lunes, 20 de septiembre de 2010

Hasta otro día, ciudadano

que no cambian de chaqueta;
en Aragón hay tres cosas
que no cambian de chaqueta.
Buñuel, Francisco de Goya
y la voz de Labordeta.


(Jota cantada por Joaquín Sabina en un cocierto de Labordeta)

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Sería el año 81; estábamos de campamento en el Valle de la Garcipollera, muy cerca del valle del Aragón, entre Jaca y Canfranc.

Uno de los monitores nos anunció que una noche vendría alguien a visitarnos desde la cercana Villanúa. LLegó el día y nos reunimos en torno al fuego para recibir y atender a aquel invitado especial.

En un momento dado, empezó a explicarnos que en Aragón existe un canto popular que se entona por las mañanas, al alba, a modo de saludo al nuevo día y también como tributo a los que ya no están. Y que él, que era compositor, acababa de componer aquellos días una canción de este tipo y quería compartirla con nosotros.

Ese canto popular es la "Albada"; la canción que nos cantó lleva ese mismo título. El personaje que cantaba y hablaba con tanta elocuencia era José Antonio Labordeta. Seguramente fue el estreno de una de sus canciones más emblemáticas.

Un par de años después, yo era el "loco" aquel que se sentaba, al lado de Marta, amiga de una de tus hijas y de la hija de Emilio,  en la tercera fila de la clase de historia de COU en un instituto de Zaragoza.
El profesor, maestro, docente, modelo y ejemplo... José Antonio Labordeta.
Siempre tuve la sensación de ser un privilegiado por tener de profesor a quien ya entonces era una figura de un enorme calado.
Algunos de mis compañeros decían que era muy aburrido, pero yo disfruté con su humor socarrón, su franqueza intelectual y su respeto académico como no he vuelto a disfrutar nunca con un docente. Aquél sobresaliente fue el espejo de la persona que impartía la asignatura.

Muchos años después, me emociono mientras espero la larga fila que se crea para rendirle el último homenaje, y voy recordando algunas anécdotas que protagonizó, su forma de contar la historia y la humildad con la que, a veces, nos contaba cosas relacionadas con su actividad cantautora.

Una de esas anécdotas fue en Berlín occidental, adonde fue a dar un concierto en los tiempos del telón de acero, del bloqueo, del pasillo aéreo... Terminado el concierto, se le acercan varios espectadores y le dicen:
- Don José Antonio. esas canciones que ha cantado.. ¿son suyas? Porque ya las conocíamos pero no sabíamos de quién eran.

A él le pareció impresionante que se hubiera perdido el autor y hubiera quedado el mensaje. Y seguro que eso es lo que él hubiera preferido.

Ahora, delante del ordenador, también me acuerdo del protagonista de "Sostiene Pereira", que hacía necrológicas por adelantado, de escritores mayores, para tenerlas ya escritas el día que se murieran. Y recuerdo que yo mismo había empezado a escribir de la necrologica del "Abuelo" en un par de ocasiones.
Y lo dejé porque sin emoción todo es frío y distante. Y hoy, por desgracia, ya es tarde.


En clase siempre nos llamaba ciudadanos. Y cuando se refería a alguien, también lo hacía en esos términos.
Y cuando terminaba la clase, o un concierto, se despedía con un "hasta otro día".

Otro día hablaremos de su hermano Miguel; y de las clases de latín de Juana.

Pero hoy, querido José Antonio: "hasta otro día, ciudadano".
En el sentido más amplio de la palabra.

5 comentarios:

  1. Yo entré en el instituto de Teruel el curso siguiente de marcharse él. Los mayores contaban y no paraban, y decían que llevaba la guitarra y le cantaba el día que nevaba. Y nosotros nos lamentábamos por no haberlo tenido de profesor. Yo no recuerdo ni el nombre ni la cara de mi profesor de historia en el instituto ¡cómo sería de mediocre! Así que me das mucha envidia.

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  2. Ese recuerdo del campamento lo mantendré tan fresco como si hubiera ocurrido este verano. Luego llegaron otros conciertos, otras lecciones que aprender (aunque no fue mi profesor), otros lugares que visitar. Y siempre, siempre, me pareció un tipo íntegro y entrañable.

    Otro gran ciudadano que se va...

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  3. Hace un mes lo vi en una terraza y... prefiero quedarme con su imagen campechana.
    Ha muerto un artista de los de "estar por casa" que luchó, cantó y escribió por y para la libertad.

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  4. Albórbola: fue un auténtico privilegio tenerle de profesor. En todos los aspectos.
    Y su mujer, Juana, fue la profesora de Latín, que se hizo cargo de nosotros porque el "titular" estuvo de baja todo el año. Otro privilegio no menor.

    Olwen: nuestros nietos, seguramnete, no entenderán qué significó la figura del "abuelo". De lo contrario, tendríamos una buena batallita para contar.

    Javier: Le oías hablar y no podías dejar de escucharle. Toda la historia contemporánea que sé, se la debo a él y a su forma de interepretarla y hacerla entender.

    Recuerdo que siempre decía:"si no quieren venir a mi clase, no vengan (entonces la asistencia en COU era voluntaria). En el examen pongan lo que dice el libro y tendrán un 6.
    Si quieren más nota, tendrán que aguantarme.
    Yo no recuerdo haber consultado nunca el libro de texto. No era necesario.

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  5. Uff...a veces se me mueve el piso entero con estos recuerdos....
    Gracias ciudadano.

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