lunes, 19 de abril de 2010

¿Quién va a pedir libros antes que arroz?

"En una situación de crisis como la que hemos vivido, la cultura y la lectura también entran en crisis y son cuestionadas"

"Una vez más queda en evidencia que para aquellos que detentan el poder, la literatura y la cultura son bienes suntuarios que pueden postergarse cuando hay hambre, frío, inseguridad o enfermedad".

"¿Cómo la lectura podría ayudar a quienes lo perdieron todo? ¿Cómo puede ayudarlos a reconstruir la presencia de sus seres queridos? ¿Cómo los libros pueden contribuir a rehacer el entorno cotidiano y el paisaje que ahora es otro?"

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A propósito de la celebración del Día Internacional del Libro y la Lectura me pregunto qué haría, qué diría Michèle Petit, antropóloga e investigadora de la lectura en situaciones de crisis, si hiciera un recorrido por el Chile azotado ferozmente por el terremoto y el maremoto de febrero de 2010.

¿Cómo la lectura podría ayudar a quienes lo perdieron todo? ¿Cómo puede ayudarlos a reconstruir la presencia de sus seres queridos? ¿Cómo los libros pueden contribuir a rehacer el entorno cotidiano y el paisaje que ahora es otro?

Ignoro si muchos conocen a Michèle Petit y sus trabajos con inmigrantes y marginados en Francia o con aquellos que son víctimas de la guerrilla y el Ejército en Colombia. No sé cuántos saben o han pensado como ella que la lectura es una poderosa herramienta para la construcción de uno mismo. No sé cuántos están convencidos que la lectura tiene un increíble poder de sanación. Lo que no ignoro es que en una situación de crisis como la que hemos vivido, la cultura y la lectura también entran en crisis y son cuestionadas.

Ya se ha hablando de transferir dinero destinado a los fondos concursables de cultura para la reconstrucción de Chile. Pero no para la reconstrucción de bibliotecas o museos destruidos, sino para la construcción de soluciones habitacionales de emergencia, para la reparación de las carreteras. Todas necesidades más apremiantes y mensurables que la lectura de una novela o la contemplación de una pintura según los expertos en el presupuesto de la nación.
Y una vez más queda en evidencia que para aquellos que detentan el poder, la literatura y la cultura son bienes suntuarios que pueden postergarse cuando hay hambre, frío, inseguridad o enfermedad.

¿Y quién va a atreverse a levantar la voz para decir que son dos dimensiones distintas en la vida de los hombres y que el hombre necesita de ambas para vivir en plenitud su existencia? ¿Quién va a pedir libros o cuentos antes que arroz o frazadas? Sólo unos pocos van a ser capaces de acercarse a los niños que todavía no pueden ir al colegio porque su colegio se cayó y van a reunirlos y van a leerles un cuento en voz alta y otro y otro si los niños se entusiasman…

Porque pareciera que sólo esos pocos han experimentado en la intimidad del espacio privado el inmenso poder que ha tenido la lectura para hacer de ellos personas sensibles, empáticas, recursivas y esperanzadas. Personas que, junto a otros muchos voluntarios, se exponen al dolor y al padecimiento de los otros, para acompañarlos en el espíritu y regalarles imágenes mentales que poco a poco vayan desplazando las imágenes del terror, del miedo y de la muerte que los invaden desde el día del terremoto.

Cuando todo lo material se recupere, se repare o se reconstruya, ¿qué va a pasar con el alma de los chilenos? ¿De qué manera el terremoto va a afectar su relación con Dios, con el mundo, consigo mismo y con los otros? ¿Cómo la literatura, la poesía, el cine, la música, el teatro, van a dar cuenta de un imaginario que debe convivir con la idea de que en su vida, un chileno de 70 años va a padecer al menos tres episodios de esta índole?
¿Es acaso suntuario proponerse recuperar el patrimonio intangible que el maremoto se llevó al Océano Pacífico o que yace sepultado bajo los escombros que ahora son el paisaje diario de muchas localidades?

En este momento, los promotores de la literatura, el libro y la lectura en Chile tienen un gran desafío: no sólo tienen la enorme tarea de inculcar el deseo de leer en contra de una inercia generalizada que promueve lo contrario, sino que deben hacerlo en un contexto en que el sinsentido tiene el horizonte opaco y nublado.

Necesitarán mucha pasión, mucha integridad, mucha elocuencia, excelentes relatos, grandes narradores y lectores en voz alta, bellas ilustraciones, historias fascinantes… Y sobre todo la convicción de que la lectura y los libros son tan necesarios como el alimento y el techo para que a Chile le vuelva el alma al cuerpo.

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La lectura en tiempos de terremoto

Por María José González C.
Directora Centro-Lector de Lo Barnechea y vicepresidenta de IBBY-Chile

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