lunes, 25 de enero de 2010

Juan Manuel de Prada, las campañas de lectura y el hedor de la soberbia

Escribe Juan Manuel de Prada sobre las campañas de lectura.

Y el hedor que desprende su discurso se percibe "a tres tiros de arcabuz".
Porque con penosos requiebros argumentarles critica sin asumir que aquello que critica es exactamente lo que él mismo es y representa.
Interesante tema, pienso, por necesarias, la promoción y la difusión de la lectura. No me exenderé en ello; los que ya hayan pisado estas tierras sabrán que hablamos a menudo del tema.

A de Prada es la primera vez que le veo hablar de ello, aunque supongo que, quizá, lo haya hecho en alguna otra ocasión. Y aunque no le tengo en gran estima, más bien al contrario, me lanzo a leerle aunque al final mi estima hacia él quede reducida a cero.

Comienza el artículo con una afirmación que no puedo sino suscribir:

"…cada vez es más frecuente el fenómeno del `bombazo editorial´ –ese libro que todo el mundo lee al mismo tiempo–, inducido por la uniformización del gusto. La defunción del libro parece, pues, un asunto refutado por la realidad; más atinado parece hablar de la posible defunción del lector, que en las sociedades occidentales está siendo suplantado por el `consumidor de bombazos editoriales´".

El análisis del primer párrafo me parece acertado.

Pero al Sr. de Prada le gusta que se hable de él, aunque sea mal. Le encanta salir en la foto, la fama de polemista, de intelectual de élite invitado a todas las tertulias; le encanta la pose de apocalíptico, las opiniones forzadas y gratuitas…
El que comenzó como una prometedora figura de las letras se ha convertido poco después en un tertuliano de profesión, entendido de todo pero actor de nada; arengador de masas desde la intocable atalaya de su página semanal.

Así que no es de extrañar que en el segundo párrafo se descuelgue con:

"A la formación de esta masa permeable al `consumo cultural´, y no a la formación de lectores tradicionales, van dirigidas esas campañas de fomento de la lectura que periódicamente se organizan desde instancias administrativas. Nuestras autoridades anhelan «democratizar» la cultura, aspiración (como ellos mismos saben) vana y, además, irrealizable. Pero como la labor de las autoridades consiste, precisamente, en administrar las apariencias y en otorgarles visos de realidad, nadie osa criticar estas campañas, pues ya se sabe que toda iniciativa tendente a democratizar la cultura goza de los parabienes de nuestro moderno progresismo".
Y a continuación:

"Sobre la inutilidad de las campañas de fomento de la lectura no creo que merezca la pena desarrollar un sesudo análisis; está demostrado que los anuncios publicitarios y demás embelecos del consumismo no fabrican lectores, tan sólo consumidores gregarios de libros, precisamente porque la lectura sigue siendo una actividad a la que sólo acceden los espíritus libres, y la publicidad se dirige, por definición, a los espíritus cautivos."

Ni se molesta en explicarlo, como uno de los "sinvergüenzas" del vídeo.

Aún hay más:

"…la incitación a la lectura es una tarea absurda desde su mismo origen".

Y va concluyendo con:


"…leemos libros porque anhelamos una aristocracia del espíritu. Lo demás es gregarismo y pamplinas; cuentos chinos para quedar progres…"

Su obsesión por lo "progre" y por el "moderno progresismo" le hace elaborar un discurso fatuo, puesto únicamente al servicio de su cruzada personal de tintes políticos, que nada tiene que ver ni con la lectura, ni con la cultura ni con la educación. Sólo tiene que ver consigo mismo y su necesidad de notoriedad.

Sólo así se explica que arremeta contra las campañas de promoción de la lectura y las tilde de aburdas e inútiles; que recree un discurso elitista destinado a su público cautivo, ese mismo que no sirve para los demás pero sí para uno mismo.

El artículo apesta a soberbia y derriba en cuatro líneas uno de los pilares de la educación por motivos que únicamente pueden explicarse por una mal disimulada inquina hacia todo lo que no sea su propio producto.
Destruye sin construir nada y echa por tierra toda una labor con generalizaciones que sabe injustas e indocumentadas.

