martes, 23 de marzo de 2010

Consejos para evitar el sexismo en el lenguaje


Todo escritor*  —hombre o mujer— debe prestar atención a su lenguaje para no caer en usos sexistas pero tampoco absurdos lingüísticos. Hay que evitar un empleo discriminatorio de la lengua, pero no se puede terminar en el extremo contrario, que olvida el genio interno del idioma para fabricar una ingeniería lingüística según la cual palabras que no tenían género de repente lo encuentran y otras, que sí lo tienen, deben perderlo. 

En una próxima entrada recordaremos qué es el sexismo en el lenguaje, cómo se produce, cual es su origen y los casos más habituales, absurdos y complejos.
Pero hoy vamos a recoger unos buenos consejos para evitar el sexismo en el lenguaje, de la mano de Alex Grijelmo, en su "El Estilo del periodista", cuando habla de la ética de las palabras.

*Grijelmo habla de "periodista". Me he permitido el lujo de cambiar el término por el más amplio "escritor", que nos atañe a todos los que, de una forma u otra, usamos el lenguaje para comunicarno.
El texto tiene ya algunos años, de ahí que los ejemplos no sean de la máxima actualidad. Pero a efectos del tema que nos ocupa, siguen siendo perfectametne válidos.

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CONSEJOS PARA EVITAR EL SEXISMO
El periodista se dirige, por lo general, a decenas de miles de personas. Y debe tener cuidado de no ofenderlas, y de no contribuir a mantener fórmulas injustas de nuestra sociedad. Por eso, si quiere mostrar un estilo cuidado en tales aspectos, puede seguir estos consejos, en los que se propone un uso no sexista del idioma a la vez que se respetan las reglas de la lengua que los mismos hablantes se han dado. 


• EL PROTAGANISMO DEL HOMBRE. 
Un personaje masculino que llega a un acto o que asiste a él en compañia de otros personajes femeninos no ha de acaparar el protagonismo gramatical. "Joaquín Cortés salió del hotel acompañado de Naomi Campbell". ¿Y por qué no al revés? 


• EL PAPEL DE LA MUJER. 
En los reportajes sobre pueblos, países, etnias… no se debe olvidar el papel que la mujer cumpla en esas sociedades, sobre todo si sufre discriminación legal o social. No habremos completado un buen reportaje si excluimos de él a la mitad de la población. 


• OJO A LOS EJEMPLOS. 
Cuando el informador tenga necesidad de acudir a un ejemplo, debe evitar los estereotipos de reparto de tareas entre hombres y mujeres. La mujer no debe ser representada exclusivamente como madre, esposa, ama de casa… 


•NO USAR PALABRAS ASIMÉTRICAS. 
"Un hombre de vida fácil" no significa lo mismo que "una mujer de vida fácil". Ni las "mujeres de vida alegre" tienen su simetría en el terreno gramatical masculino. (Triste ironía la de llamar "alegre" o "fácil" la vida de las prostitutas).

Hasta hace muy poco, "un profesional" distaba mucho de "una profesional", y no se entiende lo mismo por "hombre público" o "persona pública" que por "mujer pública". El estilo del periodista debe cuidar estas expresiones para no caer en el sexismo, peligro que se aprecia bien en algunas palabras que cambian de significado con el cambio de género: asistente y asistenta, fulano y fulana, gobernante y gobernanta, señorito y señorita… 

En general, el periodista debe preguntarse, cuando se disponga a utilizar alguna palabra especial para una mujer, si la emplearía igualmente con un hombre. Algo que no ocurrió en éste y otros muchos casos:
"Álvarez Cascos asumió el proceso de recuperación de la iniciativa en la televisión digital. Y ha concluido su primera parte con el cese de la señorita Ridruejo y el nombramiento de López-Amor". (El Mundo, 8 de febrero de 1997. Aurora Pavón, seudónimo de Pablo Sebastián). 
Se aprecia claramente en ese ejemplo cómo el periodista utiliza "la señorita Ridruejo" y sin embargo a esa antigua fórmula no le sigue después "el señor López-Amor" (le habría correspondido "el señor" y no "el señorito" por tratarse de un hombre casado). Se puede observar así un cierto deje despectivo. 


