miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los grandes grupos editoriales tratan la literatura como "productos de supermercado"

"Debería haber un tribunal internacional que los juzgara, porque están matando la imaginación, la creatividad y son responsables de convertir a los lectores en consumidores de basura".


Quien esto afirma es el escritor argentino Alberto Manguel, que acaba de publicar en RBA, "La ciudad de las palabras", conjunto de ensayos que lleva el significativo subtítulo de "Mentiras políticas, verdades literarias" y es fruto de una serie de conferencias que Manguel dio en Canadá, en un ciclo protagonizado en otras ediciones por escritores como Doris Lessing, Margaret Atwood o Carlos Fuentes.

En una entrevista concedida a EFE, declara que

le "desespera" la superficialidad y la rapidez que, desde ámbitos tan diferentes como la política, la publicidad o el mundo editorial, se trata de imponer al ser humano, y defiende cualidades "casi perdidas: la profundidad de la reflexión, la lentitud del avance, la dificultad de la empresa".

"Pensad menos y trabajad más". Esta frase que la ministra de Finanzas francesa, Christine Lagarde, pronunció en 2007 y que Manguel recordó hoy, resume lo que los políticos esperan de los escritores en particular y de la gente en general.

"Las grandes editoriales 'formatean' los libros como si fuera un producto de supermercado, un par de zapatos, y muchos escritores se prestan a ello", aseguró Manguel, quien no dudó en afirmar que esos editores "son culpables de un crimen contra la humanidad".


Y en otro artículo, de El País, quedan plasmadas más reflexiones:

"Se desprecia la inteligencia de la gente diciendo que es incapaz de enfrentarse a un libro complejo. El resultado es que en EE UU muchos autores literarios solo publican en sellos universitarios".


"Lo que sucede en literatura no está separado de la política o la economía. Seguimos el modelo del supermercado: objetos de consumo muchas veces inútiles y desechables. Es peligroso buscar valores ahí porque se eliminan los niveles de lectura de una verdadera obra de arte. Dicen: quedémonos en la superficie de las cosas, admiremos la elegancia de un uniforme militar".


El diario de Sevilla también incluye una entrevista con el autor:

"Hoy que constantemente estamos inventándonos un otro que sea el enemigo, los gitanos en Francia o quien sea, tenemos que terminar entendiendo que nuestras sociedades, para vivir, necesitan la fluidez del intercambio, ese pensamiento nuevo que traen los otros y que proyecta una sociedad hacia el futuro".

"...una tarea que deberíamos hacer hoy: echar a los mercaderes del área de la literatura y el arte. Echarlos a patadas, por supuesto, porque están destruyendo nuestra capacidad de imaginar y de pensar, y la de las generaciones futuras". 



Se puede decir más alto, pero no más claro.

2 comentarios:

  1. Claro, clarisimo....producir mucho, vender mas.
    Pensar no es rentable, y una obra que lleve mucho tiempo de elaboración literaria no conviene.
    Gracias por el post. Manguel es reconocido afuera y no tanto en Argentina

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  2. Claro, pero como ocurre casi siempre, se vende lo que se compra. ¿Quién lee a los antiguos clásicos? Muchos de ellos tienen los patrones, la calidad del etilismo, ¿por qué no se venden esos más que lo otros? La respuesta la tienen los lectores. El que se comprometa a ser lector debería ser un buen lector, debería dedicar a formar su mente para que sea buena, y buena significa mucho aquí.

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