jueves, 2 de septiembre de 2010

Las bondades (ocultas) del vino

Cualquier aficionado, por modesto que sea, al vino, conocerá ese lenguaje sugerente, descriptivo, críptico y casi poético que adorna las etiquetas traseras de las botellas cuando describen sus armonas, sabores, tonalidades…

Un no iniciado en las nobles artes de la cata tendrá, rezonablemente, problemas para comprender el sentido último de esas palabras, expresiones, términos, inaccesibles por especializados, llenos de requiebros semánticos, calificativos imaginativos y metáforas más o menos afortunadas.

Pero no todo es pedantería rebuscada para impresionar al lego o para buscar la complicidad del experto.

A veces nos encontramos con edificantes paralelismos con la vida real. Y si no, vean lo que nos cuenta la etiqueta del tinto Ederra crianza 2006, de Bodegas Bilbaínas:

"Redondo en boca, excelente cuerpo. Final agradable y largo".

No puedo evitar preguntarme qué tenía en la boca exactamente el catador (¿la catadora?) cuando escribió este texto. O si se encontraba, quizá, en "agradable" compañía. Y si era así, si escribieron el texto al alimón.




















Otros antes ya probaron los inescrutables efectos del vino:



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