• EL HOMBRE COMO GENÉRICO SINGULAR. 
Ha de evitarse en la medida de lo lingüísticamente posible. No debemos hablar de "los derechos del hombre", sino de "los derechos humanos" o "los derechos de la persona". Evitemos "el hombre de la calle" o "el ciudadano de pie" para escribir "la gente de la calle" o "la gente de a pie". 


• LOS HOMBRES COMO GENÉRICO PLURAL. 
En plural, también podemos acudir a palabras que engloben a hombres y mujeres (aunque con más dificultades lingüísticas que en el caso anterior): 
- En lugar de "los profesores", el profesorado; 
- en lugar de "los alumnos", el alumnado. 
- En vez de "los egipcios", el pueblo egipcio. 

Pero ha de tenerse cuidado. Si en lugar de "los niños" decimos "la infancia", podemos dar a entender un concepto diferente: el periodo en que una persona es niño o niña (primera acepción de la palabra). La segunda acepción de "infancia" sí recoge el "conjunto de niños" y niñas. 
Y si hablamos de "los problemas de la infancia" podemos referirnos a los inherentes a esa edad (por ejemplo, a los que tuvo un adulto antes de serlo) o bien a los problemas de quienes ahora son niños o niñas. En esos casos podemos acudir a "niñas y niños", siempre que no forcemos la oración y nuestro relato pierda ritmo, o precisemos concordar adjetivos posteriores ("los niños y niñas pequeños y pequeñas…"). 

A estos aspectos se refirió Enrique Gil Calvo, profesor de Sociología de la Universidad Complutense, en un artículo publicado en El País el 8 de marzo de 1996: 

"…Ese vicio lingüístico adoptado por ciertas feministas y difundido por la literatura progresista de llamar por dos veces a las mismas personas: españolas y españoles, ciudadanos y ciudadanas, funcionarias y funcionarios. (…) Sí quiero llamar la atención sobre lo incorrecto del vicio semántico: una regla elemental de estilo prohíbe repetir dos veces [sic] el mismo término, sin excepción alguna, ni siquiera como cláusula retórica. (…) Cuando el atributo considerado difiere en su modo de atribuirse a uno u otro género, entonces sí deben utilizarse dos términos distintos, uno para cada género: varones y mujeres, nueras y yernos, actores y actrices (pues éstas no pueden sustituir a aquéllos ni viceversa).
Pero cuando el apelativo se atribuye por igual a ambos géneros, indistintamente, siendo uno y otro sustituibles entre si, entonces hay que utilizar un solo término común, sin distinción de género (…) pues duplicar los apelativos según el género significaría que el modo de escribir, ser persona, crear una obra, poseer alma, representar un rol o ejercer autoridad era algo que difería sustancialmente según que se fuera un varón o que se fuera una mujer: y que el modo en que lo ejercían aquéllos no podría ser sustituido nunca por el de éstas.
El caso extremo de este vicio de segregación lingüística es el de llamar a los ciudadanos ciudadanos y ciudadanas, como si hubiese dos clases distintas de ciudadanía, la masculina y la femenina, significando que ninguna de ambas clases sería sustituible por la otra y pudiendo implicar que una de las dos poseería mayor grado de civismo. Porque de seguir aplicando esta viciosa circularidad habría que hablar también de ciudadanos-payos y ciudadanos-gitanos, ciudadanos-ricos y ciudadanos pobres, ciudadanos-mayores y ciudadanos-menores y así ad infinitum, en una interminable regresión de neoestamental segregación ciudadana".
Certamente, el problema no se presenta nada fácil, y encontraremos opiniones enfrentadas. Porque cualquier intervención desde arriba en el lenguaje —que siempre evolucionó por abajo hasta que los medios de comunicación comenzaron su tarea adulteradora— puede dar al traste con usos y normas que se han labrado desde tempo inmemorial. El periodista deberá navegar con cuidado entre su intención de no discriminar ni ocultar uno de los dos sexos y su obligación de usar un vocabulario que no se preste a equívocos. 


