viernes, 26 de marzo de 2010

Mal de altura y el fin de la Literatura

… se puede vivir y andar por ahí tan contento y medrar y tener amores lindos y en suma disfrutar de una buena existencia sin haber oído hablar de James Joyce, y aun de Cervantes; pero me temo que esta ignorancia generalizada señala de modo cruel e infalible el fin de la Literatura, su paso a las clases pasivas del arte, su inclusión irreversible en el mundo de las minorías mínimas. Del que quizá nunca debió salir.
  









































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Profesor en su clase de Traducción Literaria del Instituto de Traductores. Se le ocurre mencionar a James Joyce. Nota las caras de los alumnos.

Pregunta: «¿Sabéis de quién os estoy hablando?». 

Y solo una —UNA— dijo saberlo, sin demasiada rotundidad.
 
La pregunta (terrible, para un literato) es: 
¿Cómo hemos podido llegar a una situación en que solo un alumno de una clase de Traducción Literaria [del inglés, para más inri] sabe que en la primera mitad del siglo XX existió un escritor llamado James Joyce, autor de la segunda novela más famosa de todos los tiempos, después del Quijote?  

Ya sé, ya sé: se puede vivir y andar por ahí tan contento y medrar y tener amores lindos y en suma disfrutar de una buena existencia sin haber oído hablar de James Joyce, y aun de Cervantes; pero me temo que esta ignorancia generalizada señala de modo cruel e infalible el fin de la Literatura, su paso a las clases pasivas del arte, su inclusión irreversible en el mundo de las minorías mínimas. Del que quizá nunca debió salir.


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Cuenta la anécdota Ramón Buenaventura en su "librillo". 

Comienza su apunte comentando una famosa fotografía de Marilyn leyendo -terminando, como se aprecia en la foto y nos hace notar el maestrillo- El Ulises de James Joyce.

Conocía la foto pero no la historia que la rodea ni lo que dio de sí, como nos cuenta Buenaventura en su apunte.

Buenaventura no cree que Marilyn se leyera la novela. Simplemente entonces estaba casada con Arthur Miller, y la imagen fue seguramente ocurrencia de  la fotógrafa Eve Arnold, de la agencia Magnum. La revista  Poets & Writers la usa como portada de su número de verano de 2008: Summer Reading.

Y le sirve para introducir la anécdota antes referida, sufrida en carnes propias.

Sus conclusiones son derrotistas, pero absolutamente certeras. Así que no haré sino sumarme a ellas.

Tampoco yo creo que Marilyn leyera Ulises. Ni creo que tenga mucha importancia el hecho en sí. Solo conozco personalmente un par de personas que se la hayan leído. En cambio conozco decenas de ellas que, no solo no la han leído, sino que sufren graves shocks anafilácticos con solo mentarles la novela o su autor.

Pero lo mismo pasa con el Quijote. Y, en vista de los índices de lectura, con casi todos  los libros que en el mundo han sido.

Si algo he aprendido de la labor de promoción de la lectura es que no se puede llegar a la cumbre sin haber comenzado antes desde la base.

Igual que el excursionista sufre mal de altura cuando, al ascender una montaña,  gana altura demasiado rápido, Cervantes y Joyce producen mal de altura en el lector que afronta su ascención sin la debida aclimatación previa.

Pero esa aclimatación no se produce. Seguramente nunca se produjo. Porque no se presta la suficiente atención desde las instituciones educativas y culturales a la importancia de la lectura como piedra angular de la educación. Los políticos, más preocupados de su sillón o de  los conflictos mediáticos, olvidan el objetivo final de su tarea: dotar a cada ciudadano de los recursos necesarios para que puedan llegar a ser alpinistas de élite capaces de coronar las más altas cimas.

Pero no es así: ni en ciencia, ni en cultura.

Cervantes y Joyce seguirán siendo los ochomiles de la literatura, accesibles solo a unos cuantos "elegidos", mientras la mayoría es (somos) incapaz (ces) de ascender una modesta colina sin jadear. Y la literatura que se escribe, cada vez está más adaptada a esa mayoría, que ni siquiera lee habitualmente.

En el peor de los casos, mejor subir colinas que nada.

Así que, condenada la litaratura "a las clases pasivas del arte, su inclusión irreversible en el mundo de las minorías mínimas. Del que quizá nunca debió salir", digamos ¡Viva la literatura!

6 comentarios:

  1. Confieso que no he leído el "Ulises", aún. Quizá porque soy consciente de que es un ochomil. Empecé, efectivamente, por la base: "Retrato del artista adolescente", "Dublineses". Pero, créeme: la sola idea de que existe un libro así esperando el momento oportuno (sólo pido tiempo, tiempo, tiempo y sosiego) para dejarse leer por mí, me hace andar por ahí más contenta, tener amores más lindos y disfrutar de una existencia mejor.
    Saludos.

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  2. Biblos: ya sabes que hay gente que se motiva con los retos. Pero eso es porque tienen entrenamiento previo.

    Los hay que están tan pasados de forma que no pueden ni subir tres peldaños de una escalera.

    Yo tampoco he leido EL Ulises, pese a haberlo comenzado 2 veces.

    Ese 8000 se me resistió, pero sí he leido el Quijote.
    Así que, como los alpinistas, todavia me quedan ochomiles que ascender.

    Estaría bien hacer una lsita de los 14 ochomiles de la literatura.

    ¿Te animas?

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  3. Vale. Pero a la vuelta de la Semana Santa, que ahora mismo me voy de vacaciones (¡madre mía, qué falta me hacen!). Bueno, te dejo uno: "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust. Sólo he leído la primera parte, pero es cuestión de entrenar.

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  4. Pues yo sí he leído el Ulises, y lo considero el libro más sobrevalorado del mundo. Un enorme ejercicio de estilo con algunas partes interesantes, hasta divertidas, y otras sumamente aburridas. Nada más.

    Es algo de sentido común: cuanto más difícil de leer es un libro, más probable es que no valga la pena. Podéis dejarlo sin ninguna vergüenza, la vida es demasiado corta.

    No hagáis caso de los propagandistas de los "clásicos", porque la mayoría no los han leído, o si los han leído no les han gustado, pero fingen que sí: el cuento del traje nuevo del emperador, una y otra vez.

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  5. ¡ya le vale! me facegolea con literatoria y para un día que pone a alguien realmente digna pa poder depellejarla, ¡no me entera!
    ¿nos quiere intimidar, para ver que leemos en la cama eh?
    Le iba a dar yo a usté con el ulises en tolmonitor...
    Imagíneselo saliendo esquinao, con mala leche, lanzado por la Marilín tras una noche de resaca,
    (pues peor, el ejemplar mío, único, tiene sangre de amantes-parlantes seca, y mucha)

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  6. Ni falta que le hacía a Marilyn leer Ulises.Ella sí que es literatura.Me lo empecé a leer y lo dejé, El Quijote yo también me lo he leído, pero El Quijote... es divertido!

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