viernes, 10 de septiembre de 2010

eπ i + 1 = 0. La fórmula preferida del profesor

"Una madre soltera entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo y huraño profesor de matemáticas que perdió la memoria en un accidente de coche. En realidad no la perdió del todo: tiene una autonomía de 80 minutos.

Apasionado por los números, el profesor se irá encariñando con la asistenta y su hijo, con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del conocimiento, no sólo matemático…"

La novela es de Yoko Ogawa, y su título es La fórmula preferida del profesor, editado por Editorial Funambulista. Madrid 2008.


Y hasta aquí puedo leer.

No desvelo nada mostrando la fórmula preferia porque la propia portada del libro la incluye. Solo si lees el libro sabrás porqué es la fórmula preferida del profesor.

Pero hoy no os traigo este libro únicamente por sus valores literarios, que son muchos, sino porque supone un excelente ejemplo de cómo matemáticas y literatura no son excluyentes.

Y para ilustraros lo que digo, leed estos párrafos en los que el (innombrable) profesor "va desvelando las arcanas relaciones numéricas que los datos cotidianos más anodinos pueden encerrar":

«Mira qué maravillosa sucesión de números. La suma de los divisores del 220 es igual a 284. Y la de los divisores de 284, igual a 220. Son números amigos. Son una combinación muy infrecuente, sabes. Fermat o Descartes sólo lograron descubrir un par, cada uno de ellos. ¿No te parece hermoso? ¡Que la fecha de tu cumpleaños y el número grabado en mi reloj de pulsera estén unidos por un lazo tan maravilloso…!».
 
«Los que inventan el problema conocen la solución. Resolver un problema del que tenemos garantía de que existe solución, es como ir de excursión al monte, con un guía, hacia una cumbre que ya avistamos. La verdad última de las matemáticas está escondida al final del camino, entre los arbustos, sin que nadie sepa dónde. Además, ese lugar no tiene por qué ser la cima. Puede estar entre las rocas de un despeñadero o en el fondo de un valle».
 
«- qué número de pie calzas?
- El 24 (la numeración del calzado japonés se expresa en centímetros)
- Vaya, es un número muy resuelto, la verdad. Es el factorial de 4.

- ¿Cuál es tu número de teléfono?
- Es el 567 14 55
- ¿El 5 671 455? ¡Vaya maravilla! ¡Es igual a la cantidad de números primos que existen hasta cien millones!»

«-¿Cuál fue tu peso al nacer?
- 3 217 gramos
- La 3 217ª potencia de 2 menos 1 es un número primo de Marsenne»

La novela transcurre "entre idas y venidas, tareas caseras y cuidados piadosos a su muy especial cliente", y la relación de los protagonistas se va afianzando en torno a sus conversaciones cotidianas sobre números y su belleza.


En un momento determinado, el profesor resuelve una "crisis" argumental escribiendo en un papel una única fórmula:

eπ i + 1 = 0


Si investigan un poco sobre esta fórmula y sobre su autor, tendrán una buena pista para desentrañar la compleja realidad del profesor y las consecuencias que acarreará para el desenlace de la novela el uso de esta ecuación y no otra.


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Bibliografía

Tipos de números.
Los primos de Marsenne y los números perfectos. En Tío Petros. Historias matemáticas.
• No les pongo referencias a Euler ni a su fórmula porque en el propio libro se explica maravillosamente en qué consiste. 
Sólo les diré lo que se cuente en la entrada de Euler de wikipedia:

"Esta fórmula fue calificada por Richard Feynman como «la fórmula más reseñable en matemáticas», porque relaciona las principales operaciones algebraicas con las importantes constantes 0, 1,e,i y π. 
En 1988, los lectores de la revista especializada Mathematical Intelligencer votaron la fórmula como «la más bella fórmula matemática de la historia».
En total, Euler fue el responsable del descubrimiento de tres de las cinco primeras fórmulas del resultado de la encuesta".

2 comentarios:

  1. Tuve un profesor de matemáticas en la Universidad que cuando acabábamos un tema nos descubría el maravilloso mundo de los números. Disfruté aquellas clases como nadie. No recuerdo su nombre, pero sí el amor que inspiró en mí por ellas. Siempre me gustaron pero no había descubierto la matemáticas recreativas hasta que él me las enseñó.

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