miércoles, 6 de octubre de 2010

Un kilo de azúcar a la basura cada año

Tomarse un café en un bar a media mañana, después de comer o antes de entrar a trabajar es una costumbre bastante extendida. Si no te pones el azucarillo enterno¿Dónde va el azúcar que sobra? A la basura

Haciendo un cálculo somero, tenemos más de 200 días laborables al año.

(El cálculo sale de restarle a los 356 días de año los 2 días no laborables de las 52 semanas, los 31 días del preceptivo mes de vacaciones, otros 10 días de fiestas nacionales, regionales o locales y otros tantos de enfermedades, asuntos propios, imprevistos...)

Supongamos un café cada uno de esos días. Si eres Diputado, te costará 80 céntimos de euro. Si te lo tomas en el bar de al lado, difícilmente te costará menos de 1 euro; lo normal es que el precio oscile entre 1,10 - 1,40 según los lugares. Si te lo tomas en la máquina del trabajo, te puede salir algo más barato: quizá 0,5 euros.

Pero no es el precio lo que nos ocupa. Sino el azúcar que consumimos asociado al café. Los que toman edulcorantes no cuentan en este caso.

Con cada café nos ponen un sobrecito de azúcar. Antes, ese sobrecito solía ser de 10 gramos. Aún hay sitios donde contiene esa cantidad.
Pero últimamente suelen ser de 8 gramos. A veces incluso de 6.
Los azucarillos cuadrados de 5 gramos prácticamente han desaparecido.

En mi caso, que me gusta el café poco dulce, solo le pongo la mitad del sobrecito de 8 gramos. Es decir: 4 gramos de azúcar se quedan en el sobrecito abierto que, cuando me haya marchado, irán inevitablemente a la basura.
(Entiendo que hay personas que se echan el sobrecito completo).

Volvamos a los más de 200 días laborables al año. 200 días multiplicados por 4 gramos dan como resultado que de mis cafés van a la basura no menos de 800 gramos de azúcar. ¡Casi 1 kilo al año!

No están incluidos los cafés caseros porque tengo azucarero y calculo exactamente la dosis adecuada, aunque no es raro que se quede algo en el fondo de la taza.

¿Cuántas personas en España, (por no extender más el ámbito geográfico) están en una situación similar? ¿Miles? ¿Cientos de miles? ¿Millones, acaso?

El cálculo total de la cantidad de azúcar que desperdiciamos al cabo del año solo en estos cafés sociales produce espanto.

¿Soluciones?

- volver a los azucarillos envueltos de toda la vida. En mi caso, únicamente uso uno, y el segundo se lo devuelvo a camarero o me lo llevo para usarlo en casa o en el trabajo.
- Hacer sobrecitos más pequeños. Al que le guste el café muy dulce, que pida otro.
- Azucareros de los de siempre para escoger la dosis correcta a gusto del consumidor (Hay hoteles donde los ponen o inluso cafeterías de postín donde no son inhabituales)
- llevarnos el sobrecito abierto a casa y usar el azúcar sobrante para nuestro uso doméstico.
- ¿…?

Todas estas propuestas son complicadas de aplicar, por comodidad, hábito o inercia. E implican a industria, restauradores y consumidores.

Pero son solo un pequeño paso más para cada uno de nosotros en el uso racional de los recursos y en el consumo responsable.

En mi caso, he optado por guardarme en el bolsillo el medio sobrecito que me sobra y aprovecharlo para el próximo café; y el sobrecito nuevo que dan al dái siguiente me lo llevo a casa y lo uso para cocinar o para los cafés caseros.

5 comentarios:

  1. Los sobres de cuatro gramos son una solución, que ya existe. Se puede lograr con una campaña dirigida a las compañías que empacan el azúcar. Esta entrada es un buen comienzo.

    Por otro lado, durante mucho tiempo puse la mitad del azucar (de la bolsa de 4 g) en mi café cortado. Con ello se seguían perdiendo dos gramos. Un día di el paso final, que recomiendo a todos los bebedores de café: Tomarlo sin azúcar.

    El descubrimiento es increible, pero las cosas tienen sabor. Y no es malo ;)

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  2. La verdad, dudo que esta entrada sea el comienzo de nada. Ojalá, en todo caso.
    Cada vez le echo menos azúcar al café. Estoy de acuerdo en que las cosas tienen sabor.
    El que toma el café con mucho azucar es que no le gusta el café. Debería probar otra cosa.

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  3. Yo tomo el café sin azucar, por lo que llevo toooda la vida llevándome el sobrecito/terrón a casa. Y la verdad es que apenas tengo que rellenar a Cuquín (que es como siempre se ha llamado el azucarero de mi casa).

    Un dulce beso... :)

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  4. Habría que acostumbrarse a tomar el café sin azúcar, yo lo intenté una temporada y no me disgustaba, pero volví al azúcar porque estamos acostumbrados a lo dulce. Gracias a esta entrada lo intentaré otra vez, no solo por ahorrar azúcar sino por saborear el café.

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  5. Desequilibrios: Permítame, amablemente, disentir con usted. Como bien ha dicho las cosas tienen sabor y el que toma el café con mucho azúcar lo hace porque le gusta dulcísimo. Seguro que también come caramelos de café.

    Respecto a su nota, no sé si se habrá dado cuenta de que el consumo responsable es malo para los negocios, cuando más azúcar se desperdicia más azúcar se vende, cuando más grande el envase, más se gasta de manera irresponsable, de allí los envases tamaño ahorro, las gasesosas de dos litros y los sobres de azúcar innecesariamente grandes.

    Un abrazo.

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