sólo les falta empezar a quemar libros.


Un poco de silecio... y de tiempo

La rápida acumulación de información choca con la necesidad de leerla en un tiempo demasiado lento, demasiado espeso, demasiado rugoso, de manera que hemos acabado por conformarnos, no ya con una ráfaga de titulares, sino con la tarea infinita, pero menos fatigosa, sin trabas ni cuestas, de bajarlos de Internet (“Había un hombre que leía tanto que no tenía tiempo para pensar”, decía Stevenson; “había un hombre que archivaba tanto que no tenía tiempo para leer”).

Nuestra Esparta atmosférica, aguacero de bombas y mercancías que reproduce sin cesar la batalla entre los solteros y los huérfanos ha impuesto como todo horizonte subjetivo el tiempo rápido y privado del sexo, del trabajo y de la digestión; es decir, el no-tiempo único, homogéneo, sin mundo, de la digestión.

Nos lo comemos todo con la boca, nos lo comemos todo con las manos y nos lo comemos todo con los ojos;
y por eso quizás la familia (y la escuela pública) deberían tratar de restablecer, sin muchas esperanzas, sin perder las esperanzas, el tiempo más largo del oído, ese órgano desprovisto de puertas y cerraduras, como dice Rabelais, pero necesitado precisamente de un poco de silencio, la cosa más difícil de imponer sin un látigo o un grito.


(Santiago Alba; Leer con niños; Caballo de Troya; pag. 299-300)

Le tomo prestado al apunte a Txetxu Barandiarán, que lo colgó en Facebook.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Cuando hay que explicar lo evidente...

... a veces, se llega a extremos un tanto absurdos, pero también se pueden obtener hilarantes imágenes.

He aquí una "edificante" galería para ilustrar lo dicho.


De las discusiones con bobos hablaremos otro día, que también son ricas en explicaciones de lo evidente.






















































































































































P.D. Todas las fotos ha sido realizadas por quien les habla, a lo largo de bastante tiempo y en diferentes lugares. No ha habido copia/pega de internet. Están a su disposición en flickr.

Ustedes discuparán el tono del apunte, pero es que es verano y ya se sabe...

martes, 11 de agosto de 2009

Decálogo para mentecatos, destructores, infalibles y tocapelotas

- Si eres de los que se dedican a criticar lo que hacen otros sin aportar valor alguno;
- si eres de los que cuestionan los métodos de los demás utilizando esos mismos métodos;
- si eses un destructor de las propuestas intelectuales ajenas simplemente porque no son tuyas;
- si eres de los que no tiene nada que ofrecer más que tu petulancia y tus juicios infalibles;
- si eres de los que no son capaces de generar el más mínimo contenido propio pero te encanta emponzoñar el contenido que generan los demás;

Resumiendo: si eres un mentecato, destructor, infalible y tocapelotas... aquí te dejo este decálogo para mentecatos, destructores, infalibles y tocapelotas. Considéralo un regalo.

1.- Abre un blog. Herramientas hay suficientes, gratuitas y sencillas como para que cualquiera lo pueda hacer. No es fácil; la tentación de ser espectador en vez de actor es elevada. Pero hay que conocer el terreno para poder juzgar;

2.- Decide el tema central. No es fácil. No basta con opinar de todo creyéndose en posesión de la verdad. Hay que demostrar cierto criterio intelectual, crítico y, sobre todo, saber de lo que se habla. No es fácil, lo sé; "yo tengo razón y los demás estáis equivocados" es una motivación muy fuerte;

3.- Comienza a generar contenidos propios, originales y/o enlazar a quienes los generan. No es fácil; la tentación de copiar/pegar los contenidos de otros es enorme. Pero hay que ser fuerte y no dejarse arrastrar al reverso tenebroso del 2.0;

4.- Fideliza a tus lectores. Guíñales el ojo de vez en cuando y trátales con el respeto intelectual que merecen. Como autor querrás ese mismo respeto. No es fácil, porque la estupidez campa a sus anchas por el proceloso abismo de la web;

5.- Colabora en una red social. Aporta contenidos interesantes a la comunidad y enriquece esos contenidos con tus comentarios. Cuando hablo de aportar y enriquecer no me refiero a que te creas que nos haces un favor con tu magnánima presencia y tu docta sabiduría. No es fácil, porque te crees en posesión de la verdad y las opiniones de los demás son irrelevantes.

6.- Si sobrevives a todo lo anterior y llegas hasta este punto, quizá tengas una serie de cabezas pensantes con las que medirte a diario y a las que no defraudar. No es fácil, porque si lo que te interesa es lucirte como una vedette o generar comflicto a tu alrededor sólo verás tu propio ombligo, perderás de vista la inteligencia ajena y creerás que sólo la tuya existe.

7.- Un día llegará alguien que, oculto cobardemente detrás de un anónimo alias digital, demostrará un resentimiento tal hacia tu trabajo que sólo se podrá explicar por envidia, provocación o venganza. Ese día verás qué miserable puede llegar a ser la gente. Cuanto más miserable, mayor será su persecución. Esto sí es fácil, porque ese "alias digital" es de los enumerados al comienzo de este apunte. Y abundan

8.- Te acusará de mil y un crímenes siempre que tenga oportunidad; esperará agazapado esa aportunidad porque su mísera aportación se basa en creerse digno de hacer esos juicios de valor. Ese día quizá creerás que tienes que darle explicaciones, que tienes que justificarle tus actividades como si fuera merecedor de ese honor.

9.- Pero pronto sabrás que la mediocridad se autolimenta de sí misma y que tú no quieres ser alimento de tocapelotas, así que escribirás un post en tu blog hablando del tema, intentando comprender sus motivaciones y mostrando tu lástima por tan mezquina y estúpida actitud.
Además, le dejarás el punto 10 del decálogo libre para que muerda su propio anzuelo de querer tener siempre razón y tenga la oportunidad de añadir su propio corolario.

10.-

Prosit!

Caperucita Roja revisitada




Visto en Vecindad Gráfica.
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