jueves, 4 de febrero de 2010

La cultura y la educación entre rejas

La cantidad de dificultades que encuentra una actividad cultural para su realización, pese a sus evidentes fines docentes, motivadores y educativos, demuestra hasta qué punto la cultura en este país está sometida a una estructura cuasiinquisitorial, pseudorepresiva, que, lejos de promover su divulgación, insiste en restringirla.

Un instituto programa la representación de una obra de teatro. Los actores son los propios alumnos.
No hablaremos aquí sobre la utilidad de estas iniciativas por lo que tienen de motivadoras y de educativas; del interés que suscita en los alumnos, profesores y padres; en la labor divulgativa que hay tras ella, desde el conocimiento de un autor y de su obra, hasta los recursos expresivos necesarios para representarla…

Pues allí aparece la SGAE a recaudar el diezmo porque "no cuenta con autorización de los depositarios de los derechos de la obra para representar Bodas de sangre".

Resulta que el propietario de esos derechos es el Centro Dramático Nacional.

Consultado el propietario sobre el tema, cede el derecho de represetación a cambio de que no se vendan entradas. Quizá piensan que el Instituto se va a lucrar con esa represetación. El instituto accede a esta demanda, pero, aún así, la SGAE añade que "el que una compañía tenga la posibilidad de representar la obra, aunque sea con carácter gratuito, no significa que se le exima de pagar los derechos legítimos a su autor".

• Los derechos de la obra de Lorca están en poder del Centro Dramático Nacional; o sea, del estado. No sé cómo ha llegado a ser así, pero estaría muy bien que el propio estado, velador de la educación y la cultura, se mostrara más generoso con la promoción y difusión de ambas áreas de su competencia, en vez de mostrarse cicatero;

• La SGAE, amparada por papá estado continúa con su "caza de brujas" sin que, hasta la fecha, nadie de su entorno haya hecho la más mínima reflexión o autocrítica sobre cómo actualizar un modelo de negocio obsoleto, unas prácticas abusivas y cuasiextorsionadoras, o cómo favorecer la promoción y divulgación de la cultura.

Todo este tema, de verdad, apesta.
Y tanto el estado como la entidad de gestión han perdido completamente el norte dando más relevancia a actitudes mercantilistas que a labores educativas.

Me pregunto cuántos libros de Lorca se habrán vendido en el entorno de ese instituto como consecuencia de la iniciativa; o cuántas entradas de teatro se venderán en el futuro por el interés que ha despertado el medio; o cuántas conversaciones sobre historia y literatura habrán tenido los alumnos implicados y sus familias y amigos.

Pero los gestores prefieren el pájaro en mano de 95 euros que el ciento volando de una sociedad mejor formada.

Si los profesores, padres y alumnos del Instituto Zalaeta de Coruña acaban por leer este post, les propongo lo siguiente: hagan como en las bodas. Asistan a la representación como si nada hubiera pasado; entren gratuitamente al teatro, disfruten con la función y, a la salida, dejen un sobre con una gratificación anónima que ayude a sufragar los gastos de la función (o para orgnaizar una merienda para los asistentes y participantes). Todo ello de forma discreta, no vaya a ser que los problemas se los dé hacienda.

En fin: a ver si entre todos podemos evitar que la cultura y la educación sigan entre rejas.

3 comentarios:

  1. Si ya me parecía excesivo e inadmisible su trato respecto al uso de la música en actos públicos... Esto ya no tiene nombre. Me indigna, me cabrea muchísimo y me sorprende que se les de vía libre.

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  2. Ya ves Silvia.
    El gobierno está, inexplicablemente es esa línea, defendiendo y amparando estas actitudes.
    Yo ya no entiendo nada.

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