miércoles, 3 de noviembre de 2010

Educating the future. No money no power

Educating the future. Fotografía: Karen Retieff

















¿Cuántas palabras hacen falta para explicar la imagen?




Cerca de Lusitu, Zambia. 
Las áreas de reasentamiento todavía carecen de infraestructuras sociales y económicas básicas. Las posibilidades de escolarización son muy bajas, lo que lleva a que en la zona se registren elevadas tasas de analfabetismo. 

Pese a que es un área con alto riesgo de infección por malaria, apenas se cuenta con medicinas y servicios de salud.

Fotografía: Karen Retieff
Pies de foto: International Rivers 





La fotografía y los textos están sacados de la web Agua, ríos y pueblos, cuya exposición se celebra estos días en Zaragoza, en el edificio del Paraninfo de la Universidad.

Ésta en concreto pertenece a la sección de Grandes presas y deplazamientos forzosos y refleja en caso de La presa de Kariba, entre  Zambia y Zimbabue.

En este pdf, alojado en Hispagua, además de en la web, podéis ver más fotos y sus textos correspondientes y entenderéis el párrafo que sigue, sacado de otro pdf alojado en web de la Universidad de Zaragoza, relativo a la exposición antes mencionada:


No money no power. Fotografía: Karen Retieff


“NO MONEY NO POWER”

Texto: Patrick McCully

En la década de 1950, las autoridades coloniales británicas desalojaron de sus hogares y tierras a más de 57.000 miembros de la tribu gwembe-tonga para despejar la zona en la que se pretendía construir el embalse de Kariba, uno de los más grandes del mundo. Al pueblo tonga no se le informó de nada. Sólo se les dijo que serían trasladados a las colinas baldías del escarpe del Zambeze. Hubo mucha resistencia a los traslados; algunos grupos se alzaron en armas y muchos se negaron a marchar hasta que las aguas inundaron sus casas. Pero sus lanzas y porras no podían competir con los rifles de la policía colonial.

La represión fue dura. Las ropas de las personas asesinadas por la policía se expusieron por los poblados, como advertencia para quien pretendiera oponerse a la construcción de la presa. En 1958, la policía asesinó a tiros a ocho personas y al menos 32 resultaron heridas en la operación de desalojo, tan mal planeada como brutal. Las autoridades cargaron en camiones las escasas pertenencias de la gente y quemaron sus chozas para impedir que volvieran. Muchas de sus posesiones, incluidos los animales y las cosechas que maduraban en los campos, fueron abandonadas o robadas por los trabajadores del gobierno.

Los tonga fueron cargados en camiones abiertos y los enviaron a unos poblados de reasentamiento situados a cientos de kilómetros, bajo el sol abrasador de la estación más cálida y seca del año. Las mujeres vomitaban y los niños iban colgados de los costados de los camiones. El agua para beber y lavarse se acabó mucho antes de que llegaran a su desconocido destino. Aquellos miles de personas fueron reasentados en pésimas condiciones: en una zona árida, con escasos recursos hídricos y duras sequías, tierras de escasa fertilidad y frecuentes plagas de mosca tsetsé. En la práctica, se negó al pueblo tonga el acceso al agua.

En los dos primeros meses de reasentamiento murieron 121 personas debido a brotes de la enfermedad del sueño, disentería, sarampión y varicela. La mayoría de las víctimas fueron niños. En 1959, una enfermedad desconocida acabó con la vida de 56 mujeres y niños. El objetivo principal de la construcción de la presa de Kariba fue proporcionar electricidad a las minas de cobre de la actual Zambia y al creciente cinturón industrial que rodea la capital de Zimbabwe, Harare.

La presa, financiada por el Banco Mundial, enriqueció a los propietarios de minas británicos, estadounidenses y sudafricanos y a los industriales de Rhodesia, además de a la empresa constructora italiana Impregilo y a la compañía de ingeniería francesa Coyne et Bellier. Por el contrario, los gwembe tonga, cuyos antepasados habían vivido a orillas del río Zambeze durante miles de años, no recibieron ni siquiera electricidad de las grandes centrales hidroeléctricas de la presa ni agua del enorme embalse para regar sus campos.

Los gobiernos posteriores a la independencia continuaron desatendiendo a los tonga, que siguieron sumidos en condiciones de extrema pobreza, hambre e insalubridad. Finalmente, en la década de 1990, el Banco Mundial reconoció que era necesario indemnizar a los tonga de Zambia y se diseñaron varios proyectos para mejorar su nivel de vida. Sin embargo, esos proyectos de desarrollo fracasaron por falta de fondos, mal diseño, burocratismo y falta de voluntad política e institucional.

Ante la injusticia y el abandono sufridos, los tonga de Zimbabwe decidieron crear su propia organización, la Fundación Basilwizi. Esta Fundación diseña estrategias legales y de negociación en demanda de adecuadas indemnizaciones y planes de desarrollo para el futuro. Medio siglo después de que se construyera la presa, los tonga siguen reivindicando ante los gobiernos de Zimbabwe y Zambia, y ante el Banco Mundial, una justa compensación por medio siglo de sufrimiento.


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Agua, ríos y pueblos.
Agua, ríos y pueblos en Zaragoza, hasta el 30 de noviembre

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