jueves, 14 de octubre de 2010

Prohibir el Corán

Prohibir un libro no remedia nada y, menos aún, en la época de internet.

No hay que prohibirlos, porque el problema no son los libros ni (apenas) los autores. Del mismo libro -el Corán, la Biblia- pueden nacer, y nacen, una conducta como la contraria. Si hay problema, viene de los lectores y, sobre todo, de esos secuaces de los fanáticos que casi nunca son lectores o solo leen un libro.

Quienes piensan que prohibir libros soluciona algo deben afrontar la necesidad de prohibirlos casi todos pues, por una u otra causa, pueden ofender a alguien.

----------------------------

El político holandés Geert Wilders está procesado por opinar contra el islam. No lo procesan ulemas, sino jueces, y no se debate su ha pecado, sino si ha delinquido. Hay quien simpatiza con Wilders y pide, como él, que se prohíba el Corán, el islam o ambos. Hay libros prohibidos en los países donde su régimen aplica esta norma: te prohíbo leer esto porque sé lo que te conviene. Lo ha hecho las dictadoras de todo color, con jefes vestidos de paisano, de uniforme, con mitra o con turbante.

Pero repudiar el contenido de un libro no es prohibirlo. En una democracia, un libro debe ser prohibido si incurre en violación del código penal. La prohibición de los libros como tales no tiene sentido en las sociedades donde impera el Estado de derecho. Además de la cuestión de principio, hay un problema de efectividad: no es posible puertas al campo. En casa tengo un ejemplar de "Mein Kampf", el famoso libro de Hitler, y quizá eso sea delito en alguna parte. En internet está al alcance de cualquiera. Y en las bibliotecas alemanas hay miles de ejemplares de las muchas ediciones que se hicieron de semejante vulgaridad, sin que ello implique hoy ningún riesgo para nadie: los neonazis no nacen de leer esa obra.

Quienes piensan que prohibir libros soluciona algo deben afrontar la necesidad de prohibirlos casi todos pues, por una u otra causa, pueden ofender a alguien. De hecho, eso sucede en los países que aplican la ley islámica como ley total y rígida para la vida privada y pública: es mejor no llevar ahí una Biblia de bolsillo (o un libro de Rushdie) porque puede costarle a uno cara la iniciativa.

En el Corán hay exhortaciones de aspecto atroz. Mis oxidados rudimentos de árabe, que aprendñi en la Universidad hace medio siglo, no me permiten entenderlo, pero sé que no me engañan los traductores competentes, que no solo saben árabe, sino mucha historia islámica y arábiga y no son islamófobos: se entienda como se entienda, el Corán (que Mahoma, por cierto, no puso por escrito) es futo de momentos distintos de su vida y contiene claras invitaciones a la ciolencia que ningún traductor puede disimular bajo eufemismos: el dios de Mahoma es capaz de aniquilar y de exigir que se mate a grupos enteros. Así lo entienden más de cuatro, Bin Laden incluido. Yo veo el Corán a ras de historia, como enseñó Max Weber.

Pero, si por ello ha de prohibirse el Corán, habría de proscribirse la Biblia, pues cuanto se dice del uno pruede predicarse de la otra. El Dios de Israel es iracundo y terrible, capaz de anonadar la vida que creó en la Tierra. Fulmina a quien quebranta sus preceptos, incluso los meramente rituales (como hizo con Nadab y Abiu, los hijos de Aarón, el hermano mayor de Moisés) y exige el exterminio de pueblos enteros. Da muerte a los primogénitos de todo Egipto y rodena matar a niños de pecho. No es menos violento que Alá, porque es el mismo y el Corán no altera su personalidad.

El Dios iracundo trasciende la Biblia judía y tiñe también el pensamiento cristiano, que tiembla ante la expectativa del encuentro con Él: en el Día de la Ira, ante su "majestad tremenda", surge el espanto por el fuego perenne. Día de Llanto, "lacrimosa dies". Cierto que el cristiano confía en que su Dios es piadoso, además de justiciero, pero el mismo argumento invoca el musulmán, pues Alá es el Clemente, el Misericordioso.

No hay que prohibirlos, porque el problema no son los libros ni (apenas) los autores. Del mismo libro -el Corán, la Biblia- pueden nacer, y nacen, una conducta como la contraria. Si hay problema, viene de los lectores y, sobre todo, de esos secuaces de los fanáticos que casi nunca son lectores o solo leen un libro, en Paquistán, en Irlanda o en Corea del Norte.

No hay que defenderse prohibiendo leer, sino Código Penal en mano. Es lo que procede con un delincuente. A Wilders no se le acusa de repudiar el islam, sino de promover el odio racial. Eso, sea no pecado, en Holanda es delito.

De algo similar hay que acusar a quien enarbole el Corán como un alfanje. Antes se empuñaba la Cruz como una espada. Y aún se ve a algún predicador cristianísimo que quiere salvarnos del mal quemando coranes y pistola en mano. A los jueces con ellos.


-------------------
• Artículo de Guillermo Fatás, publicado por Heraldo de Aragón el domingo 10 de octubre de 2010.
Por motivos que no acierto a entener, las colaboraciones de opinión de este diario no están disponibles en su edición digital. Por eso lo reproducimos aquí.

• Por supuesto, hay quien no está de acuerdo: Europa confusa.

4 comentarios:

  1. Excelente cumulo de estupideces, solo puedo calificar el escrito de súper hoygan:

    Mis oxidados rudimentos de árabe, que aprendñi en la Universidad hace medio siglo,

    ¿Oxidados conocimientos? ¿pero tu eres el hombre de hierro o que?. Escribe con propiedad. Lo que tienes oxidado es el cerebro por la mas absoluta ignorancia y pedantería.

    ¿aprendñi?

    Así que criticas a los hoygan cuando tú en realidad eres uno de ellos. No tienes salvación. Directo al infierno de los condenados por ser un hoygan encubierto de academico.

    ¡Mira!. Por fin nos dejaste ver que eres un hoygan con titulo Universitario y todo.

    Sigue con tus rótulos y diseños gráficos, y deja esto de escribir para los profesionales que tu tanto criticas.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo: escribe un post público en tu blog/web, como hice yo.
    Pero deja de esconderte como anónimo, anda, que parece que estás todavía en el parvulario.

    ResponderEliminar
  3. Al que dejó un comentario como "Zerolo":

    tu comentario ha sido borrado por bobo, no por tus opiniones, absolutamente alucinantes, por cierto.

    Ya sabes por qué lo digo.

    ResponderEliminar
  4. Hay unas cuantas cosas del artículo que me parecen erróneas y también alguna que no me gusta. Ninguna de las dos cosas tiene mucha importancia. Lo que sí la tiene es que hayas reproducido el artículo. Yo te agradezco.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...