viernes, 12 de febrero de 2010

El Ulises, de Joyce: el libro que podía ser "vomitivo, pero no inmoral"

El Ulises, de Joyce, había obtenido infinitos rechazos en incontables editoriales norteamericanas y, especialmente, por parte de microcéfalos funcionarios de aduanas que obedecían órdenes superiores (los censores de correos, doctos en materia literaria). 

Pero el libro aún no había sido vetado por la justicia. Este requisito era necesario para poder lograr un dictamen legal, favorable o no. 

La editorial norteamericana recurrió a un truco. Envió un funcionario a París, que se puso en contacto con Sylvia Beach y obtuvo un ejemplar del libro. 

De vuelta a New York, un día muy caluroso, se encontró con aduaneros enervados por el bochorno que lo invitaron a pasar sin siquiera abrir las maletas. 

Pero el mensajero protestó y exigió que revisaran su equipaje porque llevaba un libro prohibido. 
El aduanero se quejó amargamente de que lo hicieran trabajar con semejante temperatura y cuando vio el cuerpo del delito comentó: "Pero si todos los turistas que vienen de Francia traen el Ulises".

Sin embargo se resignó, se hizo cargo del libro maldito y lo puso en manos de sus jefes. 

Ahora había una base para iniciar la querella, que terminó con el fallo absolutorio del juez, J.M. Wolsey, cuyo nombre no figura entre los grandes de la literatura, con torpe injusticia. 

Su Señoría dictaminó que el libro podía ser "vomitivo, pero no inmoral".

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Bibliografía
Juan Carlos Onetti. Confesiones de un lector. Alfaguara, Madrid, 1995.
• Más anécdotas literarias en Hoja por hoja.

3 comentarios:

  1. Hace unos meses leí las memorias de Sylvia Beach ("Shakespeare & Company"). En ellas contaba cómo sus amigos (Hemingway entre ellos) pasaban ejemplares a través de la frontera canadiense (en Canadá no estaba prohibido), hablaba de que la mayoría de las editoriales de EE.UU. que se interesaban por Ulyses eran de literatura erótica, hablaba de los problemas con los derechos de autor con editores estadounidenses,..., pero no recuerdo (aunque mi memoria es frágil) que mencionase nada parecido a lo que Onetti cuenta (y anécdotas hay muchas en esas memorias). La anecdota en cuestión ¿podría ser un mito urbano?

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  2. La mujer Quijote:

    no puedo afirmar que lo que cuenta Onetti no sea mito urbano.

    La fuente parece de fiar y la anécdota, verosímil.
    No me imagino a Onetti fabulando al respecto.

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  3. No lo sé.
    Verosímil sí es, aunque lo de la fuente ..., Onetti cuenta lo que le contaron y la anécdota puede haber llegado a él así.
    También puede ser cierta, pero creo que algo así Sylvia Beach lo hubiera contado, no lo sé.
    De todas formas, los mitos se forjan con otros mitos, aunque estos sean urbanos, y tampoco está mal ese aura de vez en cuando.

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