martes, 30 de marzo de 2010

¿Cómo debería ser un maestro?

¿Cómo debería ser un maestro?

A esta pregunta tan actual intentó contestar Quintiliano hace veinte siglos. Quintiliano nació en Hispania, en la ciudad que hoy es Calahorra. Dedicó toda su vida a la enseñanza en Roma. El emperador pagó sus servicios con fondos públicos, así que podría decirse que fue el primer catedrático.

Después de perder a su jovencísima esposa y a sus dos hijos, condensó toda su experiencia como educador en un libro, buscando refugio y volcando en él su herida humanidad. "No sé qué envidia secreta corta el hilo de nuestras esperanzas", escribió en el prólogo.

Quintiliano creía que un maestro no debe ser demasiado complaciente, pues la corrección es la parte más últil de la enseñanza. Hay que premiar el trabajo, porque "se progresa gracias al estudio, no por el desdén".

Según él, es esencial un constante esfuerzo por no ser árido, sobre todo con los jóvenes, que enseguida decaen como las plantas en una tierra seca y carente de humedad.

Quien enseña tampoco tampoco debería usar el sarcasmo. La humillación y la vergüenza, pensaba Quintiliano, obligan a los niños a hacer cosas impropias de ellos. Es preciso ser afectuoso para que el alumno pase sin darse cuenta del cariño hacia el maestro al cariño hacia la asignatura.

Quintiliano sabía que todo maestro, incluso luchando ásperamente por imponerse, anhela una mirada hechizada en los ojos de sus alumnos. La palabra "educar" significaba en latín "sacar afuera", o sea, hacer aflorar la inteligencia del estudiantes, pero también sacarlo de la apatía.

Enseñar es hacer señas esperando respuestas.

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• "La columna" de Irene Vallejo. Enseñar a enseñar. Heraldo de Aragón, 29 de marzo de 2010.
Sin enlace web.

1 comentario:

  1. Tal vez te interese echarle un vistazo a este artículo. Para romper los tópico, vamos:

    ¿El infierno de la ESO?

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