• LA IMAGEN SEXISTA. 
Pero el sexismo del periodista no sólo puede residir en las palabras. Un jefe de sección, un editor de textos o un editor gráfico deben evitar la publicación de imágenes que ahonden en la desigualdad de los sexos. Por ejemplo:

- Debe tenderse al equilibrio numérico entre las fotografias de protagonistas masculinos y femeninos. Una foto de archivo sobre policías municipales, por ejemplo, no tiene por qué recoger siempre un varón. 

- En las fotos sobre niños, colegios, parques… se ha de evitar la representación de los papeles tradicionales: los niños juegan a los vaqueros y las niñas con sus muñecas. 

- En las fotos sobre el hogar, debemos huir de representar a las mujeres en la cocina y a los hombres con el periódico. También los maridos pueden aparecer dando el biberón al bebé. 

- En la ilustración de algún deporte en general o de una actividad de ocio, acudiremos también a fotos de mujeres que practican esa actividade. 

- Las actividades profesionales —abogacía, arquitectura, empresas…— no están desempeñadas por hombres al cien por cien. También debemos incluir en nuestras fotografías a mujeres que cumplen esos trabajos. 

- Las imágenes sobre turismo, turistas, playas, verano… pueden recoger aspectos más generales, no siempre necesariamente a una veraneante que toma el sol con el pecho descubierto. 



ARTÍCULOS MACHISTAS. Al margen de los matices sobre sexismo y lenguaje, el periodista debe huir de descalificaciones globales. Y también de las particulares si se relacionan con el aspecto físico. Veamos un desatinado artículo sobre estas cuestiones.
(El vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, se acababa de retractar de unas afirmaciones machistas). "Álvarez Cascos se ha retractado de la verdad, y la verdad es la verdad, dígala Álvarez Cascos o Cristina Alberdi. Retractarse de la verdad por complacer a una gachi, o a varias gachises, es una prueba sublime de machismo galante. (…). Hecha la rectificación por el señor vicepresidente, el mujerio del Congreso se ha quedado tan satisfecho. Las bravas mujeres de la retroprogresía han ganado una batalla de las de Pirro, y han pasado de ser metáfora de alegorias y columnas a ser simulacro de preciosas ridículas. Exactamente igual de satisfecha debió de quedarse la Iglesia cuando Galileo Galilei se retractó de aquellas palabras en las que se afirmaba que la Tierra se mueve. (…). Siempre es una mujer la que representa la Victoria. Desde la de Samotracia y por ahí, la lucha más amena entre hombre y mujer es la que se riñe en 'campo de plumas' (…). 
  Lo que Álvarez Cascos había dicho es que desde hace veinticinco siglos la figura de la mujer ha servido como sintesis de virtudes, y recordó que en el frontispicio del congreso hay dos figuras femeninas que simbolizan la Justicia y la Constitución. (…). Lo de que haya mujeres en el frontispicio del Congreso no le place a Cristina Almeida y advirtió que ellas, las mujeres, no quieren estar en el frontispicio sino dentro, en los escaños, y que están esperando el momento en que el Congreso tenga una presidente, que hasta ahora siempre ha tenido un presidente.  (…) Para hacer presidente del Congreso a don Fernando Álvarez de Miranda, pongo por ejemplo, no fue necesario bajar el Ángel de la cúpula del edificio de la Unión y el Fénix, ni para poner en la presidencia a don Landelino Lavilla hubo que traerse de Bruselas al Menneken Pis. Podríamos hacer presidenta del Congreso a doña Cristina Almeida sin desmontar de su pedestal a la abunosa gorda de Fernando Botero.  (…) Como yo soy feminista en lo esencial y no en las gilipolladas, me duele y me desconcierta este papelón que han hecho las diputadas y senadoras. (…). Esa 'femenina' sensibilidad para lo nimio y esa inclinación a quedarse en lo fútil y alejarse de lo fundamental e importante, es lo que ha impedido hasta ahora a las mujeres ocupar los puestos que, por otras virtudes y capacidades, debieran ocupar en nuestra sociedad. A mí, que me hablen de los atlantes, el Ángel Caído o de los toros de Guisando me trae al fresco como varón, y que digan que al Estado de Derecho le van a poner levita 'me ne frega', que dicen los italianos. Por mí, como si dicen que le van a poner calzoncillos largos. Lo importante es que no me lo escoñen".  (ABC, 29 de diciembre de 1996. Jaime Campmany).   
  
