lunes, 7 de junio de 2010

Estupidez: la inteligencia fracasada

Si existe una teoría científica de la inteligencia, debería haber otra igualmente científica de la estupidez.

Creo, incluso, que enseñarla como asignatura troncal en todos los niveles educativos produciría enormes beneficios sociales.

El primero de ellos vacunarnos contra la tontería, profilaxis de urgente necesidad, pues es un morbo del que todos podemos contagiarnos.
Por cierto, un síntoma de estupidez es haber convertido la palabra “morbo” (enfermedad) en un elogio.

Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. Por ello merece ser investigada. Como el sida.

La palabra estupidez se ha convertido en un insulto, tan disperso como una perdigonada, y no tiene prestancia científica. Prefiero hablar de fracasos de la inteligencia.

La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa o lo que nos pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, eprende metas disparatadas, o se empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones; cuando decide amargarse la vida; cuando se despeña  por la crueldad o lo violencia.

El gran objetivo de la inteligencia es lo que llamamos felicidad y por ello todos sus fracasos tienen que ver con la desdicha. Resulta trágico comprobar que con frecuencia las circunstancias, las experiencias, limitan los recursos inteletuales de una persona, su capacidad para enfrentarse con la vida. Se da entonces un fracaso objetivo del que la víctima no es, claro está, responsable. Un niño al que se le ha inoculado el odio va a sufrir un desajuste permanente en su vida. Es una inteligencia dañada.

Muchas veces resulta difícil distinguir entre la inteligencia dañada y la fracasada, porque ambas llegan a los mismos penosos resultados.

La inteligencia puede triunfar y sería deseable que lo hiciera.












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El texto está sacado de la introducción de La inteligencia fracasada, de José Antonio Marina, Ed. Anagrama, Madrid 2008.

José Antonio Marina intenta responder a preguntas que todos nos hacemos. ¿Por qué nos equivocamos tanto? ¿Por qué nos empeñamos en amargarnos la existencia? ¿Por qué las personas inteligentes hacen cosas tan estúpidas? ¿Por qué tropezamos cien veces en la misma piedra?

"La finalidad de este libro es ponernos a salvo de la estupidez y de esa manera ayudar a reducir la desdicha humana".

No se priven.

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