Según vd., sr. de Prada… ¿qué habría que hacer?
Nada, según parace; dejar, todo lo más, que la lectura se reproduzca por generación espotánea.
Eso es lo que viene sucediendo desde hace décadas y lo que hemos obtenido son unos pésimos resultados no solo en índice de lectores sino en el informe PISA (que entre otras cosas dice: "se ha producido un descenso general en todos los países en
comprensión lectora 2006, y este descenso es muy notable en el promedio español").

Resumiendo: el sr. de Prada "viene a hablar de su libro" y lo mismo le da el tema. Cualquiera vale.

Democratizar la cultura no tiene nada que ver con las ínfulas del sr. de Prada: no se trata de hacerla únicamente accesible; básicamente hay que hacerla comprensible para que sea posible valorarla y participar de ella no sólo como espectador sino como actor.

Pero igual eso es precisamente lo que teme el sr. de Prada: competencia para los que ya ocupan el sillón. Y, como en otros tiempos, se resisten a dejar sitio a otros que les hagan perder sus privilegios.

El sr. de Prada es una de esas figuras que gozan de un inexplicable prestigio y que, lo mismo que él critica, es un "bombazo mediático" destinado a adornar los foros en los que participa. Él mismo recurre sin pudor a los "métodos de «incitación» que se aplican a las audiencias gregarias que abrevan concursos televisivos".

Y sabe de lo que habla, porque sus novelas, convertidas, como él dice, en "bombazos editoriales", son exactamente ese producto que tanto desprecio le genera. Y sus artículos únicamente persiguen ocultar su nulo bagaje personal bajo el humo de la algarada, la crítica indiscriminada y un ego que crece a la par que su perímetro abdominal.

Escriba Vd. sus panfletos sr. de Prada, que otros intentaremos que alguien los lea, aunque sea para desenmascararle.


Y recuerden todos los educadores, docentes, bibliotecarios, editores, escritores… la promoción de la lectura es absurda e inútil. Lo dice el sr. de Prada.
Suponemos que se refiere a toda aquella lectura que no sea la de sus novelas y artículos.

7 comentarios:

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo. De Prada, como bien dices, ha ido de joven promesa a tertuliano profesional, que es casi lo peor que se puede ser en este país.
    Además, criticar las políticas de incitación a la lectura es un poco absurdo. Sobre todo entre los más pequeños. Si consigues enganchar a un niño a la lectura será un lector que ya no pierdas.
    Por último, ha habido bombazos editoriales que son auténticas maravillas: "El nombre de la rosa" hace años, "Caín" de Saramago son dos buenos exponentes. Y, por ejemplo, ayer mismo vi que el cuarto o quinto libro (no recuerdo bien) más vendido en La casa del Libro en edición Bolsillo era la reedición de "El misterio de la cripta embrujada" de Eduardo Mendoza, que será fácil de leer, sí, pero no es un Código Da Vinci.

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  2. Lo cierto es que también soy un gran escéptico respecto de las campañas de fomento de la lectura, pero no por los mismos motivos que De Prada.
    Y tiene razón el comentarista anterior: entre los bombazos editoriales no sólo hay códigos secretos y catedrales a gogó, sino también (lo reconozco: para mi asombro) auténticas maravillas, como las que él cita, o como La ladrona de libros o La elegancia del erizo.

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  3. "Una aristocracia" dice Prada. Eso es lo que él anhela, lo que él busca y lo que desaparece con la democratización de la lectura.
    Si se extiende ese hábito no se distinguirá su aristocracia: será vulgar, corriente, un ser común, un plebeyo como todos nosotros.

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  4. Juan Manuel de "Parda" es un opinólogo más, alguien que tiene que defecar 7 columnas a la semana y que habla de cualquier cosa, defendiendo cualquier postura siempre y cuando quede limpia y brillante su posición ideológica marcada por el diario que firma el cheque. Un botón de muestra más de la mediocridad de este país.

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  5. Es desolador leer este tipo de opiniones, con el esfuerzo descomunal que hacemos los profesores para que nuestros alumnos encuentren el placer en la lectura, pues sabemos de la cantidad de beneficios que obtendrán con ella.

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  6. "su nulo vagaje personal"

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