El sexismo —generalmente machismo— se ve en ocasiones mucho más evidente que en otras. El subconsciente del autor hace tantos esfuerzos por salir a la superficie que no se precisan estudios para apreciarlo. Como en este caso:
"Supongo que si Pacheco oyó las declaraciones de Luis Yáñez sobre Mas Canosa y luego su intervención en la tertulia nocturna de Onda Cero diría, como yo afirmo, que Yáñez está enorme. Lo de la tertulia de la mujer de Lorenzo Díaz fue precioso". (El Mundo, 21 de julio de 1996. Antonio Burgos).
La referencia a una conocida periodista como "la mujer de Lorenzo Díaz" no parece muy acorde con el papel profesional propio de la mujer, que durante demasiados años ha estado sujeta ya a la vida laboral del marido como para que hoy en día aún se utilicen fórmulas así, siquiera sea con pretendido tono humorístico o satírico. Cuando al periodista —hombre o mujer— se le presente una tentación similar, debe pensar cuanto antes si adoptaría la misma decisión en caso de tratarse de un hombre. Y responderse con honradez.
"Antonio Banderas, este trueno de Los Ángeles, sí que va vestido de Nazareno por Málaga. Y en cuanto se hizo pareja estabilísima de Melanie Griffith, le faltó tiempo para traérserla a Málaga este verano, dicen que a descansar; pero no. Para mí tengo que todo era para que aprendiera a hacerle huevos fritos con chanquetes como se los hace su madre". (El Mundo, 25 de febrero de 1996. Antonio Burgos).
Por lo que se ve, el autor considera que la principal obligación de las madres y las esposas es cocinar como el marido quiere. ¿Acaso no podía Antonio Banderas haber viajado a Málaga para aprender él a cocinar los huevos fritos con chanquetes a fin de preparárselos después a Melanie Griffith? 
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Bibliografía  
Alex Grijelmo, en su "El Estilo del periodista". Taurus. Madrid 1997

3 comentarios:

  1. "Joaquín Cortés salió del hotel acompañado de Naomi Campbell. ¿Y por qué no al revés? "
    Al señor Alex Grijelmo le digo, que debería hacerse la pregunta de:
    ¿Quién es el "florero" de quién?, Contestada pues, relate la situación si viene a cuento, y luego el suceso. Y antes de encumbrarse en Modisto estilístico de semejante fauna, y recomendar cometer gramaticídio de género en pos del sentido que traiga el aire, piense que la neutralidad del 0 no existe.
    Si estamos en el caso de la torera y el coristo, género grande periodístico, hasta habría que darle la razón, pero en el género chico del periodismo, o, la voz de mi amo mal llamada politiqueo, existe un protocolo, El presidente fue elegido y va primero que la señora ministra que está ahí por serlo.
    En general desgüevar a las periolistos y hormonar a los periolistas solo da un resultado un poco más pálido a la profundidad del amarillo cuando destaca entre el blanco y el negro de las letras, quedando neutro, soso, y si me permite el palabro en términos de Cela, tema que usted ya tocó, maricón.

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  2. La verdad es que el texto tiene ya bastantes años y algunos ejemplos han quedado "ocsoletos".

    Pero, en el fondo, aun con los matices que indicas, me parece que Mr. Grijelmo da algunas pistas precisamente para evitar caer en algunos ridículos lingüísticos.

    Pero con pinzas, lo reconozco, en algunos casos.

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  3. Sobre "Lenguaje y sexismo" propongo la lectura de un artículo que creo que se aparta de los tópicos habituales y busca una respuesta original al tema:
    http://laspalabras-mendo.blogspot.com.es/

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