jueves, 18 de febrero de 2010

Derechos morales, matemáticas y otras yerbas


Discurre el debate de los derechos de autor entre lecturas diagonales, vertiginosas hipotenusas, esquivas tangentes, incomprensibles parábolas, soberbias hipérbolas, bastantes paralelos y algún que otro cateto.

Así que igual conviene aclarar algunas cosas sobre los derechos de autor; en concreto, sobre los derechos morales, esos grandes desconocidos, como dice Pedro J. Canut:

"…en la piel de toro confundimos propiedad intelectual con “copyright”, hasta el punto de creer que ambos son una misma cosa; cuando lo cierto es que la propiedad intelectual comprende más cosas que el derecho de explotación de la copia por parte del autor (o siendo exquisitos – o puntillosos, según se mire – por parte del titular de los derechos de explotación); y entre las bondades de la normativa patria sobre propiedad intelectual se encuentran los derechos morales de autor; esos grandes desconocidos".

"Nuestra normativa de propiedad intelectual distingue entre derechos moralesderechos de explotación; los primeros son irrenunciables e inalienables; los segundos pueden cederse – inter vivos o mortis causa." y

Vayamos pues al texto de la ley, a ver qué dice.
Segúu el artículo 14 de la L.P.I. corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables:
  1. Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma.
  2. Determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente.
  3. Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra.
  4. Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.
  5. Modificar la obra respetando los derechos adquiridos por terceros y las exigencias de protección de bienes de interés cultural.
  6. Retirar la obra del comercio, por cambio de sus convicciones intelectuales o morales, previa indemnización de daños y perjuicios a los titulares de derechos de explotación.
    Si, posteriormente, el autor decide reemprender la explotación de su obra deberá ofrecer preferentemente los correspondientes derechos al anterior titular de los mismos y en condiciones razonablemente similares a las originarias.
  7. Acceder al ejemplar único o raro de la obra, cuando se halle en poder de otro, a fin de ejercitar el derecho de divulgación o cualquier otro que le corresponda.
    Este derecho no permitirá exigir el desplazamiento de la obra y el acceso a la misma se llevará a efecto en el lugar y forma que ocasionen menos incomodidades al poseedor, al que se indemnizará, en su caso, por los daños y perjuicios que se le irroguen.

Continúa Pedro Canut con un párrafo que no puedo sino suscribir:

"Como comprobarán los menos familiarizados con la materia, la propiedad intelectual en España, de momento, es algo más que el derecho de copia (copyrigth); y es importante que, sobre todo los que creemos en la CULTURA LIBRE (con mayúsculas) , pongamos todo nuestro empeño en mantener a estos desconocidos, de los que no suelen hablar la SGA€ y otras yerbas, pero en los que creemos quienes, de verdad, amamos y respetamos la cultura.
Como les digo siempre, no crean lo que les digo; lean el artículo 14 L.P.I".


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Bibliografía:

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